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Lo nunca visto del artista al que admiraba Gaudí

El COAC exhibe menos de un mes bocetos apenas conocidos de Jujol, el ornitorrinco de la arquitectura

Carles Cols

La primera versión de la Casa Planells, cuando Evelí Planells aún aspiraba a un casoplón unifamiliar.

La primera versión de la Casa Planells, cuando Evelí Planells aún aspiraba a un casoplón unifamiliar. / FONDO JUJOL DEL ARXIU HISTÒRIC DEL COAC

Barcelona, esa ciudad donde hay museos sin colecciones y colecciones sin museos. Ya está, queda dicho. El caso es que el archivo del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC) forma parte, lamentablemente, de este segundo grupo, atesora una colección monumental y emocionante de planos, bocetos y documentos que, a su manera, ofrecen un relato muy intimo de, por ejemplo, la concepción, gestación y parto de Barcelona. Pero no la pueden exhibir en público de forma permanente. Son más de dos millones de piezas originales. Periódicamente, eso sí, el COAC se da el gusto de mostrar brevemente alguno de sus huevos de Fabergé y esta vez es una colección de 60 dibujos a mano de Josep Maria Jujol, dicho con todos los respetos, el ornitorrinco de la arquitectura, un genio orillado en Barcelona, un sinsentido si se tiene en cuenta que Barcelona admira a Gaudí y Gaudí admiraba a Jujol.

Si el doctor Caligari saliera un día de la Casa Planells, sería de lo más natural, lo cual dice mucho a la vez de este inclasificable esquina de Barcelona

Las exposiciones del COAC son un visto y no visto. Esta volverá al almacén el 7 de julio. La razón, explica el jefe del archivo, Fernando Marzà, es que es material delicado, sensible a la luz, dibujos de Jujol cuando era estudiante, también divertimentos que hacía a la que tenía una cuartilla y un lápiz a mano y, por último, algunos de los bocetos de sus proyectos, en especial una serie, la Casa Planells, esa suerte de versión arquitectónica del expresionismo alemán que se levanta sobre apenas 80 metros cuadrados de la esquina de la Diagonal con la calle de Sicília y que, además de que sería de lo más natural que de ella saliera cualquier noche el doctor Caligari, se dice poco que resume a la perfección la historia económica de Barcelona, sobre cómo el sueño algo utópico del Eixample degeneró muy velozmente en un sueño húmedo de la burguesía rentista.

Acuarela del rosetón de Notre Dame, de la etapa estudiantil de Jujol / FONDO JUJOL DEL ARXIU DEL COAC

Antes de entrar en esa materia, conviene subrayar lo meritorio de la exposición. Este 2019 se cumplen 140 años del nacimientos de Jujol y 70 de su fallecimiento. Es por eso que el Ayuntamiento de Sant Joan Despí, donde este genio echó raíces y dejó huellas de obligada visita, comenzó a organizar hace meses una serie de conferencias, exposiciones y visitas guiadas, vamos, un Any Jujol, y para ello invitó al resto de municipios con obra de este arquitecto para que se sumaran al evento. Barcelona, como siempre tan ombliguista, desdeñó la oferta, pero el COAC, con más sentido común, ha decidido hacerle un hueco en su agenda con una mirada inédita sobre la obra de este creador.

Los originales que enseña el COAC son, un poco al menos, un test de Rorschach sobre el método de trabajo de este genio

Explica Roger Subirà, comisario de la exposición, que la opción final elegida ha sido descartar lo más previsible de Jujol, sus colaboraciones con Gaudí, por ejemplo, o la masía de Can Negre, de Sant Joan Despí, e ir en busca de lo inédito, de lo más desconocido, como tres dibujos del arquitecto en su etapa estudiantil (¡menuda mano tenía para la acuarela!), otro conjunto de dibujos agrupados bajo el sugerente título de ‘Distracciones y pasatiempos’ (y lo son) y, por último, tres proyectos (dos llevados a cabo y uno inexistente).

La mayor parte de estas joyas expuestas en el Espai Picasso del COAC (plaza Nova, 5) revelan mucho ya de entrada sobre el propio Jujol, son casi láminas de un test psiquiátrico de Rorschach. No era un hombre fácil. Oriol Bohigas, que fue alumno de sus clases, recuerda en su memorias cómo era capaz de regañar a los estudiantes por no saber hablar en latín. Era otra generación. En uno de los textos que acompañan la muestra, Subirà recuerda otra frase para enmarcar, de Josep Llinàs sobre Xumeu Mestre, al que tuvo de profesor: “El perro ladra, el burro rebuzna, el arquitecto dibuja…”. No era un ‘boutade’, era una advertencia sobre como este oficio tiene un pie en la técnica y otro en el arte, y en eso Jujol era un faro, o sea, que si no sabían dibujar, mejor que dedicaran sus vidas a perseguirse la cola.

Divertimentos de Jujol en una cuartilla / FONDO JUJOL DEL ARXIU DEL COac

Como si fuera un ‘storyboard’, el COAC permite disfrutar cómo Jujol concibió (primero casi en una servilleta de papel) el Palacio del Vestido de la Expo de 1929 y cómo esa idea fue evolucionando hasta su diseño definitivo. Pero, cuestión de debilidades personales, lo que es la repera de la muestra es la evolución de la Casa Planells, porque Jujol no era, como Gaudí el arquitecto de las grandes fortunas, sino, más bien, de los quiero y no puedo. En Can Negre, sin ir más lejos, tardó 15 años en reinventar arquitectónicamente una vieja masía porque las obras se financiaban con los beneficios de las cosechas vitivinícolas de Pere Negre. En la Casa Planells el handicap fue otro. Evelí Planells encargó primero un casoplón unifamiliar, tuvo que venderse parte del terreno porque no podía asumir el coste de la operación y, más modesto en sus ambiciones, pidió a Jujol que en el solar encajara dos residencias, pared contra pared. Tampoco así le salieron los números y el proyecto sufrió una tercera evolución más cercana al edificio actual, o sea, pisos de alquiler, la quintaesencia de la historia del Eixample, esa invento con el que la burguesía catalana durante décadas, ha bombeado los ahorros de los asalariados de la ciudad. Eso no lo cuenta la exposición del COAC, pero apetecía decirlo.