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REIVINDICACIÓN EN UN BARRIO DE MONTAÑA

Casa Buenos Aires: la historia de la mansión okupada en Vallvidrera

Un grupo de jóvenes del barrio se instaló hace un mes y medio en la finca, que llevaba siete años cerrada, "para evitar que sea derribada y convertida en hotel"

El edificio modernista, pendiente de catalogación patrimonial, era propiedad de la congregación Pares Paüls, quienes hace un año lo vendieron a una sociedad

Helena López

Espacio conocido como Casa Buenos Aires, en Vallvidriera.

Espacio conocido como Casa Buenos Aires, en Vallvidriera. / MAITE CRUZ

Hay lugares, escasos en grandes ciudades como esta, en los que el tiempo parece detenerse. La inmensa torre en el 31 de la calle del Mont Orsà, en la sosegada Vallvidrera, es uno de ellos. Tras sus majestuosos ventanales es fácil imaginar a Teresa Goday, la bella protagonista de ‘Mirall trencat’. Pero no. Pese a que es innegable que este es un escenario de novela como pocos, la que se escribe estos días en la bautizada como Casa Buenos Aires no narra la vida y miserias de los Valldaura, sino la lucha de un barrio para evitar que el precioso edificio modernista que llevaba siete años cerrado, sea derribado y convertido en un hotel.

Tras la puerta principal, un joven de poco más de 20 años barre la escalera de esta singular, luminosa y señorial casa okupada. La organización de la limpieza -la casa está impoluta- es también importante para ellos, cuentan. Quieren construir una sociedad distinta y mejor, y para ello es necesario "poner en valor las tareas tradicionalmente más invisibilizadas". 

Un joven barre una de las terrazas del viejo hotel de Vallvidrera / MAITE CRUZ

El de la escoba es uno de los 20 hijos de este barrio de montaña que desde el pasado 2 de marzo, hace un mes y medio, okupan la que durante décadas fuera la residencia para personas mayores Llar Betània, propiedad de la congregación religiosa Pares Paüls, hasta hace un año, cuando esta firmó un acuerdo de compra-venta con la sociedad London Private Company, formada por un pequeño grupo de inversores locales, pese a internacional del nombre. Tras iniciar la compra -todavía no se han realizado todos los pagos- y estudiar "las posibilidades del inmueble", la nueva propiedad solicitó al ayuntamiento dos licencias: una de derribo y obras mayores y otra hotelera. 

El imponente edificio, construido en el año 1886 para acoger un hotel y reformado en 1910 por el reconocido arquitecto modernista Jeroni Granell, autor de los vitrales Palau de la Música -según recoge Julio Vives en el libro ‘Hotel Buenos Aires, un record del modernisme a Vallvidrera'- hoy por hoy no está catalogado patrimonialmente. Y, según el actual Peuat, cumple con todos los requisitos legales para que se le conceda la licencia solicitada.

Congelada en el tiempo

Es curioso como pese a que hace siete años que la Llar Betània cerró sus puertas, las habitaciones en las que dormían los abuelos permanecen intactas. Las camas siguen perfectamente hechas, con las clásicas colchas de catre de hospital al que le quedan pocos sueños que cobijar. 

Una de las habitaciones de la que fuera durante años la Llar Betània. /maite cruz

La joya de la corona es el impresionante comedor del antiguo hotel: su mosaico hidráulico, sus lámparas de hierro forjado, sus vidrieras policromadas en perfecto estado de conservación y, sobre todo, sus espectaculares vistas sobre la ciudad.

La joven Eulàlia Castelló, portavoz del grupo de apoyo de la Casa Buenos Aires, explica que el privilegiado espacio ha sido durante su más de un siglo de historia residencia de estudiantes de la Universitat de Barcelona, un refugio para enfermos y refugiados de la guerra civil, y en sus inicios, sí, el hotel Buenos Aires. De ahí el nombre que han querido recuperar, cambiando hotel por casa, que es lo que quieren que sea. "Los precios del alquiler en Vallvidrera son absolutamente inasumibles para los jóvenes del barrio, que cuando quieren emanciparse se ven obligados a marcharse", señala la joven, quien también reivindica la necesidad de equipamientos para las personas mayores -como fue el espacio durante gran parte de su historia. "Hay personas que llevan toda la vida haciendo comunidad aquí y cuando se hacen mayores se encuentran con que no tienen espacios en los que envejecer", prosigue la portavoz. La idea de la okupación nació de un grupo de esos jóvenes "desplazados": "Decidimos volver".

