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El canódromo de la Meridiana: de carreras de galgos a talleres de autodefensa digital

  • El histórico equipamiento inicia nueva etapa -otra- reconvertido en Ateneo de Innovación Digital y Democrática con la defensa del derecho a internet como bandera, un derecho cuya necesidad la pandemia ha llevado al extremo.

  • La iniciativa 'Grades Obertes', convertir la emblemática tribuna -con sus enchufes y su wifi-, en punto de encuentro y de acercamiento al ateneo es una de sus primeras apuestas del renacido equipamiento para establecer lazos con el vecindario.

Concierto celebrado en las gradas del Canòdrom para el día de las mujeres.

Concierto celebrado en las gradas del Canòdrom para el día de las mujeres. / Ferran Nadeu

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Helena López
Helena López

Redactora

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Es el primer día soleado, soleado de verdad, después de más de una semana con el cielo encapotado y triste y la Meridiana se antoja este martes exultante. La plaza del Canòdrom está llena de vecinos paseando a sus perros disfrutando de la mañana. Mascotas atadas y recorriendo esta característica plaza ovalada, de tierra, de forma tranquila, escena a las antípodas de las carreras de galgos que se celebraron en este lugar durante cuatro décadas y cuyo recuerdo forra una de las paredes principales de la sala de actos en la entrada del recinto, junto a la escalera de caracol. Una inmensa foto en blanco y negro en la que se ven los animales corriendo encorsetados en sus dorsales que parece de un universo paralelo, aunque no hace tantos años de ella. El de la Meridiana fue el último canódromo en activo en España, en funcionamiento como tal hasta el 2006.

En estos últimos 15 años este singular espacio ha sido objeto de debate en muchos momentos. El edificio fue proyectado por el arquitecto Antonio Bonet Castellana en 1962 y galardonado con un premio FAD en 1963 para ser eso, un canódromo. Tras el cierre el 2006, el consistorio adquirió el edificio y planteó una reforma en profundidad para convertirlo en un nuevo Centro de Arte Contemporáneo de Barcelona, que arrancó en abril del 2010 con la exposición 'Canòdrom 00:00:00', para poner en la agenda cultural un equipamiento artístico en aquel momento todavía en obras. Una primera idea de nueva vida que no funcionó ya que se trata de un espacio completamente de cristal y la luz natural directa y el arte no son demasiado buenos compañeros de viaje. Tras este primer proyecto fallido, el consistorio apostó por convertir el Canòdrom, ya completamente reformado y convertido en una instalación moderna y luminosa -que este martes exhibe todo su potencial- en un Parque de Investigación Creativa, un centro público al servicio del emprendimiento y la industria cultural. Una vida que ha tenido durante los últimos cuatro años. Para desarrollar este proyecto el ayuntamiento cedió la gestión a una empresa, que hizo del espacio un 'coworking' de proyectos de innovación tecnológica. La concesión terminó en el 2020 y el consistorio decidió no renovarla y apostar por un cambio de modelo, otro, para el viejo Canòdrom.

Barcelonés y popular

Confiando en que a la tercera va la vencida, hace unos meses, en plena pandemia, el Canòdrom reabrió convertido en Ateneo de Innovación Digital y Democrática, internalizando su gestión como un equipamiento municipal más, como si fuera un centro cívico o un 'casal de barrio'. "Apostamos por la idea de ateneo y no laboratorio, porque es un concepto muy barcelonés, el de ateneo, y enlaza con las raíces populares con las que queremos reconectar", señala Arnau Monterde , director de Innovación Democrática del ayuntamiento y responsable del equipamiento.

El objetivo del flamante ateneo, que todavía está dando sus primeros pasos, con todas las dificultades añadidas por el covid es ser un lugar centrado en la tecnología de proximidad, "centrada en la ciudadanía, no en la empresa", subraya Monterde. Un espacio en el que trabajar los derechos digitales y explorar un relación diferente con la tecnología en un momento en el que la tecnología ha colonizado nuestras vidas por completo. "Se trata de acercarnos a la tecnología desde una mirada crítica desde un espacio que los vecinos se sientan suyo", añade Núria Alonso, quien trabaja desde Colectic por una tecnología "abierta, libre, feminista y reciclable", como señala su perfil de LinkedIn. Colectic es la cooperativa que ganó el concurso para llevar la oficina técnica.

Transformación social

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Una de las primeras acciones que quieren llevar a cabo para abrirse y presentarse al vecindario es lo que han llamado 'Grades Obertes'. Abrir el espacio de las viejas gradas sobre la plaza -la joya de la corona- a toda la ciudadanía para que puedan sentarse en ellas libremente y hacer uso tanto de los enchufes -hoy en día un tesoro- y del wifi. "Internet es un derecho básico y tendría que ser libre y gratuito para todo el mundo, pero no lo es", reflexiona Alonso, quien también destaca que ya han entrado también en la Taula Comunitària del barrio con la intención de hacer red con el vecindario y ser referente no solo como espacio físico. Su intención es, en cuanto la pandemia les deje, abrir una actividad pública regular, así como formaciones, tanto básicas como avanzadas (en colaboración con distintas universidades).

En la lista de talleres que les queman en las manos destaca el de autodefensa digital para jóvenes. Un curso que a ojos de Alonso debería ser obligatorio en todos los institutos, en el que los chavales aprendan primero a identificar las violencias digitales y conozcan los mecanismos para escapar de ellas, donde aprendan herramientas para hacer frente a los troles, a un acosador... "Pero no se trata solo de levantar las banderas del riesgo, se trata también y sobre todo de fomentar la tecnología libre y democrática", añade esta activista de la transformación social a través de la tecnología.