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PARTIDO AL ALZA

El PSC remonta en Barcelona impulsado por el 'efecto Sánchez'

Los socialistas catalanes sacan ocho concejales, el doble de los que tenían en el actual ayuntamiento

Natàlia Farré

Jaume Collboni acompañado de otros miembros del PSC, durante su comparecencia en la noche electoral.

Jaume Collboni acompañado de otros miembros del PSC, durante su comparecencia en la noche electoral. / JOAN CORTADELLAS

La candidatura del PSC a la alcaldía de Barcelona liderada por Jaume Collboni solo tenía un camino: crecer tras la debacle sufrida en las anteriores elecciones locales, en el 2015. Pero ninguno de los sondeos pronosticaba una disputa tan reñida entre los socialistas catalanes, Barcelona en Comú y Esquerra Republicana de Catalunya como la que se ha dado durante los primeros porcentajes del escrutinio que han llegado incluso a dar la alcaldía a Collboni. Un codo a codo que se ha saldado con la  victoria de Ernest Maragall y un tercer puesto para el PSC que se recupera así claramente de la caída sufrida en el 2015. Y ve como el nuevo ciclo electoral no sopla solo a favor de los socialistas españoles sino que el ‘efecto Sánchez’ incide, también, positivamente en los catalanes.

La candidatura de Collboni ha conseguido 137.752 votos (con el 99,2% escrutado), más del doble de lo cosechado en las últimas elecciones locales (67.489 papeletas) y un porcentaje del 18,42% frente al 9,6% del 2015. Un resultado que suponen ocho concejales, el doble de los que ostentaba en el actual consistorio (4 regidores). Un resultado que permite afirmar que el temor de los socialistas a que la suspensión, el viernes, por la Mesa del Congreso de los diputados presos (Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull) les pasará factura no se ha materializado. Y un resultado que significa “el final de la travesía del desierto del PSC”, en palabras de Javi López, candidato al Parlamento Europeo. Y que el “PSC ha vuelto a Barcelona”, en palabras del candidato a la ciudad.

Collboni ha salido a valorar el escrutinio pasada la media noche al grito de “Visca, visca, visca, Barcelona socialista” coreado por los simpatizantes de la formación. Exultante y fuertemente aplaudido, el alcaldable del PSC ha exclamado que el resultado es “extraordinario” y el “reconocimiento de que el PSC es el partido de la ciudad”. Y ha se ha reafirmado en lo proclamado durante la campaña: “Seremos fieles a la palabra dada y mantendremos al pie de la letra los compromisos adquiridos”. Para acabar asegurando que el PSC es “garantía de un proyecto de progreso, un proyecto no independentista y de un buen gobierno en la ciudad”.

La remontada es importante pero no suficiente para alcanzar la vara de alcalde, y la victoria de Maragall descarta totalmente la entrada en el gobierno municipal. Collboni ha basado su campaña en asegurar que los socialistas y su candidatura eran la única alternativa para evitar que el independentismo se instalara en el gobierno de la ciudad y afirmando que no pactaría con ERC bajo ningún concepto. Un acuerdo alternativo con Barcelona en Comú se antoja inviable puesto que debería sumar mayoría absoluta (21 regidores) y eso implicaría aunar parejas de baile antagónicas, como Ada Colau y Manuel Valls.

Con la subida registrada, lel PSC ve como se aleja el terremoto que sufrió en el 2015 cuando la fuerza que mandó en el ayuntamiento de Barcelona durante las tres primeras décadas de consistorios democráticos y que llegó a tener hasta 20 concejales (en las elecciones de 1999) registró una bajada histórica, una debacle que le llevó a no ser primer partido en ninguno de los 10 distritos de Barcelona e, incluso, quedar en última posición en dos: en Sarrià-Sant Gervasi y el Eixample. Solo salvó mínimamente los muebles en Nou Barris donde obtuvo una segunda plaza. Hoy ha recuperado la primera. El octavo distrito de Barcelona es el único de los 10 de la ciudad que se ha teñido de rojo.