Colectivos vulnerables

La voluntad de proteger el espacio es compartida por el tejido asociativo y vecinal de Vallvidriera, desde el que insisten en la necesidad de la catalogación patrimonial. Lo llevan pidiendo desde hace más de un año. "La Casa Buenos Aires tiene que ser para el barrio. De nada sirve que protejamos el edificio si los vecinos no lo pueden vivir", subraya Castelló, quien tiene claros los colectivos a proteger: los jóvenes y los mayores. "Además de proteger el edificio, el objetivo de nuestra reivindicación es doble, por un lado evitar que Vallvidrera se convierta en un escaparate turístico más de la ciudad, protegiendo, cuidando y reforzando su tejido vecinal, y por el otro, dar respuesta a las dificultades para acceder a una vivienda digna de los más vulnerables", zanja.

Imponente fachada principal del edificio okupado en Vallvidrera. / MAITE CRUZ

Bajo el casi museístico techo del amplio comedor presidido por una Santa Cena, otro joven mira un álbum de fotos. "Lo hemos encontrado en una de las habitaciones. Es un tesoro. Mira, estos son mis abuelos haciendo una barbacoa aquí abajo, en el patio. Durante todos los años que esto fue residencia había espacios abiertos de uso comunitario, este sitio ha marcado la vida del barrio", señala este hijo de Vallvidrera. Uno de los que "ha podido volver al barrio por la okupación". 

Una trabajadora de la London Private Company, la nueva propiedad, asegura que llevan meses negociando con el ayuntamiento. "Nosotros no queríamos derribar el edificio, que es precioso, pero está fuera de ordenación según el PGM, y desde el ayuntamiento no nos daban ninguna licencia si no lo derribábamos", señala la portavoz de la propiedad, quien destaca que lo tienen "todo el regla", así que el ayuntamiento debe concederles la licencia hotelera para 150 camas solicitada.

Demanda interpuesta

Mientras, los jóvenes siguen habilitando espacios en la casa para iniciar nuevos proyectos (ahora están arreglando un huerto) y la denuncia judicial por la vía penal para solicitar el desalojo ya está interpuesta.

Fuentes municipales, por su parte, apuntan que siguen en conversaciones con la propiedad "para encontrar la mejor solución para todo el mundo". "La voluntad del ayuntamiento es seguir trabajando para preservar este ejemplo interesante de arquitectura de inspiración modernista", indican sin entrar más en la cuestión. 

No es la primera vez que vecinos de estos barrios intentan "recuperar" este edificio. Según recuerda la portavoz del colectivo de apoyo a la okupación, hace dos años una cooperativa de vivienda intentó sin éxito comprar el inmueble a la congregación religiosa para dedicarlo a hacer viviendas asequibles y actividades sociales, pero no llegaron a un acuerdo económico.

La recuperación del mercado

La batalla por salvar de la piqueta y de la turistificación el viejo hotel Buenos Aires y convertirlo en un equipamiento vecinal y viviendas asequibles no es la única en esta parte de la montaña. LAssociació Cultural de Vallvidrera lleva mucho tiempo reivindicando convertir en espacio cultural el viejo mercado, cerrado desde hace 15 años. "Se trata de tejer vida vecinal. Un proyecto no se entiende sin el otro", señala la portavoz del grupo de apoyo de la okupación de la Casa Buenos Aires. 

Los vecinos exigen que las obras del mercado se liciten antes de que acabe el mandato para asegurar que el prometido proyecto empiece a hacerse realidad. Las trabajos de recuperación de la vieja lonja municipal tenían que haber empezado hace seis meses, pero el proyecto se paró porque el aislamiento acústico previsto era insuficiente para el tipo de actividades que allí se prevén: conciertos. Finalmente el distrito ha propuesto instalar una caja insonorizadora y el compromiso es licitar las obras "lo antes posible".