Estudio del RACC y Zurich Seguros

El 19% de las mujeres que corren por Barcelona han sido víctimas de acoso

Una mujer corre de noche por la Diagonal, en 2021

Una mujer corre de noche por la Diagonal, en 2021 / Manu Mitru

  • El 94% de las corredoras aseguran que antes de salir a correr planifican su ruta o la franja horaria por motivos de seguridad

  • La falta de iluminación y las calles sin gente, principales elementos que las mujeres evitan cuando salen a trotar

  • Montjuïc es el lugar que genera más vulnerabilidad, mientras que la Diagonal o Gran Via, por la concurrencia de gente, crean más confort

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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En los primeros años 80, los pocos que salían a correr eran objeto de todo tipo de burlas. El expresidente de una federación deportiva catalana recuerda que le llamaban "maricón" por calzarse unas mallas. Y a Felicitat Caldentey, que solía correr junto a su esposo Miquel Pucurull, en más de una ocasión le gritaron que volviera a la cocina. Cuatro décadas después, salir a trotar es una práctica habitual. Podría decirse que incluso está de moda desde que la gente se dio cuenta de que no hay mejor gimnasio que la ciudad en sí. Pero del insulto barato y soez que solo buscaba la risotada se ha pasado al acoso, y del acoso se ha pasado a la inseguridad. Según un estudio del RACC y de la compañía de seguros Zurich, basado en 1.000 entrevistas y más de 10.000 observaciones, el 19% de las mujeres corredoras de Barcelona aseguran haber sido objeto de intimidación mientras practicaban deporte al aire libre. En Madrid la cosa está peor: son el 25%.

La noche y la escasa iluminación sacan a la calle lo peor de cada casa. Y también lo mejor, porque es el momento, puesto que la vida no da más de sí, en el que muchas personas salen para practicar deporte. El 70% de las mujeres consultadas, de hecho, afirman dificultades para compatibilizar el deporte con el trabajo y el cuidado de la familia. El 56% de las situaciones de acoso se producen en el ocaso de la jornada. Si algo tiene el corredor es que es animal de costumbres. Suele repetir rutas, porque conoce el desnivel, los semáforos, la longitud y el tiempo que le llevará la ida y la vuelta.

Un grupo de corredores trota por la Barceloneta, en 2019

/ Ricard Cugat

La planificación y el miedo maridan sin remedio cuando se trata de correr: el 94% de las mujeres, siempre según la encuesta presentada este jueves, toman medidas de seguridad personal, como evitar las vías mal iluminadas y solitarias, intentar correr en grupo o elegir franjas en las que haya más gente por la calle. Cosas que pueden parecer de sentido común pero que en el fondo exhiben la triste realidad urbana de ser mujer: cruzar el portal de casa ya supone exponerse a lo desconocido, salgas para trabajar, ir a la universidad o practicar deporte.

Soledad incómoda

Algo que los hombres, por mucho que el 9% de los corredores digan que también han sufrido acoso, no pueden ni imaginar. Quizás la cifra que mejor refleja la diferencia de género sea el porcentaje de mujeres y hombres que salen a correr en compañía: 19% ellos y 41% ellas. Puede que sea porque les gusta más aprovechar estos momentos para ponerse al día con una amiga o con un amigo, pero mucho tendrá que ver la incomodidad de salir a trotar en solitario.

El estudio del RACC y Zurich ha analizado siete lugares de la capital catalana en los que es habitual encontrarse gente corriendo. El sitio más seguro, por su concurrencia, por los coches a lado y lado, es la Diagonal. Y luego, por idénticas razones, la Gran Via. Otro cantar es el efecto de la contaminación que entra en esos pulmones a pleno rendimiento. En el otro extremo, por solitario, por falto de luz, es la montaña de Montjuïc, uno de esos enclaves todavía por explotar en la ciudad. Pero también hay vulnerabilidad en el Paral·lel, la Ciutadella o en el frente marítimo. O en Collserola, donde el 75% de las mujeres no se sienten seguras.

Un par de corredores trotan por la Diagonal

/ Manu Mitru

Todas estas situaciones pueden derivar en un abandono del deporte al aire libre, puesto que el 19% de las mujeres (y el 10% de los hombres) se han planteado dejar de correr en la calle para no tener que ir siempre con esa sensación de que algo malo va a pasar. Un remedio, señala el RACC, podrían ser las aplicaciones con las que buscar otras personas que comparten la pasión por el 'running'. Solo tres de cada diez deportistas saben de la existencia de estas 'apps'.

Tampoco el 30% de los entrevistados sabe qué normativa de circulación se les aplica. Es la de peatones, así que nada de trotar sobre el carril bici o sobre la calzada. En cuanto a la convivencia con medios de transporte, los vehículos de movilidad personal son los más señalados en lo negativo. Pero puede tener una explicación lógica, puesto que en lugares como la Diagonal, el carril sigue encima de la acera por encima de la plaza de Francesc Macià.

La opinión de ellas

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El estudio recomienda al ayuntamiento diversificar más y mejor las actividades para que la ciudad no tenga zonas sin vida a determinadas horas del día, e insta a identificar e intervenir en zonas degradadas o abandonadas que puedan incrementar esta sensación de inseguridad. Una posible solución a todo ello, según señala el informe, sería "fomentar la incorporación de mujeres en la toma de decisiones y en la redacción de documentos de planificación urbana".

En resumidas cuentas, resulta que las mujeres no pueden salir a correr cuando les da la gana y por donde les da la gana. Así que a la pereza por calzarse las bambas en invierno ellas le añaden miedo y sensación de inseguridad. El 26% de los encuestados no corrían antes de la pandemia. Ganas no faltan, pero lo datos demuestran que ni haciendo deporte somos iguales.