ÉRASE UNA VEZ EN... HORTA (50)

La memoria viva de las 'bugaderes'

  • El barrio está en pie de guerra contra la demolición de tres casas rústicas de la conocida como ‘Illa de les bugaderes’ y sus característicos huertos.

  • Las edificaciones que dan a la Baixada de Can Mateu no forman parte del conjunto protegido, pero sí de la memoria de las clases populares del enclave. 

La calle de Aiguafreda, en Horta, esta semana.

La calle de Aiguafreda, en Horta, esta semana. / ÁLVARO MONGE

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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El escritor Miqui Otero recordaba esta semana en una charla con la periodista Andrea Gumes que, tras la muerte de Juan Marsé, la traductora Inga Pellisa "dijo algo muy bonito, dijo que Marsé redistribuyó el orgullo". Hay mucho de ese orgullo de las clases populares redistribuido por el 'padre' del Pijoaparte, quizá el más internacional de los hijos del distrito, en el conflicto abierto en Llobregós, calle que une el Carmel de 'Últimas tardes con Teresa' con el Horta de las 'bugaderes', mujeres que durante más de dos siglos se dejaron las manos y la espalda lavando la ropa de las familias adineradas de Barcelona. Una reivindicación en la que se entremezcla el orgullo de clase, la reivindicación de la memoria popular de las mujeres -eran ellas, las que cargaban la ropa sucia y la devolvían limpia- y la reivindicación identitaria de un oficio invisibilizado en la historiografía tradicional por su condición femenina, muy vinculado al territorio durante los siglos XIX y primera mitad del XX.

En la plaza de Eivissa, la 'plaça de la vila' de Horta, una gran pancarta alerta de la situación: "Salvem l'Illa de les Bugaderes". La 'bugadera' está presente también, en la misma plaza, en logo del Ateneu Popular: la efigie de la ‘bugadera’, nombre que, además, recibe el propio ateneo, en los bajos del Bloc 17, edificio de propiedad municipal desde hace pocos años, tras, como no, una intensa lucha vecinal (en este caso del tejido asociativo juvenil del lugar). La 'geganta' del distrito es también una 'rentadora'.

Imagen histórica de los lavaderos de Horta.

/ EL PERIÓDICO

Quien se encargó de rescatar del olvido la memoria de esas mujeres fueron sus nietas y bisnietas quienes, desde la asociación Dones d'Horta, impulsaron en el año 2005 el proyecto 'Qui té roba per rentar?', que cristalizó en una exposición y un libro con el mismo título, con el apoyo de la asociación de vecinos del barrio, que se hizo suyo el proyecto. Más de tres lustros después, es la asociación El Pou, Grup d'Estudis de la Vall d'Horta i la Muntanya Pelada, la que la alerta del peligro inminente de que desaparezca parte del legado de ese pasado popular del barrio con la ejecución del proyecto de urbanización de la Baixada de Can Mateu, entre las calles Llobregós y Granollers, uno de los extremos de la conocida como 'Illa de les bugaderes', uno de los espacios más singulares y bellos de la ciudad.

Las casitas bajas de colores con sus limoneros ahora cargados de limones, sus pozos y sus lavaderos que conforman la calle de Aiguafreda -como estaba el agua en la que estas heroínas, que no llevaban capa sino blusa y delantal, tenían las manos metidos durante horas- están protegidas, pero el resto del conjunto, no.

Pozo en la calle de Aiguafreda.

/ ÁLVARO MONGE

El Pou no cuenta solo con el apoyo de la asociación de vecinos de Horta, sino también de la de la Font d'en Fargues, el grupo territorial de Horta-Guinardó del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya y la FAVB. Piden un nuevo proyecto de urbanización para la zona que no suponga derribar las tres casas rústicas y sus huertos, patrimonio sentimental del barrio "que contextualiza el conjunto protegido de las características casas de Aiguafreda". "Si solo dejamos el conjunto protegido, aislado, y nos cargamos todo el entorno, lo convertimos en una mona de pascua", resume Xavier Aguado, presidente de la asociación de vecinos, quien insiste en que es posible preservar este patrimonio sin afectar el aprovechamiento privado.

Los bloques de pisos proyectados se van a levantar al otro lado de la Baixada de Can Mateu, ya fuera de la 'illa de les bugaderes', pero el proyecto incluye convertir los actuales huertos y las tres casas rústicas de enfrente, estas sí pegadas a las casitas protegidas, en una zona verde. "Solo pedimos es que se conserven los huertos y las casas. La zona está rodeada de colegios, los huertos podían usarse para proyectos educativos vinculados a la historia de Horta y las tres casas afectadas a explicar los oficios tradicionales vinculados al territorio, el más importante de los cuales hasta principios del siglo XX, fue el de lavandera, que las mujeres ejercían como una manera de complementar la economía familiar", prosigue Aguado. En pocas semanas llevan casi 3.000 firmas recogidas.

Huertos afectados por la actuación urbanística en la Baixada de Can Mateu, en Horta.

/ ÁLVARO MONGE

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Los lavaderos de Aiguafreda son de los pocos que han subsistido, pero en su día (como documenta 'Qui té roba per rentar?') había espacios muy parecidos en la calle de Can Travi , en el torrente de la Carabassa y en la Clota, y cuentan que debajo de lo que ahora es el aparcamiento de la plaza de las Bugaderes, sin urbanizar, había también una gran zona de lavaderos populares, señala Mariano Serrano, de El Pou.

La concejala de Horta-Guinardó, Rosa Alarcón, asegura que están trabajando en una propuesta para que los terrenos en juego se conviertan, tal y como reivindican vecinos, historiadores y arquitectos en un «espacio de memoria», sin llegar a comprometerse, eso sí, a "mantener las casas como tal". "Tras reunirnos con El Pou y con los vecinos tenemos sobre la mesa varias propuestas y soluciones y estoy convencida de que llegaremos a un acuerdo que convenza a todo el mundo", zanja la edila.