BARCELONEANDO

Doctora Livingstone, supongo

La periodista de EL PERIODICO Ana Sánchez recoge en un libro sus reportajes sobre la Barcelona increíble

Reivindica lo sorprendente y lo imprevisible con 100 propuestas como el terapéutico lanzamiento de hachas

Lanzamiento de hachas, pastelerías para perros, escuela de sirenas… Más de 100 actividades increíbles en Barcelona. / ZML

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

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La cosa suele ir así:

- No te vas a creer de dónde vengo…

Se presenta en la redacción con su Coca-Cola de la mañana (una al día, promete) y como son ya muchos años, no puede evitar acercarse para compartir su última experiencia extraordinaria. Recibe el silencio de quien les escribe por respuesta, y no por mala educación, sino porque la protagonista de esta crónica, la periodista y ahora también escritora Ana Sánchez, ha trotado con 'runners' que recogen mierda en las playas, ha participado en un tour de vampiros por el Gòtic y ha aprendido a ligar en un curso de seducción. Imposible acertar. Ese día resulta que acaba de entrevistar a un tipo que tiene en su garaje al coche fantástico, ese Pontiac negro que con su corrección amortiguaba la chulería de Michael Knight en la serie de los años 80. Sus 'spoilers' hacen imposible, más allá de la amistad, no leer su Barceloneando, esa divina sección de EL PERIÓDICO en la que vierte sus andanzas y que es el sueño de cualquier amante del oficio: escribir sobre lo que te dé la gana siempre y cuando suceda en la ciudad o alrededores. Ana ha ido dando forma en los últimos tres años a un género insólito en la prensa local, por eso una editorial se fijó en ella y le pidió un 'best of' de sus historias. Esto va de un libro, pero también de una manera de vivir. Bienvenidos a la Barcelona increíble.  

En tiempos aciagos para el periodismo, la pasión de esta salmantina que dejó a mamá en el adosado de Castilla y León para instalarse en el Eixample es todo un bálsamo. No vino en el tren Sevillano, como la inmigración andaluza del siglo pasado, ni forma parte de una oleada de nuevos barceloneses que cambiaron el jamón de Guijuelo por el fuet. Su llegada en el 2002 a lomos de un Seat Ibiza (vehículo que por cierto se salva de la quema ambiental de Colau por un año) pasó mucho más desapercibida, y quizás porque los catalanes somo así de cerrados -menos que los andorranos pero más que los valencianos-, empezó a fijarse en el mundo de las actividades asombrosas. Nada de conferencias, 'bastoners', cantada de habaneras o pasacalles de gigantes. En el diario, y ahora de manera recogidita en el libro, nos ofrece terapeutas de sonido en Sants, batallas de insultos en un garito de Còrsega, una escuela de sirenas en Montjuïc o, quizás una de las propuestas más fantásticas, sesiones de cine en el Farró en las que también se hace punto de ganchillo. Sin olvidar una de las más comentadas, el terapéutico lanzamiento de hachas en la calle de Trafalgar. Precisamente en este local, en el Barcelona Axe Throwing, es donde este miércoles se ha presentado este libro, de letra mediana, 334 páginas y un centenar de propuestas que escapan a todo lo previsible. 

Ana Sánchez, junto a Darth Vader y un par de soldados de las tropas de asalto del Imperio, durante la presentación del libro. / JORDI COTRINA

Viva la sorpresa

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Nerviosa y reluciente, la periodista ha roto una lanza (igual se cargó una de verdad el día que hizo lucha medieval) en favor de lo sorprendente, de todo aquello que no te esperas, aunque sean botellas que contienen aire del siglo XX. Ayuda, y ahí se ha puesto al respetable en el bolsillo, que las personas a las que retrata "sean igual de extraordinarias que las actividades que proponen". A pesar de que el día en el que la encerraron en un ataud no lo tuvo igual de claro. Sí, en cambio, cuando probó la pastelería para perros. Lo ha pasado en grande, y eso se nota en cada texto. "Espero que no se enteren en el diario de que me lo paso tan bien trabajando". Guarden el secreto.  

David Livingstone pasa por ser uno de los grandes exploradores británicos de la historia. Nada sabríamos de él los ajenos a la isla del Brexit, o más bien poco, si el periodista Henry Stanley no hubiera hecho célebre la frase "doctor Livingstone, supongo", que supuestamente soltó en 1871 cuando le encontró en un aldea a orillas del lago Tanganika, en lo que hoy es Tanzania. A través de la observación directa, de vivir las cosas en primera persona, este misionero dejó grandes avances en botánica, zoología y geología. ¿Les suena? Eso es, si se la encuentran por la calle, no duden en saludarla. Doctora Sánchez, supongo.