27 oct 2020

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ÉRASE UNA VEZ EN EL BARRIO... (34)

Una puerta abierta en la calle Princesa

La Fundación Bayt lleva cuatro décadas siendo el lugar de acogida de los marroquís llegados a Barcelona

Este verano organizaron un 'casal' con los chicos sin referentes de la plaza del Pou de la Figuera

Helena López

Conversación en una de las ventanas de Bayt, en el Casc Antic.

Conversación en una de las ventanas de Bayt, en el Casc Antic. / JOAN CORTADELLAS

Bayt significa casa y sería difícil encontrar un nombre que definiera mejor el lugar. Sus laberínticos pasillos no son ni barrera ni secreto para las cientos de personas vinculadas a este espacio. Por algo es su casa. Pese a que el azul Chauen está muy presente en sus paredes, el primer piso de esta señorial finca de la calle de Princesa es un lugar que se caracteriza por su calidez, incluso en los tiempos que corren, de obligada distancia y mascarilla. Tras los grandes ventanales de sus distintas estancias, abiertos de par en par para hacer del espacio un lugar seguro incluso en el año de la pandemia se cuela el barrio de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, donde la Fundación Bayt Al-Thaqafa -casa de la cultura en árabe- tiene su sede desde mediados de los años 70. Bayt -como todos conocen el espacio- es una de las piezas que conforman el engranaje de la vida comunitaria del barrio.

El curso que acaba de comenzar desde la fundación organizan una extraescolar de árabe en el vecino colegio público Cervantes y el verano que acaba de pasar dinamizaron la plaza del Pou de la Figuera, uno de los espacios públicos centrales del barrio, tanto por sus dimensiones como por sus características e historia. Fue una suerte de ‘casal’ de verano informal durante los meses de julio y agosto para los chicos que pasan las horas en la plaza, muchos de ellos porque no tienen ningún otro lugar al que ir. "Se organizaron muchas actividades, sobre todo deportivas. Partidos de fútbol, de baloncesto, pinpón, los chicos lo disfrutaron mucho, sobre todo la salida a las piscinas de Montjuïc, que era también una forma de que pudieran salir del barrio y disfrutar de otros espacios", explica Núria Satué, técnica del proyecto de atención integral a jóvenes de la fundación, desde el que trabajan con más de 150 jóvenes migrados sin referentes cada año; la gran mayoría chicos de entre 16 y 20 años.

El 45% de los vecinos de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, en Ciutat Vella, son de origen inmigrante

Requisitios imposibles

Más allá del 'casal' del Pou -un encargo del distrito de Ciutat Vella- desde la fundación trabajan con estos chicos durante todo el curso. "Muchos viven en centros hasta los 18, y desde allí nos los derivan para las formaciones, pero a partir de la mayoría de edad es habitual que se queden en la calle. Hay chicos que no vienen a Bayt a hacer ninguna formación en concreto ni a buscar asesoramiento, sino porque aquí encuentran un lugar acogedor en el que pasar un rato sin ser juzgados ni perseguidos. Es casa", señala Caterina Pons, responsable del proyecto, quien denuncia que se están denegando renovaciones de NIE a jóvenes extutelados por no tener "medios de vida". "Piden a los chicos unos ingresos mensuales de más de 2.000 euros para renovarles el NIE, un requisito obviamente inasumible, ya que ni siquiera tienen permiso de trabajo", añade Satué. Pons y Sanué apuntan también que les están empezando a llegar multas de jóvenes en situación de calle por incumplir el confinamiento. Sanciones de 300 euros cuyo servicio jurídico está recurriendo.  

"Hay chicos que vienen solo a pasar un rato. Aquí se sienten seguros; para algunos es lo más parecido a casa"

Caterina Pons

Fundación Bayt Al-Thaqafa

En otra de las salas de la fundación -creada por la monja Teresa Losada en su empeño por acoger a las que las personas que en aquel entonces empezaban a llegar de Marruecos sin que perdieran su identidad- charlan Sara Yagüe, responsable de Acogida sociolingüística Laia Núñez, una de las 30 voluntarias del programa, en el que imparten clases de catalán, castellano, de teórica del carnet de conducir y de preparación para el examen de Nacionalidad. "Le llamamos acogida sociolingüística porque la parte 'socio' es muy importante. En las clases se crea un clima de seguridad y confianza en el que salen muchas cosas que después trabajamos de forma coordinada con las distintas áreas. Yo siempre traigo galletas o chocolate por si alguien no ha comido", relata Yagüe. Este curso, para adaptarse a las nuevas necesidades de espacios, harán clases también en el centro cívico Palau Alòs (sería muy difícil acoger a los 200 usuarios de sociolingüística en los actuales espacios cumpliendo con las medidas de seguridad). 

Si alguien tiene una visión global del papel de la entidad en la realidad del barrio es Mireia Aguado, vecina del lugar y coordinadora de la fundación, a la que entró como voluntaria con 19 años, hace 31. "La realidad ha cambiado muchísimo en estos años y nos hemos ido adaptando", explica Aguado, quien reivindica la figura de la fundadora. "Teresa Losada fue una pionera en la mediación para abrir mezquitas. Ayudó a poner en marcha muchísimos centros de oración", recuerda Aguado, quien destaca que la mirada de Losada en aquella época fue rompedora. La monja fue autora del ya lema antiracista "esperaban trabajadores, vinieron personas".