MEDIO AMBIENTE

Barcelona: escuelas con menos coches, pero a fuego lento

El ayuntamiento acelera el plan de pacificación del entorno de los colegios, pero las familias piden más rapidez y medidas más globales y valientes

Protesta a favor de la pacificación del entorno escolar, el 15 de enero, en Roger de Llúria, entre Casp y Gran Via

Protesta a favor de la pacificación del entorno escolar, el 15 de enero, en Roger de Llúria, entre Casp y Gran Via / Ferran Sendra

  • El curso 2021-2022 empezará con 92 escuelas con un urbanismo más amable, 14 más de lo previsto

  • La inversión pasa de 4,9 a casi seis millones de euros y beneficiará a cerca de 32.000 estudiantes

  • Los padres aseguran que una ciudad que no garantiza la salud de los niños "es un proyecto fracasado"

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Hay mucha gente que ha perdido la fe en la política, que se deja llevar y apenas se queja. La abstención en las elecciones catalanas, por ejemplo. Pero también hay colectivos que no tiran la toalla y que reivindican lo que consideran que es justo. Lo vimos hace un par de años con los taxistas, que con mucho ruido consiguieron que el Govern aprobara un decreto que supuso el fin de Uber en Barcelona. Y sucede ahora con la revuelta escolar de padres y niños contra el coche. El Ayuntamiento de Barcelona ya tenía entre manos un plan para pacificar los entornos de los colegios, pero las protestas quincenales, con decenas de cortes de calles, han acelerado el proceso. La idea era actuar en 36 centros antes de que empiece el curso, pero finalmente serán 66. En septiembre, si se cumple lo prometido, 92 colegios tendrán un paisaje algo más amable. En total, entre lo prometido en octubre de 2020 (78 en total durante dos años) y lo dicho ahora, son 14 centros más de lo anunciado inicialmente. Las familias lo celebran, pero quieren más. Y más deprisa.

Protesta de padrfes e hijos en Via Augusta, el 29 de enero

/ Ricard Cugat

El programa pretende ir más allá de las jardineras y la valla metálica para separar asfalto y acera. De hecho, el proyecto lleva asidas reformas importantes en algunas calles del Eixample. En Mallorca, por ejemplo, una de las más castigadas por las eternas obras de la alta velocidad, y quizás porque se ha podido experimentar cómo reacciona el tráfico cuando hay cortes, la arteria se quedará con dos carriles para coches y otro destinado al transporte público, lo que permitirá incluir un vial ciclista desde Clot hasta Urgell. También perderán un carril la calle de los Àngels y algunos tramos de Urgell, Nàpols, Lleida, Riera d'Horta, Numància y Sardenya. En total, se prevé arañar al coche 9.650 metros cuadrados. La hoja de ruta incluye ocupar nueve chaflanes y que tramos de otras 10 calles den prioridad al peatón (Leiva, Anglesola, Fígols, Mas Yedra, Lincoln, Can Pujolet, Baixada de Sant Mateu, Emili Roca, Palafrugell y Llull).

Malos humos

Podría pensarse que la cruzada de estos padres y madres solo persigue echar a los coches. Pero lo cierto es que detrás de su reivindicación hay tomos y tomos de ciencia que demuestran, entre otras cosas, que la contaminación perjudica el intelecto de los estudiantes. ¿Y cómo están de sucias las escuelas de Barcelona? Según un estudio sobre la calidad del aire elaborado en 2019 por la Agencia de Salud Pública de Barcelona, el 26% de las escuelas de la ciudad marcan valores de dióxido de nitrógeno por encima del máximo que marca la Organización Mundial de la Salud. Ese mismo estudio decía que en el caso del Eixample, el 90% de los centros educativos superan esa frontera. O lo que es lo mismo, los niños que estudian en nueve de cada diez coles del centro de Barcelona inhalan un aire irrespirable. Como réplica a las cifras negativas, el consistorio aporta sus números verdes. Si todo sale bien, el curso 2021-2022 empezará con casi 32.000 alumnos sentados en pupitres sin humos. O con menos humos. Sobre la polución, el gobierno local tiene prevista una prueba del algodón con estaciones que tomarán datos en nueve entornos escolares antes y después de la transformación.

Protesta contra el coche en la calle de Aragó, el pasado 31 de enero

/ Jordi Cotrina

Quizás por eso la plataforma Revolta Escolar, aunque aplaude las medidas anunciadas por el consistorio, considera que se quedan a medio camino y que todo debería hacerse con más brío. "Celebramos estas actuaciones, pero a la vez pensamos que son insuficientes y muy limitadas, y por eso pedimos que esto no se quede aquí. Si se puede actuar en estas escuelas, se puede hacer lo mismo en el resto. Una ciudad que no puede garantizar la salud de sus criaturas es un proyecto fracasado", rezan los impulsores. Ellos reclaman, de hecho, que todas las calles en las que haya una escuela tengan, como mucho, un carril de circulación. Janet Sanz, la teniente de alcalde de Urbanismo y Movilidad, dice asumir el encargo "con cariño". Considera que las transformaciones planteadas ya son "brutales", recuerda que el plan ya se ha acelerado y que la inversión en septiembre habrá ascendido a 5,92 millones de euros y echa mano del realismo: "Intentamos plantear medidas que sean realizables".

Plan insuficiente

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Las familias no creen que se esté echando toda la carne en el asador. Reclaman un "cambio de movilidad para apostar por una Barcelona que priorice la salud, el bienestar y la seguridad de los más pequeños, y no un medio de transporte minoritario (la movilidad privada concentra el 24% de los desplazamientos totales), insostenible e ineficiente". La plataforma también lamenta que la oposición no esté haciendo bandera de la lucha contra la contaminación, reclamando más premura en la pacificación de los entornos escolares, e insta a impulsar un "gran pacto de ciudad que deje a un lado las disputas políticas". Por todo ello, porque no ven cumplidas sus expectativas, mantienen sus protestas quincenales. La próxima, el viernes 26 de febrero a las 16.30 horas.

El trágico accidente que lo cambió todo

El detonante de esta transformación fue una desgracia. Sucedió en octubre de 2019, en la escuela Grèvol de la calle de Provençals, en Sant Martí. Un niño de tan solo 5 años falleció al ser arrollado por una moto a la salida del centro escolar. El siniestro desencadenó una oleada de indignación y de movilizaciones ciudadanas exigiendo más seguridad en el entorno de los colegios de Barcelona. Ada Colau se lo tomó como un tema personal. Aquel fue el primer colegio en el que se actuó.

En octubre de 2020, el ayuntamiento aportó todo el detalle de su plan para proteger las escuelas. Serían 78 antes de iniciar el curso 2021-2022, con una inversión total de 4,6 millones. Ahora, tras la presión que ejercen las familias, en forma de protestas en la calle cada 15 días, el gobierno formado por Barcelona en Comú y el PSC ha decidido ampliarlo a 92 centros y casi seis millones de euros. 

Llama la atención que Sarrià-Sant Gervasi, una de las zonas de Europa con mayor concentración de escuelas, tenga previstas tan pocas actuaciones. Más todavía, si se tiene en cuenta que hay vías de tráfico intenso, como Via Augusta, Bonanova, Reina Elisenda o la carretera de Esplugues. La teniente de alcalde Janet Sanz asegura que la elección se ha hecho siguiendo criterios de contaminación y seguridad.