18 feb 2020

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la ciudad literata

Refugios entre bares y pisos turísticos de Barcelona

La Carbonera es un ejemplo de librería cooperativa que ofrece un respiro cultural al Poble Sec

El gremio subraya que el futuro del sector pasa por trascender la vertiente más comercial

Berta López

Un cliente busca libros en La Carbonera. / LUAY ALBASHA

Un cliente busca libros en La Carbonera.
Carlota Freixenet, en el mostrador de la librería La Carbonera.

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A primera hora de la tarde, las más de 20 terrazas que ocupan la calle de Blai de Barcelona esperan, con las estufas encendidas, a ser invadidas por jóvenes y turistas. Desde hace ya algunos años, el Poble Sec, entre el bullicio de la avenida del Paral·lel y la tranquilidad de Montjuïc, se ha convertido en uno de los barrios de moda de la capital catalana. Su creciente popularidad ha reconvertido lo que antes eran comercios de proximidad en una nueva especie omnipresente a lo largo de los 500 metros de la calle principal: los bares de tapas.

Entre restaurantes de pinchos a un euro y bares de copas, en el número 40 de la calle de Blai se esconde La Carbonera, una librería cooperativa que nació en el 2017 de la mano de tres jóvenes, Carlota, Mar y Aitor, para ofrecer al barrio no solamente un espacio donde comprar libros, sino también un centro cultural. "El primer año nos dedicamos a tejer una red con toda la gente del barrio -explica Carlota, una de las socias-, la idea es que esto sea un centro de interés donde se hagan actividades y donde pasen cosas".

Hacia un nuevo concepto de librería

En La Carbonera te puedes encontrar desde una noche literaria dedicada a Harry Potter hasta un club de lectura de Silvia Federici. "Somos una librería de batalla -dice Mar, la segunda socia-, pero también nos gusta hacer conciertos, vermuts, noches de juegos, cosas diferentes que nos apetece a nosotros y a nuestro entorno". Este dinamismo cultural, así como la proximidad con el cliente, es lo que las diferencia de gigantes como la Casa del Llibre o la FNAC. "La gran mayoría de clientes son del barrio. Tenemos un sistema de socias, mediante el cual la gente paga una cantidad al mes que se acumula y puede gastar cuando quiera".

El futuro del sector

Este es, según el Gremi de Llibreters de Catalunya, el futuro del sector. "La librería tiene que ser vista como un equipamiento cultural más allá de la vertiente comercial", cuenta Marià Marín, secretario técnico del gremio, y añade que la tendencia es que las librerías sean "cada vez más personales y por lo tanto, más diversas" y en "conexión con el territorio". Solamente hace falta dar un vistazo al mapa de Barcelona para ver cómo este nuevo modelo de librería se está contagiando de un barrio a otro. En los últimos años han nacido varias iniciativas parecidas como la Tribu en Sant Andreu y La Inexplicable en Sants.

Carlota Freixenet, en el mostrador de La Carbonera. / AUTOR FOTO (FUENTE)

Las jóvenes libreras abrieron con unos referentes muy claros: "Teníamos muy claro el trabajo que estaban haciendo librerías como la Nollegiu o la Calders". Con mucha presencia en las redes, la fórmula del éxito de estas dos librerías, que a pesar de tener menos de 10 años -la primera nació en el 2013 y la segunda en el 2014- ya son un referente, ha sido la programación de un amplio abanico de actividades que van más allá de la venta de libros. Desde presentaciones hasta paseos literarios, clubs de lectura y actuaciones musicales.

"Readaptarse continuamente", clave del éxito

A pesar de que en el 2008 la crisis económica golpeó fuertemente el sector -en dos años desaparecieron 35 librerías y el sector editorial perdió alrededor del 28% de la facturación, según datos del Gremi de Llibreters de Catalunya- y que hoy en día el gigante de la distribución Amazon acapara una cuarta parte de las ventas de libros en España, desde hace cinco años el sector ha empezado a recuperarse. En los últimos cuatro años han se han abierto en Barcelona 20 nuevas librerías, un hecho que demuestra "la capacidad de adaptación, emprendedoría y flexbilidad" del sector, explica Marià Marín. Él mismo pone en valor también el papel que ha jugado la Escola de Llibreria, que hace ocho años abrieron el Gremi y la Universitat de Barcelona, y que encara hoy es la única en todo el estado.

