29 oct 2020

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ENCUENTROS EN LA PRIMERA FASE

Barcelona sale en masa a tomarse una caña de noche

Hasta dos horas y media de espera para conseguir una mesa en una de las 5.500 terrazas reabiertas en la ciudad

"Ingreso lo mismo por media terraza que cuando estaba entera y con el interior abierto", dice el dueño de un bar

Toni Sust

Una terraza repleta en el paseo de Sant Joan cuando reabrieron a finales de mayo, durante la fase 1.

Una terraza repleta en el paseo de Sant Joan cuando reabrieron a finales de mayo, durante la fase 1. / MANU MITRU

El grupo llega al bar y pide una mesa. La terraza está repleta, son las 10 de la noche. Las mesas están llenas y también los bancos del entorno, y la acera en general, porque la masa espera turno para tomarse su cerveza: hace tres días que ya está permitido sentarse en una de las 5.500 terrazas de la ciudad, que están disponibles de nuevo después de meses de clausura. Disponen de más espacio pero de la mitad del aforo anterior.

El caso es que el responsable del bar recibe al grupo: "Chicos, son dos horas de espera para una mesa". Hasta dos horas y media, precisa. Es el bar 55, en el paseo de Sant Joan, habitualmente ya muy frecuentado. Pero este miércoles parecía un sábado.

Colegios y terrazas

Pese a que estos días circulan comentarios propios del tuitero que todos llevamos dentro del estilo es intolerable que reabran las terrazas y no los colegios, la cara de satisfacción del ciudadano por volver a una mesa en la calle es impagable, un alivio necesario tras el confinamiento. Eso sí, sin entrar en regañinas, ya que en general en las terrazas se sientan adultos, cabe comentar que un paseo nocturno por terrazas y plazas de Gràcia y el Eixample deja dos cosas claras: distancia social, la justa. Mascarillas, muy pocas.

A las 21.15 de este miércoles las mesas del bar Cadaqués, en la plaza de la Vila de Gràcia, están todas ocupadas. Son cinco de las 10 habituales. El camarero dice que a principio de semana, cuando reabrieron, todavía había más expectación. La terraza contigua, del bar Amélie, también está a tope. En la plaza, poca gente sentada en el suelo: alguno bebe en los bancos, pero en ocasiones la Guardia Urbana interviene para evitarlo.

Terraza en la calle de Enrique Granados de Barcelona / MANU MITRU

No es un tema menor para varios propietarios de bares de la zona, que se quejan de que cuando reabrieron se toparon con que la autoridad les impedía vender cervezas a transeúntes que se las llevaran, ya que no pueden entrar a consumirlas. Aseguran que ese rígido control no se ha ejercido en el caso de otros comercios de alimentación que también venden alcohol. Un alcohol que en teoría uno adquiere para llevarse a casa, pero nada impide que acabe siendo consumido en la calle. "Es que en esos comercios tienen abridores y vasos a la vista para los clientes", señalan.

Desalojo en la plaza del Sol

En cada plaza hay agentes. En la del Sol hubo un desalojo el lunes: parecían las fiestas de Gràcia, aunque con grupitos diseminados por el suelo. Este miércoles, ese suelo estaba vacío en la parte central: un coche de la Guardia Urbana ha tomado ese centro. En los laterales de la plaza del Sol, hay que esquivar a la gente para caminar. En la plaza de la Revolució, menos gente. En la Virreina, apenas nadie.

Las franjas horarias se están desdibujando desde que llegó la fase 1, pese a que siguen vigentes. En teoría, los niños pueden salir hasta las siete de la tarde, pero cerca de las 10 de la noche se ve a madres y padres con sus vástagos, a pie, en bicicleta.

Paseo de Gràcia, el desierto

El furor con el que los barceloneses se están lanzando a las terrazas tiene sus efectos. Lo explica el dueño de un bar del Eixample que requiere el anonimato: "Estoy ingresando por media terraza lo mismo que ingresaba antes de la crisis del coronavirus por la terraza entera y con el interior abierto".

Botellón en la plaza del Sol, el lunes, minutos antes de que la Guardia Urbana la desalojara. / FERRAN NADEU

El recorrido por Gràcia y el Eixample delata que no solo las terrazas con más capacidad atraen a la gente. Allí donde hay dos mesas, están ocupadas. Sin embargo, quedan espacios desérticos en la ciudad. Entre ellos, destaca el paseo de Gràcia, repleto de tiendas planteadas para turistas. Y como los turistas no están, aquello parece un cementerio. De Aragó hasta Diagonal, nadie a las 11 de la noche. Ni una terraza abierta.

A esa hora, en Gràcia, las plazas están vaciándose, pero muy lentamente. Es el momento en el que los bares tienen que dejar de servir, aunque las terrazas no se cierran hasta medianoche; la una los viernes y los sábados. Y sí: los niños todavía no han vuelto al colegio, pero sus padres, o por lo menos sus hermanos mayores, han salido a tomarse una caña.