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EL CUARTEL GENERAL DE BC

Colau no tendrá sexo tántrico

Joan Subirats advirtió al principio de que la noche sería larga, palabras que confirmaron sus ecos 'melisándricos' cuando acabó albergando horrores para Barcelona en Comú

Ramón Vendrell

Ada Colau, tras conocer los resultados de las elecciones que la han dejado sin la alcaldía.

Ada Colau, tras conocer los resultados de las elecciones que la han dejado sin la alcaldía. / AFP / JOSEP LAGO

Apodada 'la MeToo' por las repetidas ocasiones en que ha puesto su experiencia personal al servicio de la denuncia del machismo, las agresiones machistas y la corrupción, así como de la normalización de las sexualidades no hetero, por regla general al hilo de un caso sonado pero también porque sí, raro sería que Ada Colau no haya pasado por el fastidioso trance del coitus interruptus.

A este clásico adolescente, digno de que los Undertones le hubieran dedicado una canción y por lo demás de dudosa eficacia en términos de contracepción, parecía abocada Colau en clave política al inicio de la campaña de las municipales y así fue finalmente. Aunque por los pelos (ayer una diferencia de un voto con ERC era para ella todo o nada, como cantaban los Small Faces), no tendrá el ansiado sexo tántrico con la alcaldía, de la que la descabalgará un Ernest Maragall que si este lunes guarda cama no será tanto por los excesos de la celebración como por la mala cabeza de quien atendió más a las resonancias olímpicas de su apellido que a su edad y el sábado le permitió montar en bicicleta y dar patadas al agua para las fotografías de 'alea iacta est' de EL PERIÓDICO y La Vanguardia respectivamente.

El cuartel general de los 'comuns' estuvo en el antiguo recinto fabril de Fabra i Coats, como en las anteriores elecciones, joya de la corona de la descentralización de la cultura impulsada por Colau para la que Joan Subirats, su segundo, tenía grandes planes en el próximo mandato. Ahora, ya veremos.

En los vales para cerveza dados a los periodistas (uno por cabeza, no sean malpensados) ponía "birra vs lobbies" y en el reverso, "si veus o pateixes una agressió masclista, acudeix a la carpa amb el globus lila": eran restos de serie de un acto anterior de BC. 

Camisetas con los lemas 'L'amor guanya l'odi', 'Ada Colau alcaldessa' y 'La brigada Barcelona en Comú', con la parte 'ada' de la palabra 'brigada' en violeta, entre la concurrencia. O entre los fans de Colau, si lo prefieren. Nota exótica: un equipo del canal surcoreano EBS en el podio para las televisiones. "Hemos venido a hacer un documental sobre la influencia de la gente en la política a raíz del 15-M y hemos acabado centrándonos bastante en Barcelona en Comú", dijeron.

Los asistentes gritaron sin mucho convencimiento "sí se puede" en dos ocasiones: en el primer recuento, con solo el 17,6% de los votos escrutado, y cuando Carmena ganaba de calle en Madrid pero aún no se sabía que en la capital de España suma la derecha.

"La noche será larga", advirtió Subirats a las ocho y media. Tuvieron sus palabras un eco 'melisándrico' y de hecho la noche fue un largo 'cliffhanger' que acabó albergando horrores para BC. Ah: también hubo coros de "sí se puede", y mucho más intensos, una vez consumada la derrota cuando la magnética Colau exhibió orgullo de "intrusa" en la política barcelonesa.   

Lo primero que debería hacer el próximo alcalde es aclarar si podemos ir a chapotear al estanque del pabellón Mies van der Rohe cuando nos venga en gana.