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Barceloneando

El león rampante de Castelldefels

El animal disecado, del que se incautó el Seprona, sigue aguardando sentencia en la Ciutadella

Olga Merino

El león disecado encontrado en Castelldefels.

El león disecado encontrado en Castelldefels. / Joan Cortadellas

Desde que la rocambolesca historia apareció en los medios, no he podido satisfacer hasta hace muy pocos días la obsesión acaparadora de rendir pleitesía al león disecado que interceptó la Guardia Civil en Castelldefels. Lo conservan en perfecto estado de revista en la sede investigativa del Museu de Ciències Naturals, en el Castell dels Tres Dragons de la Ciutadella, cuyos técnicos accedieron amablemente el viernes a liberarlo de su envoltura sellada de plástico para posar en la foto. ¡Ah, qué magnífico ejemplar! ¡Un ‘panthera leo’! Qué colmillos, qué poderosas zarpas, qué arriesgada la taxidermia, en posición rampante, como si la bestia hubiera sido sorprendida en pleno salto sobre su presa. El animal debió de pesar sus buenos 250 kilos en vida.

Los hechos sucedieron entre julio y agosto del año pasado, y puede que por ello, por el parón veraniego, la noticia pasara desapercibida para muchos lectores. Pues bien, fue entonces cuando agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) detectaron un reclamo en el portal de compraventa Milanuncios, donde se ofrecía un león disecado por 5.995 euros, con lo que el vendedor estaría incurriendo en un delito contra la fauna por tenencia y comercio de especies amenazadas. ¿Cómo diablos había llegado el rey de la selva a Castelldefels?

Una madre y una hija pretendían venderlo, en verano del 2018, por unos 6.000 euros

Se pusieron manos a la obra. Las propietarias, una madre y una hija, vecinas de la localidad del Baix Llobregat, no disponían de un solo papel que acreditara la pertenencia o el origen del animal. La madre aseguraba que lo había cazado su suegro y que, desde su fallecimiento, lo conservaba en el trastero (al león) hasta que decidió deshacerse de él. Un mamífero enorme, naturalizado por taxidermia y colocado sobre una base de cartón piedra, no es precisamente un ‘pongo’ para dar la bienvenida a las visitas en el recibidor. Interrogada por los agentes, la mujer no recordaba de qué país africano procedía la bestia ni atinaba con las fechas.

En estas, cuando el asunto apareció en los papeles, un caballero reconoció a nuestro héroe y se presentó en el cuartelillo con una fotocopia del certificado: “Yo era amigo del cazador; fui yo quien organizó esa batida, y recuerdo que fue en Namibia, en 1994”. Una pista esencial para los científicos. La querella, dirimida en los juzgados de Gavá, ya está vista para sentencia, y puede que a la nuera del cazador le cueste la imprudencia una multa de alrededor de 50.000 euros.

El ejemplar, un macho adulto de unos 8 años, fue cazado en Namibia en 1994

         Según el teniente Humberto Quiroga y el guardia civil Miguel Díaz, uno de los agentes del Seprona que participó en la incautación, todo parece indicar que el animal, un macho adulto de unos 8 años, fue eviscerado en Namibia y la piel curtida allí para su conservación, si bien la taxidermia debió de practicarse en Barcelona. Les sorprende que se trate de un león de cuerpo entero y naturalizado en actitud desafiante, en posición de ataque, con las patas delanteras suspendidas en el aire y la boca dispuesta al desgarro. La melena de la bestia, que debió de ser esplendorosa, ha perdido bastante pelo con el paso del tiempo.

Según explican los expertos del museo, los animales disecados son muy vulnerables al polvo, la humedad, los cambios bruscos de temperatura y sobre todo —el gran terror— a la inquina de las polillas, mayormente en las malas taxidermias, cuando, en otros tiempos, se embutía al animal con cualquier cosa, desde papel de periódico hasta serrín. Por esta razón, cuando les llegó el león de Castelldefels, con el fin de neutralizar la posible presencia del insecto, los técnicos intentaron introducirlo en un congelador, pero la instalación no dispone de un aparato de tales dimensiones, de manera que recurrieron a otras técnicas.

Es más que probable que el felino acabe formando parte del Museu de Ciències Naturals, en el Fòrum

Es más que probable que, una vez la justicia haga pública la sentencia, el gran felino acabe haciendo compañía a otro león disecado, dentro de la magnífica colección de vertebrados que se encuentra en el Museu de Ciències Naturals, el Museu Blau, abierto al público en el Parc del Fòrum. Ese segundo león, fallecido en el Zoo en el 2009, está naturalizado en una postura mucho más elegante, como si anduviera paseando su poderío por la sabana. Se trata de una circunstancia habitual: cuando fallece un animal en el zoológico, los cuidadores se ponen en contacto inmediato con los expertos del museo por si consideran oportuna la taxidermia.

El león no es el único animal exótico que ha interceptado el Seprona en la provincia de Barcelona. Ese mismo verano, el del 2018, se incautaron en Cornellà de un ejemplar de dragón de Komodo presuntamente robado, una especie protegida por convenios internacionales; al pobre reptil le faltaba una mano y tenía cortada la cola. Las llamadas más frecuentes que reciben, sin embargo, denuncian un asunto mucho más triste: el maltrato de animales domésticos.         

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