Quo Vadis

"¿Cómo Barcelona, con un 28% de inmigración, no tiene concejales de origen inmigrante?"

  • Javier Bonomi, presidente de Fedelatina, denuncia que la sociedad ignora a los inmigrantes, dice que es uno de los colectivos más afectados por la pandemia y llama a emprender cambios para que se sienta parte real de la sociedad en el futuro

Javier Bonomi, en una calle del Gòtic el miércoles pasado.

Javier Bonomi, en una calle del Gòtic el miércoles pasado. / Laura Guerrero (EPC)

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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Presidente de la Federación de Entidades Latinoamericanas de Cataluña (Fedelatina), Javier Bonomi denuncia que en Barcelona, en Catalunya y en España los inmigrantes sufren rechazo y una falta de representación anómala en casi todos los ámbitos. Exige cambios reales y no pruebas piloto, y augura una sociedad partida si estos no llegan.

¿Los inmigrantes han sufrido de forma especial la pandemia? El inmigrante es la parte más débil en aspectos como el administrativo y el laboral. Los inmigrantes teníamos en Barcelona antes de la pandemia un paro que rondaba entre el 30% y el 32%, cuando el de los españoles estaba entre el 14% y el 16%. Hemos estado en el frente de la pandemia. Cuidadoras, servicio doméstico, repartidores. Las dependientas de los supermercados. Gente que ha tenido tasas muy altas de contagio.

¿Y con un reconocimiento escaso? Escaso, porque se ha reconocido la labor de los sanitarios, pero nadie ha hablado de las personas que limpian las habitaciones de los hospitales ni de los que reparten la comida. Nos pasa algo muy típico: se invisibiliza al inmigrante. Estamos subvalorados, subestimados. En el fondo nos quieren poco como personas, nos quieren como trabajadores. Somos un colectivo muy precario y con un riesgo elevado de exclusión.

"Se ha reconocido la labor de los sanitarios, pero nadie ha hablado de las personas que limpian las habitaciones de los hospitales ni de los que reparten la comida"

Más que antes. Mucho más que antes. Existe el riesgo de generar una hipoteca para el futuro, una división todavía mayor entre personas de origen inmigrante y personas locales y europeas. Es algo que ya existe. Nuestra sociedad tiene castas: la más baja es la de los simpapeles, y dentro de ella podemos hablar de latinoamericanos aventajados y africanos y asiáticos subestimados. No lo digo yo, lo dice la ley de extranjería: los latinoamericanos podemos lograr la ciudadanía en dos años y un subsahariano tendrá que esperar 10. Igual con los visados de entrada. La segunda categoría es la de las personas que viven en Barcelona que tienen papeles pero que no tienen todavía la nacionalidad española. Sufrirán muchísimo para renovar y tramitar la documentación. Por último, estamos los que tenemos la nacionalidad española, españoles y catalanes de primera categoría, por decir algo. Podemos votar, tenemos derechos genéricos, aunque no las mismas oportunidades. Un color de piel o un origen te va a marginar a la hora de conseguir un empleo, una vivienda. Hay una discriminación estructural, un racismo estructural. Lamentablemente, parte de ese racismo está aceptado por todos los que vivimos en esta sociedad.

"Hay una discriminación estructural, un racismo estructural. Lamentablemente, parte de ese racismo está aceptado por todos los que vivimos en esta sociedad"

¿Por qué aunque no estemos contra la inmigración ya nos va bien? Nadie o muy pocos quieren cambiar el statu quo: las administraciones públicas toman medidas simbólicas. Barcelona todavía no es antirracista, nos falta mucho para llegar a eso. Hay proyectos concretos, como los de los manteros, que están muy bien pero son pruebas piloto. Ya estamos muy cansados de las pruebas piloto, tenemos que pasar a cambios estructurales. Si no viviremos con las pruebas piloto como le sucede después de cientos de años al colectivo gitano, que no deja de ser un colectivo marginado, con altas tasas de paro, y han pasado 500 años. Si no hacemos algo urgentemente, tendremos una sociedad hipotecada para el futuro, como está hipotecada Francia y como está hipotecada Gran Bretaña, donde inmigrantes de segunda y tercera generación no se sienten parte de un proyecto común.

Bonomi, en la entrada de la sede De Fedelatina el miércoles.

/ Laura Guerrero

¿Qué le parece que se conceda la nacionalidad a inmigrantes por intentar evitar un asesinato? Lo que hacemos es ejercer nuestro poder absoluto. Conceder la nacionalidad como si fuera un premio, y no tiene que ser un premio para uno, si lo es tiene que serlo para todos. Hay que concederla porque las personas llevan un tiempo en España y han demostrado su integración económica, social. No hay que ser un héroe para tener la nacionalidad española, porque si no nos ponemos en la supremacía de que concedemos una gracia, como si fuéramos dueños de los derechos de las personas.

"Si no hacemos algo urgentemente, tendremos una sociedad hipotecada para el futuro, como está hipotecada Francia y como está hipotecada Gran Bretaña"

¿Qué opina del discurso de que los inmigrantes solo deben llegar si tienen trabajo? Hay un discurso utilitarista que conoce bien Canadá, los países sajones, en el sentido de que quieren inmigrantes a la carta. Haremos un concurso a ver qué tipo de inmigrante quiero: ingenieros, médicos. Lo tienes en la medicina. La medicina es el único ámbito laboral en el que la presencia de inmigrantes es proporcional a su presencia en la sociedad: hay un 14% de médicos de origen inmigrante en Catalunya, porque los médicos de aquí se marchan a lugares donde les pagan mejor: Alemania, Gran Bretaña. Los suplen médicos de Colombia, Perú, de Ecuador, Argentina. Lo que están haciendo es vaciar de materia prima, de profesionales, nuestros países. ¿Quién paga eso? ¿Quién paga la educación que han tenido esos médicos?

