Debate sobre la limpieza en Barcelona

Inseguridad y paro, las preocupaciones de Trinitat Vella antes que la suciedad en las calles

La plaza del barrio aparece en la lista de lugares en los que se mejorará el baldeo de manera prioritaria. Los vecinos, sin embargo, tienen otras inquietudes

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Casi 70 años en el barrio dotan a Ramon de cierta entidad a la hora de valorar cómo está la cosa. Dice que aquí, en Trinitat Vella, todo se ha conseguido "a base de hostias". Es decir, lo que ahora se llama participación ciudadana, muchas décadas atrás era cortar cada viernes la Meridiana para conseguir que la línea 1 del metro no pasara de largo en su prolongación hacia el otro lado del Besòs. Y lo consiguieron en 1999, vaya si lo consiguieron, con su parada justo debajo del masificado nus de la Trinitat. Luego patalearon por el CAP, la biblioteca; lo que hiciera falta para dejar de ser el culo de Barcelona. Mejor ser el uñero que el trasero, debieron pensar. Porque molestar tiene sus frutos. Y así hasta nuestros días. En el centro del lugar está la plaza de la Trinitat, uno de los 10 puntos de intervención inmediata incluidos en el plan de choque para incrementar la limpieza en la ciudad. Aquí, sin embargo, se habla de trabajo, de inseguridad, de droga, de vivienda, de la alambicada integración de la población migrada, de los jóvenes que se marchan o eso intentan. ¿Las calles sucias...? Tienen muchas otras cosas en la cabeza.

El propietario de un bar cercano a la plaza de la Trinitat Vella barre su parcela, la noche del martes

/ Zowy Voeten

La plaza de la Trinitat está situada entre la Meridiana y el parque de la Trinitat. De hecho, todo el barrio está entre esos dos enclaves, en un perímetro triangular que completan la Ronda de Dalt y la autopista C-58 y en el que viven cerca de 10.500 personas. La plaza ha cambiado. "Cinco o seis veces", que recuerden Ramon y Emilio. Ahora tiene tres niveles: el inferior para los bancos bajo los plátanos y los jacarandas, el central para el parque infantil, cercado como de costumbre, no vayan los niños a jugar fuer de esos límites, y el superior, con una terraza de bar. Todo, con tráfico en tres de los lados, aunque llegaron a ser cuatro hasta que se cortó el paso de vehículos a los pies de la parroquia de la Santísima Trinidad, que no es ningún derroche arquitectónico. Eso sí: si la Sagrada Família tiene una cripta debajo, aquí tienen un aparcamiento. Mucho más útil.

Ratones, o ratas

Los parterres presentan un aspecto regulero, tan llenos de pequeños plásticos de las meriendas de los chavales de la escuela de la cercana calle de la Mare de Déu de Lorda. Uno de los cuadrantes verdes (??) exhibe un cuartel que advierte de una intervención en curso de la Agencia de Salud Pública: "Vigilancia y control de plagas". Y la silueta de una rata. Más bien un ratón, lo otro quizás sería excesiva admisión. David es el propietario del Bar Cosmopolitan, que abre por la mañana y por la tarde pero cierra a la hora de comer. Está barriendo la zona de la terraza, de la que ya ha retirado las mesas. "Tengo que sacar la escoba tres veces: cuando llego, a mediodía y por la noche. Los de la limpieza pasan, pero no dan abasto; la gente es muy guarra. Aunque hubiera ceniceros (están prohibidos en tiempos de covid) esto estaría igual de sucio". Dos señoras que vienen de la compra y que se paran un poco a regañadientes dicen que el barrio no está sucio "pero sí muy dejado". El hijo de una de ellas sueña con largarse de Trinitat Vella, pero tiene 28 años y está en paro. "Sin vivienda y sin trabajo, lo de la limpieza da un poco igual, pero escribe en tu diario que la gente deja la basura o la ropa vieja en los árboles y eso no puede ser", vindica la más veterana.

Ropa almacenada junto a un contenedor, en una calle adyacente a la plaza de Trinitat Vella

/ Zowy Voeten

La última reforma de la plaza se inauguró en julio de 2018 y requirió de un gasto público de 1,2 millones de euros. Se eliminaron barreras arquitectónicas (no son pocas las escaleras mecánicas que se abrieron en tiempos de Jordi Hereu) y se intentó que se mantuviera y consolidara como "espacio de socialización y relación entre los vecinos y vecinas del barrio". Precisamente eso es lo que ha metido a este lugar en el top 10 de puntos de la ciudad en los que intervenir en materia de limpieza callejera. Un portavoz municipal concreta el 'momentum': En Trinitat Vella están activas desde hace tiempo las mesas de limpieza colaborativas, con las que hay una relación fluida y de trabajo en lo que respecta al mantenimiento del espacio público, tanto con las entidades como con los vecinos". Fruto de ese trabajo colectivo, se llevaron a cabo "cambios estructurales en el sistema de limpieza".

"Sin vivienda y sin trabajo, lo de la limpieza da un poco igual, pero escribe en tu diario que la gente deja la basura en los árboles y eso no puede ser"

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Ramon y Emilio no saben nada de todo eso. Tampoco creen que la calle esté sucia aunque haya gente "muy guarra". Cuentan que el personal municipal de baldeo desayuna cada mañana en el Bar Juan, en la esquina con las calles Torné y Madrigueras, y que cuando llegan a los bancos para charlar y quedarse un rato traspuestos, está todo en su sitio. Solo si uno se fija es cuando aparecen esos plásticos entre la maleza desordenada. Peor están las cosas, por ejemplo en la estrecha zona verde vertical sita junto a las escaleras de la calle de la Vinya Llarga, con no menos de 15 latas de cerveza. Por lo demás, alguna caca de perro en un alcorque, la base del buzón de Correos medio oxidada por la orina de las mascotas. Y a diferencia de otros barrios, escasa presencia de 'tags' las caprichosas firmas que los grafiteros gustan de dejar por todas partes sin darse cuenta que nada tiene eso que ver con el arte urbano. "Hay muchas otras cosas que son más urgentes, como la inseguridad, la falta de trabajo para los chavales o el precio del alquiler. Pero de eso, nada", lamenta Emilio, de 85 años.

No muy lejos de aquí, aunque no lo parezca, está la zona de Sant Andreu en la que desde finales de mayo se lleva a cabo la recogida de residuos puerta a puerta. Es otro mundo, nada que ver, porque se están adaptando a un sistema que cambia algo tan rutinario y sagrado como bajar la basura. Pero eso ya no es solo limpieza; son hábitos. Buenos y malos.