Reforma a la vista

La calle de Pi i Margall o el adiós al urbanismo en blanco y negro

La incómoda arteria que une Gràcia y Horta-Guinardó dejará un solo carril por sentido para coches de vecinos y bus y creará cuatro plazas nuevas en las intersecciones, desde Joanic hasta Alfons X

Pi i Margall, este jueves. Un calle con coches aparcados en batería y con un montón de asfalto desaprovechado

Pi i Margall, este jueves. Un calle con coches aparcados en batería y con un montón de asfalto desaprovechado / Zowy Voeten

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Pi i Margall es una de las calles que mejor resume el urbanismo que Barcelona busca dejar atrás. El 60% de la anchura de la vía destinada al asfalto, escasa o nula presencia de espacios verdes, aceras incómodas, sin carril bici y, la joya de la corona, coches estacionados en batería, un rasgo muy ochentero, una rareza distinguible en ya escasos rincones de la capital catalana. El ayuntamiento ha detallado este jueves los pormenores de la reforma de esta arteria que une los distritos de Gràcia y Horta-Guinardó, y que forma parte del (pretendido) eje verde que debe unir la Ciutadella con Collserola. La idea es revertir el paisaje, quitando protagonismo al automóvil para entregárselo al peatón y a la movilidad más sostenible. La intención municipal es iniciar las obras en junio de 2022 y terminarlas no antes de 17 meses. El coste, 13,6 millones de euros, una cifra, por cierto, muy superior a la avanzada en marzo de 2018, cuando se presentó el plan y se habló de 7,2 millones.

El principal símbolo de la transformación estará por los suelos. De la dura calzada se pasará al granito, a una suerte de adoquinado muy parecido al que se quiere instalar en Consell de Cent, la primera calle de la retahíla de 21 ejes verdes que el gobierno de Ada Colau empezará a acometer el año que viene hasta 2030. Y con cierto aroma, aunque con otra dimensión, a las mejoras emprendidas en la Meridiana, la Diagonal o la futura Via Laietana. La arteria pasará de seis viales (cuatro de circulación y dos para aparcamiento y servicios) a tan solo dos: uno de subida (al que se le sumará un carril bici que se verá invadido por el bus en las paradas, como sucederá también en Via Laietana) y uno de bajada.

Por ahí circulará el transporte público y lo que el consistorio define sutilmente como "tráfico local", esto es, paso abierto a vecinos y servicios. Así quedará señalizado, pero a diferencia de lo que está proyectado en Via Laietana y ya funciona en la Rambla de subida, aquí no habrá, por ahora, cámaras de control. Los ciclistas que bajen desde la plaza de Alfons X deberán compartir espacio con coches, buses, motos y taxis, pero la pendiente, y la velocidad limitada a 30 kilómetros por hora, deberían apaciguar el temor a elegir este sendero para adentrarse en Gràcia.

Zonas de descanso ganadas al asfalto, en una imagen virtual de la futura reforma de Pi i Margall

/ El Periódico

Podría decirse, eso es lo que vende el ayuntamiento, que aquí se está pasando de una autopista urbana a un lugar que invita al asueto. A la estadía. Lo segundo se verá cuando todo esté terminado, presumiblemente a principios de 2024. Lo primero es más discutible, puesto que Pi i Margall, como mínimo en su historia moderna, no fue jamás una arteria demasiado transitada a pesar del volquete de carriles dispuestos. Los coches que suben a la ronda del Guinardó suelen optar por Escorial, mientras que los que buscan el túnel de la Rovira suelen subir por Padilla. En la calle sí se mantendrán zona de estacionamiento de carga y descarga, aparcamientos de bicicleta y contenedores. Las paradas de bus se reubicarán, pero la idea es mantenerlas todas.

Más verde

En los cerca de 700 metros de longitud, y una superficie de 25.000 metros cuadrados, está previsto plantar 142 árboles (serán 201 en total) de 20 especies distintas, Las áreas de parterre y zonas arbustivas crecerán de los 370 metros cuadrados actuales a cerca de 3.300. También están previstas 121 sillas y 42 bancos y pasar de 8 a 14 pasos de peatones. De este modo, según cálculos municipales, Pi i Margall tendrá un 80% de sombra, mano de santo en la década del cambio climático y las olas de calor. La sensación de bienestar también se buscará a través del nacimiento de cuatro nuevas plazas que pretenden convertirse en nuevos puntos de encuentro del vecindario, que ahora solo usa esta calle como pasadizo para ir de un lugar a otro. Se crearán plazas en los cruces con Joanic, Sant Lluís y Ca l'Alegre de Dalt, Encarnació y Pau Alsina y Sardenya y Providència. De nuevo ese aroma a ejes verdes en en Eixample, pues esos 21 ejes también crearán sendas plazas en las intersecciones.

Otra perspectiva de la zona cercana a las fachadas, en la futura calle de Pi i Margall

/ El Periódico

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La transformación de Pi i Margall ya aparecía en el plan de actuación municipal de 2007, según recogió 'L'independent de Gràcia'. En el siguiente mandato (2011-2015, con Xavier Trias en la alcaldía) se aplazó por culpa de la crisis económica. Con la llegada de los 'comuns' se retomó el tema. Fue a partir de 2017 cuando la cosa empezó a cobrar forma de la mano del diálogo con vecinos y comerciantes. En marzo de 2018 se anunció que las obras empezarían en 2019 para cortar la cinta a mediados de 2020, cosa que, obviamente, no sucedió. El presupuesto era entonces de 7,2 millones de euros. Ahora es casi el doble, 13,6 millones, y si todo va según lo previsto, en febrero de 2024 sí habrá tijeras y paseíllo de autoridades.

A pesar de ser una calle de escaso tráfico, la vida comercial de Pi i Margall goza de buena salud, con tiendas de barrio y de proximidad, sin apenas presencia de franquicias o de locales en los que uno no sabe si tiene que cortarse el pelo o pedir un zumo de naranja. Es uno de los temores de los nativos: que la reforma de la vía conlleve la llegada de nuevo público y la desaparición paulatina del 'botiguer' de toda la vida, como ya sucedió hace unos años en el restaurado paseo de Sant Joan. Otro medio es el precio de los pisos. ¿Serán más caros los pisos en venta o alquiler en la nueva Pi i Margall?

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