Debate sobre la limpieza en la ciudad

Les Corts o la luz al final de las cacas de paloma

El entorno del mercado del barrio languidece comercialmente mientras el consistorio se esmera en baldear los excrementos de pájaro

Plan de choque para limpiar Barcelona: Les Corts

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Hay que fijarse mucho para encontrar algo fuera de lugar. Llama más la atención el ensordecedor tráfico de Travessera de les Corts, con sus seis carriles para coches y sus 31 pasos para cruzar el paso de peatones de lado a lado, que la suciedad sobre la que se pretende actuar en el entorno del mercado del barrio. Un papel de magdalena encorsetado entre los tablones de un banco, orina de perro en las esquinas, grafitis, colillas. Nada que no sea una constante en toda la ciudad. Pero aquí el problema es otro, y tampoco es ninguna peculiaridad: las boñigas de paloma. En la entrada de la lonja, sobre todo, pero también en alguna de las laderas; charquitos de caca blanca y verde por todas partes. Y justo encima, los árboles sobre los que se posan para descomer. Por eso este enclave es uno de los 10 puntos de la ciudad sobre los que el ayuntamiento tiene previsto actuar de manera prioritaria dentro de su plan de choque contra la suciedad y las plagas.

Josep Maria Banach es el presidente de los comerciantes del mercado y dice que lleva más de un año quejándose al distrito sobre la falta de limpieza en el perímetro. "Nos dicen siempre que sí, pero nada de nada". Asegura que la lonja no tiene ninguna culpa porque ellos tienen su "propio sistema de gestión de residuos que funciona perfectamente". Es menos benevolente con "los jóvenes que beben y mean en la entrada del metro, sobre todo los fines de semana". Los pasillos del bazar se ven lozanos, impecables, y a eso de las 11 de la mañana registran una entrada muy digna, con señoras mayores con el carrito y el marido a cuestas. "Sobrevivimos gracias a la clientela fija de más de 40 años, con los jóvenes es más complicado", reza una 'botiguera', señalando una de las tareas pendientes, la de seducir a las nuevas generaciones, de los 39 mercados alimenticios repartidos por la capital catalana.

Cacas de paloma, en la entrada del mercado de Les Corts

/ Carlos Márquez Daniel

Un portavoz municipal señala que los entornos de los mercados suelen ser "zonas de elevada concurrencia y usos diversos". "En el caso del de Les Corts -prosigue la misma voz-, también es un lugar emblemático del barrio, con muchos comercios (luego veremos que no tantos), y por tanto, con mucha gente pasando por ahí". Está previsto, con todo, una "intervención de limpieza de excrementos de paloma", así que parece que los deseos del carnicero Banach finalmente serán correspondidos. No está claro si eso implica que se pasará más a menudo con el agua a presión para despegar la caca o si se actuará directamente sobre la población de aves.

Un "valor añadido"

En la ciudad, según cifras del consistorio, hay alrededor de 85.000 palomas que, según indica la propia área municipal de Ecología, "pueden llegar a suponer un problema de salud pública", puesto que al margen de "degradar el patrimonio arquitectónico" también "pueden padecer enfermedades o ser portadoras de agentes patógenos que se transmiten al hombre". Señala el ayuntamiento que estos animales, con un control correcto sobre su "población, ubicación y estado de salud", constituyen un "valor añadido a la belleza de cualquier cuidad". "Sus vuelos y arrullos adornan las plazas y jardines y son motivo de distracción para los niños y de sosiego para los mayores", concreta la web municipal que aborda el tema de los pájaros de ciudad. Poética manera de referirse a unas criaturas que muchos consideran ratas con alas.

Cartones junto al contenedor azul, junto al mercado de Les Corts, como si el camión de recogida automática tuviera dedos además de brazos

/ Elisenda Pons

De un aparcamiento privado de la calle del Doctor Nubiola i Espinós (eminente ginecólogo y pediatra del siglo pasado) sale un hombre de unos 70 años con su coche. Explica que se han convertido en un "cul de sac", y eso, como sucede con los rincones de una casa, es sinónimo de limpieza peliaguda. Porque si a esa esquina de detrás del sofá no llega la escoba, aquí, sostiene, "apenas vemos barrenderos". Se queja, además, de la suciedad y los olores que genera la lonja. "Cuando hablo con los trabajadores de limpieza me dicen que es cosa del mercado y cuando hablo con el mercado me dice que es cosa del ayuntamiento. Y entre unos y otros, ahí se queda la mierda".

"Lo que es tremendo es lo de las cacas de paloma y los pipís de perro por todas partes. Y además, cuando hace calor huele fatal"

En la esquina con la calle de Les Corts cumple 50 años la cafetería Caracas. "Hay una al lado de cada mercado", apunta Quim, que ahora regente el negocio que abrió su suegro. Lleva 21 años detrás de la barra y rompe una lanza a favor del barrio al asegurar que este no es un lugar sucio. Sin citarle el asunto, saca a colación el tema de los animales. "Lo que sí es tremendo es lo de las cacas de paloma y los pipís de perro por todas partes. Y además, cuando hace calor huele fatal".

Antes había más escobas

Se lleva una cerveza con aceitunas para una mesa de la terraza, y al regresar, mientras prepara un café, opina que antes de que se cerrara la calle Nubiola i Espinós "quizás pasaban más camiones para limpiar". Ahora hay unas pilonas y una señal que solo permite la entrada a vecinos. También está cortada la continuación del otro lado, la calle de Eugeni d'Ors, aunque en este caso la decisión tuvo que ver con la presencia del instituto-escuela Tres Fonts de Les Corts y la voluntad de pacificar los entornos de centros educativos.

Locales comerciales vacíos, en uno de los laterales del mercado de Les Corts

/ Elisenda Pons

Más que la suciedad, lo que llama la atención de esta zona que queda debajo de los cuatro edificios Trade, diseñados en los 60 por José Antonio Coderch y Manuel Valls, es la cantidad de locales sin ocupar. En la manzana que forman las calles de Les Corts, Travessera y Nubiola i Espinós hay una decena de bajos sin ocupar. La cosa es todavía más sangrienta si se añade Eugeni d'Ors. Assumpció, de la Farmàcia Augé, dice que es una pena, que el covid hizo daño pero que muchas persianas ya estaban cerradas antes. Quim, de la cafetería Caracas, asegura que muchos comercios inactivos se usan ahora como almacén, y lamenta que no se sepa aprovechar el mercado como imán de actividad económica.

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Bajos sin vida

Ester Estany, portavoz del Eix Sants-Les Corts confirma que toda esta zona, "por reformas urbanísticas o por el tipo de vecinos", se ha ido vaciando de comercios. A diferencia de Sants, aquí el mercado "no ha sabido crear sinergias con el entorno para dinamizarlo" y generar un pequeño eje de tiendas que complementen la oferta de la lonja. Puede que tenga que ver el elevado precio del alquiler, o la cercanía con El Corte Inglés. Peor es la situación en el interior de los enormes edificios que lindan con Gran Via de Carles III. Construidos en los años 70, tienen una zona verde privada y pequeñas galerías, y los bajos están adoquinados con locales comerciales, la mayoría de los cuales están cerrados. Apena hay vida, y dicen los que vecinos de estas fincas que sin tiendas incrementa la sensación de inseguridad. Por suerte, aquí no hay cacas de paloma.