Pese a los datos positivos, Marín alerta que aún están "lejos de los niveles de facturación de antes de 2009" y que en los últimos dos años "se ha frenado el crecimiento". Una prudencia que también comparten Mar y Carlota: "Es un sector muy precario -comentan-, "ganamos dinero tres días al año -el 24 de diciembre, el 5 de enero y el 23 de abril- y el resto del año vas tirado y curras mucho!". Desde el Gremi denuncian la falta de gasto cultural por parte de la Generalitat, que en Catalunya es de los más bajos de Europa, un hecho que consideran "inaceptable" y que "debería encender todas las señales de urgencia y alarma".

"Todas las librerías tienen algún tipo de suerte para poder sobrevivir", cuentan las socias de la Carbonera. La suya ha sido el local: "Los propietarios no querían que esto fuera un bar, querían a alguien que se creyera el proyecto y nos han puesto todas las facilidades". Una fortuna que no han tenido otras librerías como la Sant Jordi, que después de casi 40 años en el número 41 de la calle de Ferran tendrá que trasladarse a un local municipal del Raval. La razón: un aumento del precio del alquiler de 800 a 8.000 euros mensuales. Unos incrementos que el comercio local no puede afrontar, solamente al alcance de las grandes multinacionales. La histórica Catalonia cerró en el 2013 a raíz de la crisis y lo que desde 1924 había sido una librería se convirtió en un McDonalds. También la Canuda, otra de las míticas, tuvo que abandonar el número 4 de la calle homónima, al lado del Ateneu Barcelonès, dejando paso a un Mango.

“El Barrio tiene muchas ganas de seguir subsistiendo”

Salvando las distancias con barrios como el Gòtic, el Poble Sec también tiene motivos para encender algunas alarmas. "En los últimos años ha ido desapareciendo el comercio local, lo que da vida al barrio y la calle de Blai se ha convertido en un monocultivo de bares de tapas", lamenta Antoni Reig, presidente de la Coordinadora d’Entitats del Poble Sec, una asociación realiza una multitud de tareas sociales y culturales en el barrio. Desde una de las mesas de mármol de la Bodega Vidal -uno de los pocos bares de los "de toda la vida" que quedan en el epicentro del barrio- Reig explica como el fenómeno de la gentrificación ha ido cambiando la fisonomía del barrio, sobretodo a partir de los 2000: "La combinación de poco suelo y alta demanda ha disparado el precio del alquiler". Los últimos datos del Incasol lo confirman: en los últimos cinco años, el precio del alquiler ha subido un 49,05% en el barrio, seis puntos por encima del incremento medio de la ciudad.

El crecimiento del turismo en el barrio ha sido también una de las razones del aumento de los precios del alquiler. Lo que fue primero una zona de cultivos y después un importante polo industrial se ha convertido en los últimos años en uno de los barrios más ‘cool’ de Europa según las guías de turismo, que lo comparan con barrios Kreuzberg, Schoreditch o Christiania. La proliferación de apartamentos dedicados al turismo ha ido expulsando a muchos vecinos, "sobre todo a los más vulnerables", explica Reig. Solamente en la plataforma Airbnb se pueden encontrar más de 300 apartamentos turísticos repartidos por las decenas de calles del barrio, con ofertas desde menos de 40 hasta más de 400 euros la noche.

El Poble Sec, sin embargo, un barrio con mucho carácter, de herencia obrera y desde siempre acogedor con los que han ido llegando de fuera se niega a convertirse en un lugar reservado para el turismo. "A pesar de todo, el tejido asociativo y cultural al barrio sigue siendo muy fuerte", asegura Antoni Reig. Carlota, que también destaca la importancia del trabajo que hacen las diferentes entidades como el Ateneu o la asamblea feminista, reivindica que "el barrio tiene muchas ganas de subsistiendo. Antes que eso se convierta en Ciutat Vella resistiremos como sea!".

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