BARCELONAS

Carmen de Mairena, 'in memoriam'

Una audioserie de Storytel reconstruye en seis capítulos la biografía de la cupletista 'trans'

Carmen de Mairena en una presentación en el Coliseum, en el 2008.

Carmen de Mairena en una presentación en el Coliseum, en el 2008. / ÁLVARO MONGE

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Única e irreverente, icono pop o reina del 'kitsch', símbolo de la lucha LGBTIQ. Carmen de Mairena falleció el pasado 22 de marzo, a los 87 años, en un hospital barcelonés, adonde había ingresado con un cuadro de neumonía sin vínculo alguno –o eso dijeron– con el coronavirus. Estaba ya muy delicada, apenas ingería alimento y necesitaba una silla de ruedas desde que ingresó, cuatro años atrás, en una residencia geriátrica. La noticia de su muerte, en pleno confinamiento, con tanto encierro y comecocos por delante, prendió una bombilla en la cabeza de Borja Prieto –músico, gurú tecnológico, agitador cultural–, la idea de hacerle un homenaje a través de una audioserie, recién estrenada en Storytel, plataforma digital de audiolibros, podcast y libros electrónicos. Nuevas formas de ocio.

Se pusieron manos a la obra el periodista Santi Villas, autor del guion, y el escritor Bob Pop, la voz que narra los seis capítulos de la serie, titulada 'Carmen de Mairena: una vida trepidante, por detrás y por delante', en un guiño a los ripios hilarantes, irreproducibles en horario infantil, que acostumbraba. Para reconstruir el caleidoscopio de su personalidad, la de una cupletista nacida bajo el nombre de Miguel Brau Gou en la Barcelona de los años 30, Villas ha entrevistado a su círculo más cercano, a sus hermanas, sus amigos y vecinos del Raval y algunas caras mediáticas con las que se codeó desde su irrupción en 'Crónicas marcianas'.

Santi Villas en el ancla de Drassanes, uno de los escenarios vitales de la cupletista. / RICARD CUGAT

Silicona y Superglú

Qué gran misterio Carmen. Debutó como Miguel de Mairena en los años 50, en un concurso de Radio Barcelona que patrocinaba fajas Jumar, y siguió luego cantando copla en los cabarets del Paral·lel. Aunque su humor de sal gruesa y brocha gorda invitaría a imaginarla transparente como un cristal, sin doblez alguna, de la biografía que traza la serie emerge un personaje complejo, con mucho dolor detrás: palizas, calabozos, la ley de vagos y maleantes, prostitución. Una figura histriónica en la tele, de burla y cachondeo, adorada sin embargo en el barrio por su generosidad y simpatía. Dice Villas que su piso de la calle de Sant Ramon parecía 'El Lerele', la residencia de Lola Flores en La Moraleja, porque de ella salía y entraba todo el mundo, y nunca se negaba el plato de macarrones a nadie. Carmen de Mairena se sentó en el banquillo en un par de ocasiones, pero en ambas salió en libertad sin cargos porque solo había alquilado habitaciones de su casa a prostitutas, sin tener nada que ver con una red de proxenetas.

Uno de los testimonios más interesantes de la serie es el de su hermana Pilar, quien cuenta cómo la familia se enteró de la homosexualidad de un chaval que quería ser artista, espoleado por la pasión musical del padre, un aragonés aficionado a cantar jotas. El clan se enteró por televisión de su reasignación de sexo, a destiempo y mal hecha, con inyecciones de silicona líquida y Superglú en las cicatrices.

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