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Reinventarse como lector a domicilio

El Covid-19 ha arrasado con historias de vida como la de Mario Pérez, cocinero del popular restaurante L'Àvia del barrio del Raval que, tras 35 años sobre los fogones, ahora se anuncia como lector a domicilio

El barcelonés Mario Pérez Ruiz, una víctima del covid-19 que se reinventa.

El barcelonés Mario Pérez Ruiz, una víctima del covid-19 que se reinventa. / JORDI COTRINA

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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A Mario Pérez Ruiz (Montevideo, 1960) no le sorprendió que el restaurante que regentaba desde hacía 35 años en el barrio del Raval de Barcelona tuviera que cerrar exactamente el mismo día de su 60º cumpleaños: el 26 de mayo. Fascinado por el esoterismo y la espiritualidad, asegura que “ya lo había soñado”.

La persiana del popular local de comidas L’Àvia de la calle de la Cera es una de las muchas que no volverán a levantarse tras el paso del Covid-19. El cierre ha dejado sin sustento al popular cocinero y a la familia de su hijo. Pero hace falta más que una pandemia para tumbar a este hombre de cuerpo grande y nariz bulbosa. Al poco del cierre ya andaba colgando anuncios por el centro de la ciudad: Lector se ofrece a domicilio. Voz cálida y humana, buena oratoria.

Lectura en voz alta

La posibilidad de que alguien contrate a un desconocido para que le lea en voz alta a 15 euros la hora con el virus pululando por ahí es altamente remota. Pero esta no es una historia de emprendimiento. Esta es la historia de una pasión desmedida por los libros y el conocimiento, de idealismo y de una particular genética insurreccional que, combinada con un agudo instinto de supervivencia, ha llevado a varias generaciones de esta familia a empezar de cero más de una vez.

La abuela de Mario Pérez era Carolina Serrat, la Carolina que dio nombre al famoso puesto de flores de La Rambla, una mujer de armas tomar que, como muchas personas en la Barcelona de la época, frecuentaba círculos masónicos y espiritistas. Su padre, Mariano Pedro Pérez Muntaner, era un pastelero “anarco-comunista, exboxeador y exbailarín” que en 1948 se marchó a hacer fortuna a Uruguay.

Cuenta, con profusión de detalles, que vivían en la calle Convención de Montevideo, frente al domicilio de Mario Benedetti, y que entre los exiliados republicanos que más frecuentaban su casa estaba la gran actriz Margarida Xirgu. “Ella me sentaba en su regazo y me recitaba poemas de García Lorca y canciones tradicionales catalanas –rememora--. En mi casa solo se hablaba catalán y el castellano no lo aprendí hasta los 5 años”.

El casal catalán de Montevideo

Su padre fue secretario del Casal Català y cofundador del Centro Republicano Español, pero tras el golpe de Estado de 1973, que dio paso a 12 años de dictadura, el negocio familiar fue víctima de tres ataques a mano armada. “Para que nos falte la libertad en Uruguay, nos volvemos a España”, decidió el cabeza de familia.

En 1975 padre e hijo abrieron el restaurante L' Àvia en el Raval. Mario entró a militar en partidos comunistas aún clandestinos, pero por poco tiempo. En 1976 volvió a Uruguay, estudió en el Círculo de Periodistas del Estado y se metió en asuntos políticos que pusieron en peligro su vida. Dos años después, su madre movió hilos para repatriarlo.

De nuevo en Barcelona, el chico gastaba tanto dinero en libros que su madre le sugirió que cogiera un puesto en el mercado de Sant Antoni para poder vender los que no quisiera conservar. Al mismo tiempo, L’Àvia empezó a ser muy popular entre noctámbulos y mochileros. Igual se podía engullir una pizza o una empanada como degustar un bacallà amb samfaina a precios populares. Además, el local tenía una pequeña biblioteca compuesta por libros de cocina y una selección de los 22 títulos que Mario ha escrito a lo largo de su vida, que van desde la ficción hasta la espiritualidad pitagórica, la masonería o Ramon Llull.

Su habilidad conversadora era (y es) legendaria. Muchos clientes salían de L’Àvia con la sensación de haber vivido una experiencia borgiana entre el sueño y la realidad. De hecho, hablar demasiado le acarreó algún problema que aún arrastra a día de hoy, pero esa es otra historia que su protagonista tiene pendiente contar.

Y entonces la pandemia lo hizo saltar todo por los aires. ¿Y ahora qué? ¿Otra vez a empezar de nuevo? Llegados a este punto, este hombretón que no ha dejado de hablar durante una hora no halla palabras y se hunde en un emocionado silencio que durará exactamente 55 segundos.

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“Es una situación muy difícil –dice al recuperar el habla--, no solo para mí, sino para mucha gente. Es una lucha ya de generaciones… Vivimos en una sociedad de obligaciones adquiridas absurdas, donde los más poderosos y crueles siempre sacan la mejor tajada, y a la mayoría se le niega la comida, un techo o la felicidad. Mi familia ha pagado un precio muy alto, quizá porque no nos sometemos, quizá porque pensamos. Como diría Lao-Tse: ‘Los que no saben, no sufren’”.

Soprendentemente, a Mario le han salido algunas lecturas. Continúa con sus puestos de libros en el mercat de Sant Antoni y además le han ofrecido hacer rutas esotérico-culturales por Barcelona y está haciendo trámites para reconvertir un quiosco de prensa en un punto de compra-venta de libros de segunda mano. También ha hecho una entrevista para trabajar de pizzero.