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Una paella indigesta

Retratarse en una foto de familia 'Rahola' es cuando menos imprudente en los tiempos del covid. El arroz en torno a Puigdemont no hubiera encontrado mesa en un hotel de la cadena Guitart, gente seria.

Asistentes a la paella de verano organizada por Pilar Rahola

Asistentes a la paella de verano organizada por Pilar Rahola

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Joan Vehils
Joan Vehils

Periodista

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Dicen que la paella estaba buenísima y conociendo al autor no podía ser de otra manera. Sin embargo, a los políticos presentes les ha resultado algo indigesta y pesada.

Unos fueron directamente desde Barcelona, otros de Girona y el resto desde Cadaqués. Tenían la cita en un restaurante apenas 20 kilómetros más allá de la frontera. Allí les esperaba el presidente Carles Puigdemont y el exconseller Toni Comín que habían llegado mucho antes tras recorrer los más de 1.000 kilómetros que separan Waterloo de la Catalunya Nord. Pilar Rahola fue una vez más el alma mater del reencuentro donde la mayoría eran políticos. Desde el vicepresidente Jordi Puigneró, que el martes abandonó el Consell de Govern deprisa y corriendo para llegar a la cita, al diputado Joan Canadell o Albano Dante Fachín y Jon Iñarritu, que habían pernoctado la noche anterior en casa de Rahola. Cuentan que Puigdemont y Comín están fuertes y convencidos de que la justicia europea les dará la razón y que llegará el día en que no tengan que citarse a escasos kilómetros de la frontera.

Pues eso, ahora que ya no la leemos en ningún periódico y que sus programas de TV-3 o de RAC 1 están de vacaciones, a Pilar Rahola solo la podemos seguir a través de sus redes sociales. Y como no podía ser de otra manera fue la primera en informar de la cita veraniega con Puigdemont. Y como tampoco podía ser de otra manera, la foto ha creado polémica.

Rahola puede reunirse con quien quiera, cuando quiera y ser amiga de quien quiera sin necesidad de dar explicaciones, pero los políticos debieron reparar que estamos en pandemia. Todos los que salen retratados habían autorizado su publicación, por tanto, nadie puede quejarse. Sorprende pues que Puigneró, que horas antes había compartido las nuevas medidas contra el covid, pose sin mascarilla y como si nada estuviera pasando. En el Reino Unido tendría que dimitir. Quizás eso sea aquí exagerado, pero como le reclama el presidente del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, Jaume Padrós, cuanto menos debería rectificar.

El problema es que esta vez sabían que Rahola iba a publicar la foto y encima hubo quien les advirtió que no era necesario colgarla. Aún y así, 21 de los asistentes no quisieron escuchar. Como dice el epidemiólogo Oriol Mitja, los políticos tienen el deber de mantener una conducta ejemplar. Esta vez tampoco la tuvieron.

Empresaria ejemplar

Es de Lloret y presume de ello, pero me cita en uno de sus hoteles del Eixample barcelonés. Concretamente en el Guitart Grand Passage de la calle de Muntaner. Cristina Cabañas es la presidenta de Guitart Hoteles. Y no lo es por voluntad propia, pero el fallecimiento de su marido hace 14 años la llevó a ello. “Me reuní con mis tres hijos y decidimos continuar el proyecto de Climent Guitart. Así pasé de gestionar una farmacia con cinco personas a seis hoteles con casi 500 empleados”.

Sus inicios no fueron fáciles. Ella misma me cuenta que su condición de mujer y, a priori, inexperta no le ayudó en nada. Eso sí, esta farmacéutica diplomada en óptica y autora de cuentos infantiles no desistió. Se rodeó de un buen equipo y ahora es una de las empresarias más respetadas del sector de la hostelería catalana. A todo eso, su vertiente solidaria la llevó a crear la Fundación Climent Guitart con el objetivo de fomentar la formación y promoción de profesionales para el sector de la hostelería y también a la ayuda de las personas más vulnerables.

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Además, como prueba de su compromiso social por muchas causas, los empleados de sus hoteles visten ropa elaborada por la Fundación Ared que preside Judith Mascó y los socorristas son de la empresa de Òscar Camps de Open Arms. Me explica que han sufrido mucho durante el confinamiento. Tanto es así, que uno de sus hoteles de Lloret llevaba 66 años sin cerrar . “No tenía ni puertas fijas. Las tuvimos que poner”. Durante esos días su implicación fue tal que cuando no se podían servir comidas en los hoteles, sus empleados comían en su propia casa.

Por cierto, que no estaría de más que Gerard Piqué pidiera consejo a Cristina Cabañas. Lo digo porque esta semana el diario 'Sur' informa que una empresa del futbolista ha adquirido el solar de un histórico cine de Málaga por 50 millones de euroscon la idea de construir un hotel de lujo. Ahí lo dejo.