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FUTURO ARQUITECTÓNICO

El patrimonio de Barcelona, a revisión

El ayuntamiento trabaja en un nuevo catálogo para evitar casos de desprotección como los de las casas de Encarnació y la Escola Vedruna

Natàlia Farré

La fachada del edificio antiguo de la Escola Vedruna, derribado recientemente al no estar protegido. 

La fachada del edificio antiguo de la Escola Vedruna, derribado recientemente al no estar protegido.  / ELISENDA PONS

Las casas de la calle de la Encarnació de Barcelona se han salvado por los pelos y recientemente cedió a la piqueta la fachada principal de la Escola Vedruna de Gràcia. Hace años desapareció la Sala Mozart de Ciutat Vella y La Violeta logró tiempo atrás mantener su aspecto exterior y el bar (antes café de ateneo) gracias a la presión vecinal. Y el mercado de Horta, no hace mucho, estuvo fuera del mapa ciudadano durante una temporada; vamos, que se contempló su desaparición. Todos ellos edificios, de inicio, sin protección suficiente, y todos ellos edificios que se han acabado protegiendo o, como mínimo, debería haberse estudiado la posibilidad de hacerlo. El porqué no forman parte del catálogo tiene varias razones, la de más peso radica en la monumentalidad. Hasta la fecha se era monumental o no se era, patrimonialmente hablando. Ahora las cosas están cambiando. Ahí está la 'Declaración de Faro del 2005' y la Resolución del Consejo de  Europa del 2014, que abogan por la importancia del patrimonio intangible y de su relación con el territorio, y que lo definen como una herramienta esencial de cohesión, participación y empoderamiento social. Y ahí está, también, la revisión del Catàleg de Patrimoni Històricoartístic de la Ciutat de Barcelona que el ayuntamiento ha empezado siguiendo los nuevos criterios.

"Actualmente se da más importancia que antes a todo lo que es el patrimonio intangible y al entorno donde se desarrolla, es decir, no es solo cuestión de salvar el pan con tomate, sino también los lugares donde tradicionalmente se realizaba el pan con tomate", metáfora que Alessandro Scarnato, doctor en Arquitectura y vocal de AADIPA (Agrupació Arquitectes per a la Defensa i la Intervencio del Patrimoni Arquitectònic), verbaliza como ejemplo del camino que lleva la conservación patrimonial. A nivel práctico significa que "se está intentando valorar el patrimonio menos monumental, el que a menudo solo conocen los que viven en un determinado territorio. Es importante porque permite en algunas ocasiones descubrir que elementos que no se creía que tuvieran valor sí lo tienen y, en otras, es la manera de que ciertas zonas no acaben en transformaciones morfológicas demasiado agresivas", apunta.

El taller Vallmitjana, edificio afectado por la apertura de la calle del Àngel. /  SÍLVIA CORTADA BALLÚS (FUENTE)

Caso emblemático y triste

Las recientemente descubiertas casas de la calle de la Encarnació son un ejemplo de lo primero; el no muy conocido plan que en 1908 afectaba a Santa Maria del Mar y que pretendía abrir una avenida desde la fachada de la iglesia hasta la Via Laietana es ejemplo de lo segundo. Estuvo vigente hasta hace poco y lo recogía el 'Plan General Metropolitano' de 1976. "Se pensaba que Santa Maria del Mar merecía una avenida, ahora se entiende que no es así, que las casitas que están enfrente también tienen valor porque son parte de la ciudad en la que se levantó la iglesia", sostiene Scarnato. Hay otros ejemplos. El de la Escola Vedruna es uno de los que más se lamenta. Su situación estaba fuera de la ordenación urbanística y su clasificación en el catálogo permitía el derribo. El edificio llevaba años sentenciado y ha cedido ahora a la piqueta. "Es un caso emblemático y triste, un edificio modernista con un cierto grado de protección pero no suficiente. El planeamiento urbanístico primó sobre la construcción", a juicio de Antoni Ramon Graells, professor de Composició Arquitectònica de la UPC y miembro de la plataforma Gràcia cap a on vas?, que cuenta en su haber la salvación de La Violeta y las citadas casas de la calle de la Encarnació. 

La apertura de la calle del Àngel, y el consecuente derribo de lo que fue taller Vallmitjana, para convertirla en una travesía de unión entre la calle de Montseny y la de Astúries es otra guerra que se libra en Gràcia por el patrimonio intangible. Los vecinos defienden que pese a que la casa no tiene valor arquitectónico atesora mucha historia: ahí tuvo estudio Julio Vallmitjana, ahí se acuñaron medallas por primera vez y por ahí pasaron artistas como Josep Llimona, Pablo Gargallo y Àngel Ferrant. Aspectos que el actual catálogo de la ciudad no recoge pero sí recogerá el futuro: "La sociedad contemporánea valora factores como el paisaje urbano, la memoria colectica, y elementos vinculados con el barrio aunque no tengan un valor histórico-artístico que ahora no se contemplan, por eso planteamos que toca una revisión. Y la estamos haciendo", explica Marc-Aureli Santos, director de Patrimoni Arquitectònic d’Ecologia Urbana del ayuntamiento. Ello no significa que el vigente este mal, todo lo contrario: "Es científicamente impecable, todos los elementos que recoge están ahí por un valor comprobable y contrastable, por autoría, estilo y tipología".

La Bonanova sin sus torres

Esa falta de sensibilidad hacia lo intangible por parte del actual 'gotha' patrimonial ha creado situaciones como las citadas hasta ahora y lo que dejará a la Bonanova sin una de sus torres. En la calle de Jesús i Maria se levanta, o levantaba hasta hace cuatro días, una casa neoclásica sin protección que ha sido destruida para levantar una nueva edificación. Los vecinos lamentan que con la desaparición de la torre se pierde un poco de la personalidad, encanto y carácter del barrio. "También se está trabajando en eso, en la auscultación de barrios, en identificar elementos del paisaje que dan personalidad a los barrios", afirma Santos.

La torre neoclásica de la calle de Jesús i Maria está en proceso de ser derribada para construir un nuevo edificio. / RICARD CUGAT

En lo que al catálogo se refiere ya hay dos procesos en marcha: el primero es un estudio realizado por un grupo de arquitectos que indaga en cómo plantean el tema patrimonial en el resto del mundo, y "no solo se centra en lo que la sociedad valora sino también como se estructura administrativamente el propia sociedad para validarlo", explica Santos. El segundo, liderado por AADIPA, reúne expertos para "debatir en qué factores y elementos hay que basar el nuevo catálogo". El objetivo es que no vuelvan a pasar cosas como las de la calle de Encarnació o como la Sala Granados del Tibidabo, que con la normativa en la mano se puede entrar con la apisonadora porque no tiene ningún valor arquitectónico o histórico-artístico pero, en cambio, era donde ensayaba el músico. "Son temas hay que tener en cuenta en el nuevo catálogo", concluye Santos. Las primeras conclusiones se harán públicas en mayo, si la normativa electoral lo permite.

Temas: Patrimonio