14 jul 2020

Ir a contenido

EFECTOS POSITIVOS DEL CONFINAMIENTO

Barcelona encadena una semana con el aire más puro del último siglo

El bajón de la contaminación y la movilidad desboca la flora urbana, regenera Collserola y relaja a la fauna

El silencio permite, entre otras cosas, escuchar la cópula del sapo partero en los embalses naturalizados

Carlos Márquez Daniel

Barcelona encadena una semana con el aire más puro del último siglo

La reducción de los niveles de contaminación a mínimos jamás conocidos en la historia moderna es un hecho lógico, puesto que la movilidad, sobre todo en vehículo privado, ha caído de manera exponencial gracias y por culpa del estado de alarma. También han reducido al mínimo su actividad el aeropuerto y el puerto. El coronavirus, la pandemia, el confinamiento, todo lo que tiene que ver con esta tragedia sanitaria internacional, deja de lado, por ahora, la flora y la fauna. Hemos visto pavos reales por las calles de Valladolid, un oso en un pueblo asturiano, jabalís en la Diagonal de Barcelona, delfines en los puertos italianos. Pero vale la pena trascender a la anécdota. Pongamos por caso la capital catalana, ¿cómo afecta el confinamiento humano al resto de seres vivos de la ciudad? ¿Y los parajes naturales como la Ciutadella, Collserola, Montjuïc y el resto de zonas verdes urbanas, de qué manera va a cambiar su morfología? Ahí va un avance: en nada, en determinados barrios, el silencio permitirá escuchar la cópula del sapo partero. La primavera, la sangre altera. 

Las estaciones que miden la polución rozan estos días el encefalograma plano. Qué lejos queda ese domingo de calles abiertas, tres semanas atrás, en el que Aragó se cerró de punta a punta para que la ciudadanía ocupara la arteria más deshumanizada. Todo es ahora un poco así. Sin coches, pero también sin personas. Marc Montlleó, director de proyectos ambientales de Barcelona Regional, apunta que la actual situación, y la calidad del aire de estas semanas, "nos dan la pista de que es necesario, y beneficioso, que bajemos el ritmo". Se ha publicado que los datos de contaminación recogidos son los más bajos de los últimos 20 años. Este experto va más allá. Si se tiene en cuenta que los automóviles del siglo pasado polucionaban mucho más que ahora, que antes se usaba el carbón, que tuvimos incluso problemas de exceso de azufre, que la industria expulsaba por las chimeneas y a través de los ríos sin control, "es probable que tengamos que remontarnos a la primera mitad del siglo pasado para encontrar una sucesión de días con el aire tan limpio". Sin ser una afirmación demasiado científica, podría decirse que vivimos las semanas con el mejor aire de los últimos 100 años

Foto de Barcelona, sin contaminación, tomada desde Torre Baró/ JORDI COTRINA

Todas las estaciones que registran la cotaminación están aportando cifras récord por la parte baja. Lo normal es superar de largo el máximo que marca la Organización Mundial de la Salud. Ahora estamos por debajo de la mitad. La reducción del uo del coche, casi del 75%, viene a demostrar hasta qué punto la movilidad privada es la nave nodriza de la polución. Lo poco que queda, señala Montlleó, lo genera "el reparto en comercios de alimentación o las compras 'online', los autobuses y los servicios mínimos de emergencia". Está echando una mano el tiempo, con días de viento y algo de lluvia que permiten limpiar aún más si cabe la atmósfera, ese paraguas gris que, sin pandemia, solía situarse sobre Barcelona del mismo modo que las naves de la película 'Independence Day' cubrían el cielo de Los Angeles. Es una buena oportunidad, añade, para "medir el metabolismo basal de la ciudad", o lo que es lo mismo, para analizar el consumo de energía de Barcelona (en todas sus vertientes) en una situación de reposo casi absoluto. Tiempo habrá también para calcular cuántas muertes se han evitado con estos días de superlativa calidad del aire. 

En la Champions en biodiversidad

Todo este parón de suciedad en suspensión beneficiará sin duda a la vegetación. Eso, y que los humanos no pisarán los parques, cerrados a consecuencia del decreto de alarma. Del tema sabe un montón Octavi Borruel, biólogo del Programa de Biodiversidad del Instituto Municipal de Parques y Jardines. Sobre la presencia de jabalís por las calles, recuerda que este en un fenómeno habitual, sobre todo en lo barrios de montaña. "Lo que está pasando ahora es que encuentran menos alimento en las basuras de Collserola, lo que les obliga a ampliar su zona de rastreo". Esta situación, sostiene, genera una oportunidad única para que la ciudadanía se dé cuenta de la cantidad de seres vivos que conviven con nosotros en Barcelona. "Tenemos, por ejemplo, 83 especies de aves que anidan en la ciudad, 17 tipos de libélula, casi 40 mariposas distintas. Tenemos erizos, ardillas, nueve especies de murciélago...". Sin dejar de lado las palomas, las ratas y los insectos. Estas cifras, unidas a la paleta vegetal, colocan a la capital catalana en la Champions de ciudades con una mayor biodiversidad.

La Urbana advierte a un hombre en plaza de Catalunya de que no puede dar de comer a las palomas en plena pandemia / ferran nadeu

También hay ranas. Y sapos. Y ojo porque llega la primavera, y con ella, la época del apareamiento. Señala Borruel que algunos embalses naturalizados de la ciudad, como el del Turó Park y el de la Tamarita, serán escenario del acto reproductivo del pequeño sapo partero, cuyo fornicio pasa normalmente inadvertido por el bullicio metropolitano. El macho, por cierto, es quien carga con los huevos en la espalda durante un mes. La tranquilidad y el silencio es, sin duda, un factor positivo para la fauna barcelonesa, pero según este experto, "no se esperan grandes cambios en el comportamiento", más allá de que algunas especies, como las palomas o las gaviotas, se pongan algo más nerviosas en la búsqueda de alimento.

En cuanto al verde, la lógica dice que los parques billarán más que nunca. También Collserola tiene una oportunidad de oro para regenerarse. Con un dato se entiende mejor: la carretera de las Aigües recibe cada año cerca de 2,5 millones de visitas. Del mismo modo, los plátanos de la ciudad, cargaditos de ese polen tan odiado por los alérgicos, se ahorrarán durante unas semanas "las partículas contaminantes que tanto les dañan. "El arbolado vial se verá sin duda beneficiado", añade. ¿Puede suceder, como ya pasó durante la peste de la primera mitad del siglo XIX en Barcelona, tal y como recoge el historiador Dani Cortijo en este artículo de 'Nació Digital', que en las calles llegue a crecer hierba ante la ausencia de paseantes? Borruel cuenta que el mundo de la flora tiene un montón de "especies oportunistas", y que sin duda veremos vegetación en lugares impensables. Quizás sea cierto eso de que los humanos son el principal enemigo del planeta