25 oct 2020

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BARCELONEANDO

Yoga con gatos en Barcelona

Compartir esterilla con felinos se ha hecho tan rutinario en Barcelona como ir a votar. Ya se practican 'cat yoga experiences', 'catpilates' y hasta 'catfulness'

Ana Sánchez

Sasha, Joris y Dax siguen la clase de yoga bajo una esterilla en la Cat House de Suara Foundation.

Sasha, Joris y Dax siguen la clase de yoga bajo una esterilla en la Cat House de Suara Foundation. / LAURA GUERRERO

Está a punto de comenzar la clase de yoga. Maceo se coloca sobre una esterilla con aires de cowboy, a lo posado de Pablo Iglesias con maletín de vicepresidente. Antes de que la instructora abra la boca, él ya está haciendo una postura de contorsionista. No cuenta como calentamiento yogui: solo se está chupando el trasero.

Hay gato encerrado, sí. Exactamente, ocho. Esta es la Cat House (Fusina, 6),  la sede de Suara Foundation, un refugio de gatos excallejeros. Paraíso felino en versión chill out de diseño. Hay sofás a prueba de siete vidas, ratones de peluche, cojines en todas las alturas posibles y fotos enmarcadas de mininos que parecen posar para Tinder.

 Alguna esterilla está agujereada, se disculpa Mariana señalando a un gato anaranjado que te mira con el pasotismo de Garfield. “Joris es un pequeño terrorista”, sonríe. Mariana Monteiro habla con acento portugués, pero llegarás a jurar que entiende los maullidos. Es veterinaria. Vino a Barcelona a hacer un máster en derecho animal y se quedó en la Cat House cuando abrió hace dos años. 

"Los gatos son yoguis natos"

Hace un año que aquí se saluda al sol con ronroneos. Se practica yoga dos sábados al mes. La idea es hacerlo todas las semanas. Cat yoga experience, lo llaman. ¿Ventajas? “Es divertido –responde Mariana-. Y los gatos son yoguis natos”, asegura. “Hemos tenido también catfulness –se ríe-. Es una clase de mindfulness, pero conectando con los gatos como ejemplos”. Si cierras los ojos aquí, eso sí, corres el riesgo de que salgan corriendo tus calcetines.

Si cierras los ojos aquí, corres el riesgo de que salgan corriendo tus calcetines

No son los únicos que combinan esterillas con maullidos. Hacer actividades entre gatos se está haciendo casi tan rutinario en Barcelona como ir a votar. En la tienda-refugio Catshop... by ADiRA (Consell de Cent, 589), también hacen clases de yoga, catpilatesmindfulnessreiki, actividades asistidas con gatos, hasta organizan eventos veganos. Hace cuatro años que abrieron en Gràcia dos cat cafésEspai de Gats (Terol, 29-33) y Gatuari (Sant Lluis, 14). Son espacios donde tomar algo entre felinos abandonados que funcionan como centros de adopción. “Sí, creo que hay un aumento de interés por los gatos –asiente Mariana-. Pero aún hay mucho que trabajar a nivel de sensibilización. Que la gente no vea a los animales como objetos”.

Hoy toca swasthya yoga en la Cat House. Gato yoga, más bien. Maceo se va subiendo al regazo de los alumnos como si le pagaran por hacer la pelota a las visitas. “Parece que tiene un doctorado en márketing”, se ríe Mariana. Joris se pasea con aires de león, se para, olisquea un pie. Sasha juguetea bajo una esterilla. Dax pone cara de soñar con ratones.

Joris olisquea a una alumna durante la clase de yoga. / LAURA GUERRERO

Maceo es el “rey de la casa”, lo presenta la veterinaria. Lo demuestra un cuadro en la pared con su mirada en formato XXL. Se llama así por Maceo Plex, el dj. Todos los gatos tienen nombre de saber pichar discos, menos Bagheera, un clon en miniatura de la pantera de El  libro de la selva.

Quien pincha de verdad es Coyu: es dj y productor con sello discográfico, Suara Music. Se le conoce en el mundillo como el “Big Cat”.  Todo empezó con su pareja, Aida, veterinaria especialista en felinos –Mariana,  en cuclillas, pone a los alumnos de yoga en antecedentes-. Empezó a controlar una colonia de gatos en Gavà Mar mediante el método CES: Capturar, Esterilizar, Soltar. “Es un método para controlar la población feral, que son los gatitos que están en la calle”, detalla Mariana.  “Es un problema invisible al ciudadano. No se ven, pero existen. Hay muchísimos”.   

La Cat House es un 'loft' donde la gente puede estar con gatos y adoptarlos

Se acabaron involucrando Coyu y su sello, y en el 2011 nació Suara Foundation.  Hace dos años que se materializó en la Cat House. “Era su sueño –recuerda Mariana-: tener un espacio físico donde la gente pudiera estar con los gatos, enamorarse de ellos y adoptar”. En la planta de abajo han abierto una tienda con marca gatuna propia cuyos beneficios también se destinan a los felinos. ¿Su misión? "Encontrar familias de adopción, promover la figura del gato y ayudar a los gatos ferales”.

Hoy hay cinco gatohabitantes en adopción y tres residentes. “Intentamos que nuestro límite sea 8, por motivos de bienestar”, explica Mariana. Las visitas pagan donativo: 6 euros por adulto y 4 por niño cada 30 minutos. Menos hasta el día 15 de febrero, que los más pequeños no pagan. “Es el mes de los futuros animal lovers”.

Sasha se pasea entre las esterillas. / LAURA GUERRERO

Abres medio ojo y ahora ves a Joris mirando tu pie como Silvestre a Piolín. Maceo sigue paseándose entre las esterillas más risueño que el gato de Alicia en el país de las maravillas. “Es muy divertido”, resume tras la clase María, una de las alumnas. “Y además -añade Liliana-, es una buena causa”.