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La Barcelona imposible de Gaudí

Un libro de artista reúne y estudia todos los dibujos conservados, la mayoría se quemaron en 1936, del genial arquitecto modernista

Hay proyectos no realizados, como una fuente monumental para la plaza de Catalunya y el paraninfo de la universidad de Barcelona

De izquierda a derecha, detalles del paraninfo de la UB, de la fuente de la plaza de Catalunya y de un quiosco de flores que diseñó Gaudí para Barcelona.

De izquierda a derecha, detalles del paraninfo de la UB, de la fuente de la plaza de Catalunya y de un quiosco de flores que diseñó Gaudí para Barcelona.

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La Barcelona de Gaudí (1852-1926) es conocida, mejor, archiconocida. Ahí están los 4,5 millones de turistas que congrega anualmente la Sagrada Familia (ahora desaparecidos con la pandemia y con ellos el montante que permitía ir acabando la sempiterna obra) y los 3,1 millones que cada año transitan por el Park Güell (también ausentes para alegría de los vecinos usuarios del parque). Casa Vicens, Batlló, Milà, Calvet, Bellesguard, Teresianas y Palau Güell, al margen. Pero menos conocida es la Barcelona imposible de Gaudí. Vamos, la que imaginó y dibujó pero no realizó. La hay. Proyectos de estudiante que se quedaron en eso, en ejercicios, como la reforma de una parte de lo que entonces era sede de la Diputación de Barcelona y ahora es Palau de la Generalitat o la construcción del paraninfo de la Universitat de Barcelona. Y otros que fueron encargos frustrados, como la transformación del Saló del Consell de Cent o un fantástico quiosco de flores para el Eixample con urinario público incorporado. 

Nada de eso es desconocido, pero hasta ahora no se habían recogido  todos sus dibujos bajo un mismo paraguas. Lo hace Artika, en un volumen que más que libro es obra de arte: ‘Gaudí en primer plano’, una edición limitada y supercuidada que reproduce 48 dibujos a escala original (los detalles más evocadores y bellos de cada uno) e incluye alguna pieza inédita, como el plano que el modernista realizó para analizar cuál sería la visibilidad de la Sagrada Família tras aplicar el plan urbanístico de Léon Jaussely. El libro de artista, además, incorpora el estudio de dichos bocetos a cargo de la doctora en Historia del Arte Mireia Freixa, y cuenta, también, con la colaboración del director de la cátedra Gaudí: Juan José Lahuerta y de Jordi Faulí, actual arquitecto del templo expiatorio. El volumen es resultado de más de una década de investigación barriendo todos los archivos susceptibles de custodiar trabajos salidos de la mano del genial arquitecto. 

Provocación a Elies Rogent

El corpus resultante no es excesivo, no en vano el archivo personal de Gaudí se quemó junto con su taller de la Sagrada Família en 1936. Algunas fotos conservadas revelan que allí había material, pues se aprecian planos enrrollados y guardados en anaqueles, pero también es muy posible que no hubiera tanto como lo legado por arquitectos contemporáneos del genio, como Lluís Domènech i Montaner, y Josep Puig i Cadafalch. ¿Por qué a Gaudí se le supone menos prolífico en planos y esbozos? Por su concepto extremadamente volumétrico de la arquitectura y su querencia por trabajar con maquetas. Entre los más espectaculares de los proyectos dibujados y no ejecutados figura el del paraninfo de la Universitat de Barcelona. El tema tiene su miga. Fue el trabajo de fin de carrera del modernista ante un tribunal presidido por Elies Rogent. Hasta aquí nada que parezca inusual. Pero lo había. Rogent era el autor del edificio universitario y por entonces estaba proyectando el paraninfo. Y Gaudí era crítico con la construcción y no le gustaba en absoluto lo que se estaba haciendo para el salón de grados. Así que presentó su propuesta, en las antípodas de la de Rogent, mucho más moderna y organizada alrededor de una enorme cúpula ovalada rematada por una gran linterna que dotaba de luz cenital al espacio. Una provocación que casi acaba mal: Gaudí aprobó, aunque fue juzgado con mucha severidad. 

Con Rogent se enemistó por un proyecto sin posibilidades pero con Domènech i Montaner lo hizo por un encargo. A raíz de la Exposición Universal de 1888, el ayuntamiento quiso reformar el Saló de Cent y se lo confió a Gaudí. Este diseñó una intervención drástica de la testera, con dos ventanales de estilo gótico y un rosetón central. La descripción de los presupuestos que conserva el archivo municipal invitan a pensar que estaba todo muy estudiado. Pero no se hizo. Desavenencias entre Gaudí y el consistorio acabaron con el encargo en manos de Domènech i Montaner y con el distanciamiento de los dos amigos. 

Iconografía según la 'Crònica' de Ramon Muntaner

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La transformación del entonces palacio de la Diputación (ahora de la Generalitat) y de la plaza de Catalunya también estuvieron en la mente del genial arquitecto. Para el primero (que no está claro que partiera de la preconstrucción de la plaza de Sant Jaume) proyectó un patio con gran escalinata de acceso decorada con esculturas ecuestres, arcos de medio punto sobre columnas geminadas de hierro fundido y una claraboya metálica rodeada por una terraza. Para la plaza diseñó una fuente monumental. Ambos proyectos eran ejercicios de estudiante, pero sobre este último Gaudí abrazó la idea de materializarlo, ya que por esa época se estaba debatiendo la urbanización de la plaza, por entonces un espacio indefinido lleno de quioscos. Pero no prosperó.

Como tampoco prosperó la idea de Enrique Girosi de llenar las nuevas calles del Eixample con puestos para flores en la parte frontal y urinarios de pago para hombres y mujeres en la parte posterior. Promotor y ayuntamiento no se pusieron de acuerdo, y el diseño metálico que había realizado Gaudí quedó inédito. Tan inédito como la idea que salió  del lápiz del modernista para iluminar la muralla de mar. A saber, la fortificación había dejado de tener su uso defensivo y se había convertido en paseo. De manera que junto al ingeniero Josep Serramalera i Aleu, Gaudí planeó su electrificación y la presentó al ayuntamiento. De ello no queda más que la constancia de un pequeño esbozo, la afirmación de Josep Francesc Ràfols i Fontanals, discípulo del modernista, y un documento del genial arquitecto sobre la iconografía del espacio imaginada a partir de del relato de la ‘Crònica’ de Ramon Muntaner sobre  la expedición catalana a Oriente en la edad media. Es la Barcelona imposible de Gaudí.