Nuevo urbanismo

El Eixample del siglo XXI convierte el coche en un "invitado"

Las calles del plan de ejes verdes de Barcelona cambian el asfalto por el 'panot', tendrán 4.000 árboles más y pierden la simetría del plan Cerdà

Imagen virtual de Consell de Cent, con más vegetación, más árboles, sin asfalto y con el ’panot’ de siempre

Imagen virtual de Consell de Cent, con más vegetación, más árboles, sin asfalto y con el ’panot’ de siempre / El Periódico

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

Escribe desde Barcelona

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No parecía que la comparecencia fuera a brindar muchas novedades respecto a lo contado ya en marzo, pero al final han ido apareciendo detalles que ayudan a hacerse una idea algo más afinada de cómo serán las calles del Eixample dentro de unos años. O al menos, cómo quiere que sean el actual gobierno de la ciudad. La teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, ha mostrado la foto de un pedazo de Consell de Cent, la primera que se abordará de los 21 nuevos ejes verdes que generan sendas plazas en lo que hoy son simples cruces viarios. Se trabajará también en este mandato (la idea es inaugurar justo antes de las elecciones de 2023) en sus perpendiculares Girona, Rocafort y Borrell y en cuatro plazas, las que generen esos cruces más el de Enric Granados. Un primera fase de 37,8 millones de euros. La imagen es algo distinta de la de hace cuatro meses, porque desaparecen los adoquines y se desvanece el asfalto, la vegetación es más frondosa, se impone la plataforma única, aparecen nuevas hileras de árboles y el suelo exhibe el 'panot' barcelonés de toda la vida, que será como el Volkswagen Escarabajo: con la imagen más o menos de siempre pero con nueva tecnología que lo haga más eficiente y sostenible.

Si hablamos de coches, es inevitable agarrarse a uno de los titulares de la mañana. Tratándose de una política hábil con las palabras como Sanz, esta no ha sido una afirmación improvisada: "El coche deja de ser el protagonista y pasa a ser un invitado". Como tal, como persona ajena, dejará de tener un papel principal en la calle, donde tiene reservado cerca del 60% de la superficie, para convertirse en un elemento ocasional que será como John Travolta en la casa de Mia Wallace en 'Pulp Fiction': un personaje perdido y desorientado. Está por ver, sin embargo, qué pasará con los 300.000 vehículos que cruzan la ciudad a diario por el Eixample. Cierto es que el plan se elabora a 10 años vista, pero por ahora no se vislumbran planes definitivos que, por ejemplo, reduzcan la entrada de vehículos desde el todos los puntos del área metropolitana; ni tampoco parece que el bus consiga avanzar en velocidad comercial (se mueve a menos de 12 km/h). Lo único a la vista es la conexión del tranvía por la Diagonal. Bueno, un trocito, de Glòries a Girona. Lo que es seguro es que los automóviles no podrán usar estas calles para cruzar Barcelona. Se les expulsará al llegar a la perpendicular, como sucede en la supermanzana de Sant Antoni o en la del Poblenou.

Ambiente en la supermanzana de Sant Antoni, junto al mercado, a principios del mes de marzo

/ Álvaro Monge

Pero eso ya se irá viendo, porque también está en tareas pendientes el reparto de mercancías, que suponen el 20% del tráfico y el 40% de las emisiones contaminantes achacables al coche. La mitad de los transportistas transitan con la furgo medio vacía y en los últimos años han perdido el 30% de plazas de estacionamiento. ¿Por qué hablamos de este gremio? Una de las características del plan de ejes verdes es la promoción del comercio de proximidad, que, obviamente, requerirá su producto. Mucho se ha hablado de instalar microplataformas en puntos estratégicos de la ciudad para realizar la última milla hasta el destino en transportes sostenibles. De momento, poco avance. En 2030, cuando se prevé que los 21 ejes estén terminados, ya se verá cómo anda la cosa, pero en cualquier caso, parece que muchas de las bondades del proyecto dependen de la evolución de elementos que no dependen solo del consistorio.

Cerdà, reinterpretado

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Sucede un poco lo mismo con los árboles y las zonas verdes. La escasez de agua es una realidad, y aunque se prevé que el nuevo suelo recoja hasta un 30% del agua, está por ver si puede garantizarse el buen mantenimiento de los 4.000 nuevos árboles que se plantarán en las calles pacificadas, donde el verde pasará del 1% al 10% de la superficie. Amén de todos los parterres con plantas y otros elementos naturales que requieran de un riego más o menos estable. Respecto a los árboles hay una novedad importante, puesto que se romperá con la simetría del plan Cerdà de 1859, esto es, la doble hilera de árboles a cuatro metros de la fachada con una calzada central que con el paso de los décadas se fue convirtiendo en una autopista urbana. Los que se añadan a partir de ahora se instalarán en las zonas en las que más pique el sol para garantizar sombra en las nueva áreas de descanso y estancia (mesas y bancos), en esa filosofía de que el Eixample deje de ser un ascensor horizontal de personas para convertirse en un lugar para estar.

Por parte del equipo ganador del concurso público para diseñar los ejes verdes ha comparecido la arquitecta Carlota de Gispert. Preguntada por las duras críticas al urbanismo que impulsa el gobierno de Ada Colau vertidas por José Acebillo, el que fuera responsable de la transformación de la Barcelon olímpica, ha respondido que se están limitando a dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía. "Somos conscientes de que los cambios cuestan, pero tenemos claro que debemos ir en esta línea". Sanz ha aprovechado para quedarse a gusto: "Agradecemos al señor Acebillo el trabajo que hizo en su momento, pero estamos ante nuevos tiempos y necesitamos un nuevos sentido común que no pasa por recetas antiguas".