"Hay proyectos concretos, como los de los manteros, que están muy bien pero son pruebas piloto. Ya estamos muy cansados de las pruebas piloto, tenemos que pasar a cambios estructurales"

¿Tiene la impresión de que un inmigrante lo tiene peor para prosperar que hace unos años? El ascensor social y económico se ha roto, directamente.

¿Cuándo? A partir del abandono del Estado del bienestar, del abandono de la defensa de los derechos de los trabajadores, de la desregulación empresarial y laboral. El salario mínimo era ridículo, de 650 euros, y daba a grandes empresas el derecho a contratar nuevos trabajadores pagándoles un 50%. Muchas empresas encuentran en cada crisis una oportunidad para rebajar los derechos de los trabajadores. Por eso es tan importante recuperar esos derechos y subir el salario mínimo. Y la renta mínima, la renta garantizada: hay que dar una oportunidad de vivir dignamente y de formarse a personas que están fuera del sistema. Mayores de 50 años, jóvenes. El abandono escolar: entre la población de origen local es un 6%. Entre la de origen extranjero es un 27%. Cinco veces más opciones de no acabar la escuela. El 16% de los estudiantes de secundaria y bachillerato son de origen inmigrante. En la universidad, solo el 5%. Ser inmigrante influye en que una persona no encuentre una profesión, no sea universitario. Como se hizo con la mujer, hay que tomar medidas, como en tantos países, para incluir la diversidad en varios ámbitos. Para que los inmigrantes normalicen su vida, económica, laboral, cultural: en las fiestas de la ciudad de Barcelona tenemos muy poca cabida los inmigrantes. Necesitamos apropiarnos de ellas. Que también sean nuestras, que no seamos invitados.

"El abandono escolar entre la población de origen local es un 6%. En la de origen extranjero, un 27%. En la secundaria y bachillerato, el 16% es de origen inmigrante. En la universidad, solo el 5%"

¿Por qué gustan más los refugiados que los inmigrantes económicos? Uno tiene la visión de que el refugiado tenía su vida armada y no tenía intención de irse a otro país, que tiene que escapar. Lo relacionamos con los catalanes y españoles que por cientos de miles tuvieron que ir a nuestros países. Millones de europeos que huyeron de las guerras, del hambre. Eso genera más simpatía.

Pero también se fueron de aquí millones de inmigrantes económicos y los que vienen no nos caen tan bien. Cuando pensamos en el inmigrante económico, es un riesgo, Viene a buscar dinero. Dinero hay poco, hay pocos puestos de trabajo. No vaya a ser que me quite el mío. Y esa actitud se nota en cómo nos ignoran, cómo no nos toman en cuenta. ¿Cómo puede ser que Barcelona, con un 28% de inmigración, no tenga ni un 1% de presencia de los inmigrantes en los medios de comunicación público? ¿Que no tenga un 1% en la política, que no tenga concejales de origen inmigrante? Algún consejero de distrito. En el Raval, más del 50% de los vecinos no han nacido en España: ¿cómo no hay un concejal inmigrante? Pero bueno, tranquilos, porque el tiempo pasará y votaremos, aunque no le guste a la gente. Prácticamente no hay en los gobiernos nadie de origen inmigrante. En Barcelona estuvo Gerardo Pisarello, (primer teniente de alcalde en el mandato anterior), hay alguna diputada en el Parlament. Son la excepción que confirma la regla. De lo simbólico tenemos que pasar a lo real.

¿Cuánto falta para que Barcelona tenga un alcalde de origen paquistaní? No hace falta que sea de origen paquistaní, tendrá su origen, pero lo que quiero es que sea barcelonés, catalán, al margen de cuál sea su color de piel. Está la anécdota de una chica de origen peruano que trabajaba en el Ayuntamiento de Barcelona, en tareas administrativas. Y todas las mañanas el personal de seguridad le decía: tú por la otra puerta, disculpa, con los de la limpieza. El policía, el guardia, no ve nunca a personas de origen administrativo en tareas que no sean de limpieza. Y ella tenía que explicar cada día que tenía un trabajo en una oficina. No es que el guardia sea racista, es el sistema que es racista. Si no hacemos un cambio ahora, el futuro de la cohesión social está en peligro en Barcelona, Catalunya y España. Que inmigrantes que llevan ocho o 10 años aquí no puedan votar en las elecciones municipales es una vergüenza. Es tercermundista.

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No se sienten interpelados. Nos dicen que deberíamos participar para ser buenos ciudadanos, pero luego no nos dan la herramienta. Como pasa con muchas cosas de la cultura catalana: hay un doble discurso. Está muy bien que hables catalán, pero pondré pocos cursos en catalán. Si realmente quieres que hable en catalán, pon cursos cuando sea, los fines de semana, por todos los sitios. Eso es utilizar la cultura o la economía para generar una barrera y luego no hacer nada para que esa barrera se levante. Estamos hartos de la precariedad permanente. Muy poca gente quiere que algo cambie. Y entre los pocos que quieren que algo cambie, algunos hacen declaraciones y pruebas piloto y otros, muy pocos, intentan impulsar realmente políticas activas de igualdad. Palabras bonitas: integración. Yo hablaría simplemente de igualdad de derechos y oportunidades. Barcelona necesita unas cuotas mínimas de igualdad de derechos y oportunidades. Barcelona no es antirracista ni intercultural. Es muy fácil ser intercultural cuando tienes el poder y pagas 11 euros al servicio doméstico y luego tienes un hijo apadrinado en Sudán. Somos muy progres todos. La cuestión es que el sistema sea más igualitario. Cuando la política se queda en las buenas intenciones, está muy bien pero no es suficiente.