COSTUMBRES AFECTADAS

El Grinch va de compras por Barcelona

  • Los centros comerciales encaran sin aglomeraciones su primer fin de semana abierto de diciembre
  • Un clásico, la entrega de la carta a los reyes o a Santa Claus, deriva en soluciones muy distintas por el covid
El centro de recepción de cartas infantiles, en L’Illa Diagonal

El centro de recepción de cartas infantiles, en L’Illa Diagonal / MANU MITRU (MANU MITRU)

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Carles Cols

Primer sábado pandémico de diciembre en que los grandes centros comerciales de Barcelona (La Maquinista, Diagonal Mar, Glòries. L’Illa…) abren todos sus establecimientos al público. Falta menos de una semana para la Navidad. En comparación con las apreturas de otros años por estas fechas, la sensación, a falta de cifras, es que había poca gente. Compras, sí. Colas en el exterior de algunas tiendas, también, pero es que para comprar calcetines, por ejemplo, solo podía haber dos clientes dentro del local. Siete minutos de espera para comprar cuatro pares, más uno de regalo. Dentro de un mes, alguno de ellos habrá perdido su pareja correspondiente. Eso nunca falla. En resumen, que este año no hace falta que venga el Grinch para arruinar la Navidad.

Para poner el termómetro en esta atipiquísima jornada prenavideña han sido visitados los tres grandes centros comerciales de la Diagonal, L’Illa, Glòries y Diagonal Mar. La elección podía haber sido otra, pero que, ya se sabe, la línea recta es el camino más corto en matemáticas y, cuando hay poco tiempo disponible, en periodismo.

Mascarillas en su lugar

Días atrás, alguno de esos polos comerciales estaba parcialmente abierto. Dependía de una curiosa lotería. Los negocios con puerta a la calle podían abrir. El resto, salvo que fueran de alimentación, no, pero dentro de ese criterio había otras insondables excepciones. L Fnac, por ejemplo. Entonces, en otra visita a media semana, daba una cierta angustia ver como los vigilantes de seguridad privada tenían que avisar cada dos por tres a los clientes de que se colocaran bien la mascarilla. Demasiadas narices a la vista. Este sábado, en el mismo pasillo central, no había desidia alguna, como si la altura de las mascarillas subiera al mismo ritmo que el llamado índice de reproducción del virus. Mascarillas en su sitio, gel a tutiplén y, tal vez, menos gente.

A primer golpe de vista podría casi certificarse que la situación era idéntica en los tres centros comerciales visitados. Incluso la oferta de calcetines, cinco pares por el precio de cuatro, es posible adquirirla en iguales condiciones en los tres centros comerciales. Pero, con espíritu sabueso, era posible encontrar algo realmente muy distinto. Un clásico en estas fechas, la entrega de la carta de los Reyes Magos o a Santa Claus, ha sido resuelta en cada lugar con distinto ingenio.

Correo electrónico real

Lo más Grinch, por decirlo algún modo, es lo de Diagonal Mar. “Buenos días. ¿Hay algún paje, no digamos ya un rey, al que entregarle la carta?”. Una empleado del centro responde con la sonrisa que se supone que va con su sueldo. “No, este año hay que enviarla por correo electrónico”. Parecerá una modernez, pero a todo crío el correo electrónico le parece a estas alturas del siglo algo de viejos. A lo mejor desdeñan esta forma de entrega, no se que al final les traigan oro, incienso y mirra o, peor aún, un muslo de Rudolph guisado con cebolletas.

En La Maquinista, hecha la consulta por teléfono, la entrega de la carta es presencial, pero con cita previa, como si fuera Hacienda. Eso sí, es de agradecer que a la que han visto que se llenaban todas las horas disponibles, han contratado más miembros del séquito real.

Glòries, aunque con cambios de escenografía en comparación con otras navidades menos ‘grinchianas’, se ajusta más al canon de lo que se espera de los Reyes Magos o de un Papa Noel reglamentario. Las familias, en riguroso orden, entran en un establecimiento adecuadamente decorado.

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El servicio postal más interesante, como mínimo el que mejor prepara a los pequeños para el día de mañana, es el de L’Illa. Está donde corresponde, en la plazoleta donde en otras ocasiones se montan exposiciones. Vista con la perspectiva adecuada, 10 pasos atrás, es literalmente una urna gigante con un par de ranuras. Los niños pueden hablar con los recogedores de cartas a través de un cristal. Pueden pasar la carta a través de una ranura. Aprenden así el concepto de ventanilla ministerial. Una cosa, eso sí, hay que reconocérsela. La ranura no es estrecha. Es bien ancha. Hay críos, y esto es tan verdad como que hay agua en el mar, que las escriben en una página Din A3.

El próximo fin de semana, quién sabe, la visita puede ser diametralmente distinta. Con media Europa reconfinada de nuevo, es posible que todo cambie de nuevo. El doctor Seuss, autor del Grinch y de otros alocados cuentos más, le habría sacado mucha punta, sin lugar a dudas, a unas navidades como estas. Qué lástima que ya no esté entre nosotros.