Reivindicación desde la periferia

Una red sigilosa de relatos

"El espacio 'txarnego' no es la yuxtaposición de retales, sino una realidad en sí misma, múltiple, compleja, diversa y real"

Participantes en el Festival de Cultura Txarnega, en la fábrica Fabra i Coats de Barcelona, en abril de 2019.

Participantes en el Festival de Cultura Txarnega, en la fábrica Fabra i Coats de Barcelona, en abril de 2019. / Martí Fradera (Delegaciones)

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Brigitte Vasallo

Hace un par de años, Carol Rodríguez me escribió diciendo "quiero mandarte algo". Y en el link adjunto al mail, el proyecto fotografico 'Perifèrica'. "Para el próximo Festival de Cultura Txarnega”, apuntaba al desplegar una fantasía de imágenes sobre esos barrios y ciudades del entorno de Barcelona que son nombradas en relación a ella, como sucede siempre con los sujetos subalternos, nombrados en relación a quien se cree su amo.

Algunas compañeras estábamos recuperándonos del impacto (del susto) de haber abierto la caja de los vientos al realizar, con pocos medios y muchas ganas, el I Festival de Cultura Txarnega de Barcelona. En Catalunya siempre hemos podido celebrar el pasado de las que venimos de un afuera nacional, más allá de esa frontera que no es administrativa pero aun así es muy presente, es muy real, una frontera ontológica que nos constituye, también. Tenemos presencia en el Museu de la Immigració y tenemos grandes manifestaciones como una Feria de Abril que es extraña para la mayoría de nosotras, que visitamos como visitaremos después las fiestas de la diversidad, llenas de imágenes coloridas y fijadas en el tiempo propuestas como espejo deformante en el que mirarnos, más que para recordar, para olvidar entre risas las complejidades que nos conforman. Pero la hibridación ya es más difícil de nombrar, en Catalunya y en cualquier sitio. El mestizaje está muy bien si es el de los demás, si está lejos y no amenaza con contaminar.

Justo al relato colorista, se nos propone también un relato político de clase. Pero ella sola, la clase, no da cuenta de nuestro todo. Las charnegas payas no podemos pensarnos desde la racialización y no sufrimos, tampoco, esa violencia. Pero el origen migrante está, y precisa de un espacio para ser dicho.

Desde hace meses estoy recogiendo la memoria oral de una 'txarneguidad' que escribo con 'tx' para resignificarla. Personas que se me acercan para donarme y donarnos su tiempo y su memoria. Historias que siempre empiezan diciendo "no tengo mucho que contar" como el 'érase una vez' de los cuentos infantiles. No tenemos mucho que contar pero lo que tenemos que contar es lo que tenemos. Y es nuestro. Nuestra historia, por pequeña que sea, es nuestra historia. Y en ese desplegar se va confeccionando un relato que es el del silencio de la Transición, del olvido impuesto por decreto, y del olvido impuesto por un miedo más antiguo.

"Las 'txarnegas' somos el fantasma que recorre el Estado español, el equivalente vívido a los ramos de flores en las cunetas"

Las 'txarnegas' somos el fantasma que recorre el Estado español, como aquel fantasma del comunismo del manifiesto de Marx, el equivalente vívido a los ramos de flores en las cunetas, que apuntan de manera ambigua o ambivalente a accidentes de tráfico y a fosas de la guerra. "Yo no tengo una historia política", me dicen, para acto seguido trazar un mapa de la miseria política de todas aquellas que perdimos la guerra, que fuimos las pobres.

El no-lugar de enunciación

Cuando Marc Augé desarrolló la teoría de los no-lugares apuntó, sin quererlo, a algo extrañamente profundo y constante: solo los lugares tienen el poder de enunciación. Pero no es un poder inherente, sino un poder sobrevenido. Los lugares son el marco aceptado, el marco asumido. Los aeropuertos, los supermercados, los grandes hoteles son lugares de paso, sin historia y sin identidad, decía. Y tal vez lo son para los viajeros y los clientes. Las que trabajamos en esos espacios, o las poblaciones que migran desde ellos o hacia ellos, tenemos claro el peso de su historia y su constitución identitaria. Pero son las poblaciones que no son escuchadas. El espacio 'txarnego' es mirado desde los lugares establecidos como un Frankestein compuesto de partes: ven las partes sin entender el todo. El espacio 'txarnego' no es la yuxtaposición de retales, sino una realidad en sí misma, múltiple, compleja, diversa y real. Que no tenga narración no nos quita la vivencia.

"A nadie le da rédito político ni rédito cultural apoyar a esa realidad sin espacio en un mundo político y cultural que se mide en esos cálculos"

El Festival de Cultura Txarnega no ha tenido segunda edición, porque a nadie le da rédito político ni rédito cultural apoyar a esa realidad sin espacio en un mundo político y cultural que se mide en esos cálculos. Pero no importa: aquello fue un hilo más de un relato que andamos tejiendo a partes, a ratos, y que en su conjunto va dando cuenta de quienes somos y de qué nos ha sucedido.

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En el mail de Carol venía otro adjunto: un proyecto llamado 'Chavalas', que estaba empezando a rodar. Un proyecto futuro que ya es presente y da cuenta, también de un pasado. El tiempo no es lineal, y la vivencia va encontrando los espacios para darnos el aliento. 

Brigitte Vasallo es escritora, activista y organizadora del Festival de Cultura Txarnega.