El urbanismo del siglo XXI

Barcelona será la Capital Mundial de la Arquitectura en 2026

La candidatura catalana se ha impuesto a Pekín y la ciudad vuelve a la primera división de los acontecimientos internacionales

Vídeo de la candidatura de Barcelona a la capital mundial de la arquitectura

Carlos Márquez Daniel

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Es mucho más que un congreso. Trasciende incluso a la materia. Se trata de recuperar el orgullo de ciudad, de volver a la primera línea internacional tras algunos batacazos, como la sede de la Agencia Europea del Medicamento o la de una agencia europea de meteorología que se escaparon en el último suspiro. Barcelona será en 2026 Capital Mundial de la Arquitectura. Se ha decidido en Río de Janeiro, que ahora ostenta este título, y la capital catalana se ha impuesto nada más y nada menos que a Pekín. La ciudad brasileña cederá el cetro en 2023 a Copenhague, y la capital de Dinamarca hará lo propio con Barcelona tres años después.

La nominación de Barcelona, que ha ganado a la candidatura china por 147 votos a 129 bajo el lema 'One today, one tomorrow' (un hoy, un mañana), ha sido promovida por el Ayuntamiento de Barcelona, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana; la Generalitat de Catalunya; el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), y el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC). Una de esas 'join venture' público-privadas que recuerdan acontecimientos pretéritos, como los Juegos del 92 o el Fòrum de les Cultures.

El título va de la mano de la organización de un congreso internacional del gremio, que agrupa a 3,2 millones de profesionales en todo el mundo, y de la celebración de la asamblea general de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). Assumpció Puig, decana del COAC, la primera mujer en ocupar este cargo, no esconde su ilusión ante un proyecto, dice, que demuestra que la capital catalana "es referente en cuanto a arquitectura y espacio público". Avanza que se celebrarán actos tanto en la ciudad como en el entorno metropolitano.

100 años sin Gaudí

Puig señala que el momento será "idóneo". Porque se cumplirán 100 años del fallecimiento de Antoni Gaudí y 30 desde la celebración, también en Barcelona, del congreso internacional de arquitectura, en 1996, cuando la ciudad todavía sacaba rédito de la estela olímpica. Entonces, el lema fue 'Presente y futuro, arquitectura en las ciudades'. Pero también porque la capital catalana concentra muchos de los "debates contemporáneos y futuros que tienen que ver con el uso del espacio compartido" y el diálogo que se establece con la arquitectura. ¿Pero quién comandará el guión? ¿Quién decidirá de qué se habla y de qué no? ¿Cómo evitar que cada administración ponga su sellito ideológico? Porque una cosa son unas olimpiadas, el deporte, y otra muy distinta, la manera de entender las ciudades.

Las plaza de las Glòries, en obras.

Las plaza de las Glòries, en obras. / Ferran Nadeu

Dentro de cinco años, alguna de las obras que parece que no terminen nunca, como la Sagrera o Glòries, o estarán muy avanzadas o ya estarán terminadas. También la Sagrada Família estará más lozana. Debía finalizarse precisamente en 2026 pero será más tarde porque la pandemia ha achicado su financiación. Habría que citar también el plan de ejes verdes del Eixample y la unión del tranvía por la Diagonal, que entonces también deberían tener más presencia que filosofía. Pero eso son temas de hoy que pueden no tener nada que ver con la ciudad de 2026. Todo se verá.

Tras conocerse la noticia, la teniente de alcaldesa de Urbanismo, Janet Sanz, ha asegurado que Barcelona "está más que preparada para liderar la transformación necesaria para hacer de la arquitectura y el urbanismo dos herramientas al servicio de la sostenibilidad". La alcaldesa Ada Colau ha barrido para casa al asegurar que la nominación es un "amplio reconocimiento a las políticas innovadoras y de transformación que está impulsando la ciudad y que nos sitúan como referente internacional", y ha agradecido "el liderazgo" tanto de Sanz como de Xavier Matilla, arquitecto jefe del consistorio. Ninguna mención a Daniel Mòdol, quien fuera concejal de Arquitectura en el anterior mandato (concejalía que ha desaparecido y que solo duró un par de años) y que fue, junto a su equipo, el impulsor de la candidatura.

Mantener la identidad

En conversación con este diario, Mòdol, urbanista y arquitecto, recuerda que la propuesta anduvo un pelín en solitario en sus primeros compases. Ayudó mucho que fuera aprobada por unanimidad por el pleno municipal, y que, poco a poco, se fueran implicando otros agentes, públicos y privados. La capitalidad, a su modo de ver, puede resumirse en una sola visión: "Cómo mantenernos fieles a la ciudad". Es decir, de qué manera "mantenemos la identidad propia de los barrios evitando aplicar lo mismo en todas partes". O sea, que Barcelona no sea una franquicia. Esa autenticidad, ese sentir la arquitectura y el urbanismo como hechos diferenciales que generan marca, sería, a su modo de ver, el elemento diferencial que ha hecho que la capital catalana haya doblegado al gigante asiático. Si seguirá siendo así, también se verá.

Al margen de sacar pecho de la marca local registrada, la cita servirá para poner sobre la mesa la necesidad de apostar por un urbanismo con visión más feminista. La decana del COAC intenta suavizar la definición de la cosa, pero termina saliéndole la cruda realidad: "Las mujeres tenemos más presente la diversidad que se mueve por la ciudad; los niños, las persona mayores. Quizás sea una visión más humana, mientras que los hombres son más directos, reflexionan menos".