Debate sobre la limpieza en la ciudad

Santa Madrona o la disputa por el escaso espacio público

Esta plaza del Poble Sec es un punto negro de suciedad, pero también concentra buen parte de las carencias urbanas y de convivencia ciudadana

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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No tienen un lugar asignado en el banco. Conforme van llegando, a partir de las 11 de la mañana, toman asiento y apoyan donde pueden la dichosa muleta y la bolsa con las cuatro cosas; el pan, lo de la farmacia y algo del súper. Hoy Elvira y Carmen son las que están en medio y mañana puede que les toque a Àngels y Tina. Entre las cuatro suman 357 años y son patrimonio del Poble Sec; patrimonio de la plaza de Sant Madrona. Se acuerdan de la fundición “del señor Isidro”, en aquella esquina; de la lavandería al lado del bar; de los fríos bancos de piedra; de la plaza sin asfalto "y todo lleno de tierra"; del sol que entraba por la mañana porque ahí no había edificios. Y no, no creen que esto esté ahora especialmente sucio. “Ni especialmente limpio”, apostilla Elvira, con diferencia la más jacarandosa, a sus 95 años. Santa Madrona es uno de los 10 puntos de intervención prioritaria según el plan de limpieza presentado hace dos semanas por el gobierno municipal y que ya ha empezado a desplegarse. Y sucede un poco como en el resto de epicentros de la suciedad barcelonesa: concentración de gente, zona de paso, parterres e incivismo. Y un poco de carencia urbanística.

Personal de limpieza pasa agua a presión sobre el suelo de la plaza de Santa Madrona, el lunes

/ Carlos Márquez Daniel

La metáfora se hace sola si recordamos que Barcelona llegó a tener tres patronas, la Virgen de la Mercè, Santa Eulàlia y Santa Madrona. Las dos primeras están ahí en liza aunque la Mercè mantiene una cierta ventaja, mientras que la tercera tuvo que apearse de la competición y quedó en el más absoluto ostracismo. Menos en el Poble Sec, donde la recuerdan cada 15 de marzo y todavía hay dos iglesias (además de la plaza) que la recuerdan. La metáfora viene por el olvido, y la sensación de suciedad es un poco eso, descuido.

"Esto está peor que nunca. Lo último de estos meses ha sido la aparición de ratas"

Josep, propietario del Bar Palmer, abierto por su abuelo en 1944, es de los que cree que esta plaza está "peor que nunca". "Nos hemos quejado repetidamente al ayuntamiento por las cagadas de paloma, las botellas, las latas, los restos de comida. Y últimamente, también por la aparición de ratas, que es la novedad de los últimos meses". Lleva 34 años trabajando en Santa Madrona y levanta la persiana a las seis y cuarto de la mañana. La percepción de decadencia, sin embargo, no la limita solo a esta plaza. Sostiene que el abandono es habitual en todo el Poble Sec. "Está hecho una mierda", resume.

Mucha gente

Desde el ayuntamiento recuerdan que esta es una "zona de alta concentración de vecinos", tanto por los que están de paso como por los que se quedan aquí a pasar un rato. Un portavoz municipal recuerda, además, que aquí al lado hay un centro de día para personas sin hogar "y eso añade más movimiento". En 2019, residentes y comerciantes ya se quejaron por los problemas de convivencia y solicitaron el cambio de ubicación de este equipamiento social.

Entonces, el distrito dijo a Betevé que estaban trabajando para encontrar una solución y que había en marcha un operativo conjunto de servicios sociales, Guardia Urbana y personal municipal de limpieza. Pero Màxim Montori, apoderado de Amics de la Plaça de Santa Madrona, dice que la situación sigue prácticamente igual, porque toda la ladera de Montjuïc "esta llena de gente durmiendo que durante el día hacen vida en el barrio". Esta asociación, por cierto, nació en 1992 para reivindicar el uso vecinal del lugar ante la irrupción de un fenómeno que hoy es el chupito de cada día: los botellones.

Tina, Elvira, Carmen y Àngels, sentadas en su banco de Santa Madrona, el pasado lunes a mediodía, poco antes de que empezara a llover

/ Carlos Márquez Daniel

Cuenta Màxim que Poble Sec es un lugar de calles estrechas, y que el poco espacio abierto que hay se usa de manera intensa, lo cual es comprensible en una ciudad además tan densa como Barcelona; con un urbanismo tan limitado. Se queja de un local que ningunea el horario permitido y que genera actividad indeseada. "Donde hay gente, suele haber lateros", detalla. Y en lo que se refiere a la suciedad, sostiene que es un problema de todo el barrio, no solo de la plaza. "Hay una tendencia a pasar bastante de todo, a dejar la basura fuera de los contenedores o en papeleras. Tampoco ayuda que los contenedores estén tan viejos y abandonados. Hemos llamado muchas veces al ayuntamiento, pero tienen otras urgencias que atender".

Rodilla fastidiada

Un trabajador de la limpieza con el chorro a presión defiende que hacen lo que pueden, pero que no dan abasto. "Para dejar la ciudad bien haría falta mucho más personal", indica. En Santa Madrona, argumenta, son un infierno las cacas de pájaro (caen dos conforme pasa él con la manguera), las bolsas de basura en las papeleras y "los excrementos de perros y lo que no son perros". Elvira, que tiene la rodilla un poco fastidiada, se queja de tener que levantar las piernas para que puedan regar. "¿No pueden pasar a las seis de la mañana?". Coincide con Tina, Àngels y Carmen en que hay suciedad, "pero tampoco nada del otro mundo".

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Aunque suelen quedarse hasta la una, a las doce y media del lunes se pone a llover y las cuatro amigas se marchan a casa. Si hace bueno, se volverán a ver por la tarde. "Y si dios quiere, mañana por la mañana a la misma hora", se despide Elvira.