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JUNTO AL BESÒS

Santa Coloma se calentará con la gran masa termal de su subsuelo

El yacimiento permitirá abastecer 45 equipamientos, tres piscinas y levantar un balneario en Can Zam

Carles Cols

Aparecen aguas termales en Santa Coloma / FERRAN NADEU

A Santa Coloma de Gramenet se le asoma por el horizonte un futuro, como mínimo, exfoliante, cosa que pocas ciudades de su tamaño pueden decir. Hace ahora justo dos años, un equipo de geólogos liderados por Enric Vázquez-Suñé confirmaron con datos precisos lo que desde el 2004 era una vaga sospecha, que Santa Coloma se asienta sobre un gigantesco yacimiento de aguas termales. Se abría así un abanico de variopintas posibilidades. Caldes de Gramanet, tituló entonces este diario en su versión de papel. Lo que son las cosas, la alcaldesa Núria Parlon, acaba de anunciar cómo la ciudad sacará provecho del tesoro que atesora en su subsuelo y la guinda de los proyectos, que son varios, es construir un balneario termal en Can Zam, con vistas sobre el parque fluvial del Besòs.

Los yacimientos de aguas termales no son rarezas. Los hay a docenas en el mundo. Lo insólito, al menos en Europa, es que sobre ellos se asiente un importante núcleo de población, como Santa Coloma, con sus 120.000 habitantes. Ocupa, según los geólogos, una octava parte del término municipal, unas 50 hectáreas repartidas entre los barrios de Fondo, Can Mariner y Santa Rosa. A 100 metros de profundidad, el agua alcanza los 60 grados de temperatura, suficiente, ya de entrada, para poner plantear un aprovechamiento de toda esa energía geotermal.

Con ocho pozos y tres estaciones de bombeo, el ayuntamiento propone de entrada abastecer de calefacción a 45 equipamientos de la ciudad (escuelas, centros cívicos, bibliotecas…) que hoy en día suman una factura por este concepto de 800.000 euros anuales.

30 millones de euros

La segunda pata del proyecto sobre la mesa prevé conducir parte de esas aguas termales a tres piscinas de la ciudad, para dotarlas, como mínimo, de una zona de baños calientes. Estas dos primeras soluciones, calentar equipamientos y calentar bañistas en las piscinas, serían, en principio, responsabilidad directa de una empresa pública que el ayuntamiento pondría en marcha para explotar, como si de una empresa minera se tratara, el yacimiento. Es la tercera propuesta, sin embargo, la que inevitablemente más llama la atención. El propósito es ofertar en régimen de concesión la explotación de una parcela de 10.000 metros cuadrados de Can Zam calificados como equipamiento para que una empresa privada construya y gestione allí una estación termal. El canon que pagaría serviría, y mucho, para financiar parte del conjunto de obras que será necesario llevar a cabo para que Caldes de Gramenet sea una realidad en el año 2025. Según Parlon, un primer estudio sitúa el coste de la perforación, canalización y adaptación de los edificios beneficiados en unos 30 millones de euros, una cifra inasumible a solas por las arcas de Santa Coloma. El ayuntamiento confía en una inyección de fondos europeos y en el respaldo de las administraciones central, autonómica y metropolitana para sacar adelante la iniciativa.

Manantial infinito

La pregunta lógica por parte de los profanos en geología es, cómo no, si el yacimiento es finito, si esos 30 millones de euros de inversión pueden dividirse por un número razonable de años de explotación. Pueden dividirse, según los geólogos, por un número infinito de años. Como manantial termal, lo que se esconde bajo el suelo granítico de Santa Coloma es una fuente infinita de calor. No hay que imaginar esas reservas literalmente como una bolsa de agua. En realidad, el agua circula entre las fisuras de las rocas. Cualquier pérdida o extracción se repone de forma natural y  prácticamente de forma inmediata. El impacto de la explotación comercial que pretende Santa Coloma sería como vaciar la arena de una playa con un dedal. Es decir, una vez construida la red de pozos y la canalización, aún sería posible proporcionar agua caliente a las fincas residenciales que lo solicitaran, pero esta opción es más remota de entrada porque requeriría adaptar la instalación de todo el edificio. En pisos de nuevas promociones inmobiliarias, eso sí, no se descarta.

Poco podía imaginar Santa Coloma un final más feliz al problema que padecieron los obreros de la línea L-9 del metro cuando en el año 2004, en el proceso de perforación de los túneles, comenzó a manar agua de las paredes. La ingeniería permitió sellar las paredes. Podía haber terminado así aquel episodio. Ahora, sin embargo, la ciudad tiene al alcance de la mano abrir hasta un establecimiento termal de referencia en el área metropolitana, según Parlon, nunca elitista, sino de perfil familiar, económico, incluso. No en vano, el agua caliente la paga la madre Tierra.

Temas: Núria Parlon