Ir a contenido

barceloneando

Barcelona, en destrucción

Como una natural secuela del canónico documental de Guerín llega ahora 'City for sale', un relato íntimo sobre la gentrificación turística

Carles Cols

Jordi Papell, víctima extrema e inaudita de la gentrificación turística, a bordo de un Bus Turístic. 

Jordi Papell, víctima extrema e inaudita de la gentrificación turística, a bordo de un Bus Turístic.  / CITY FOR SALE

Fue en el año 2001 cuando José Luis Guerín cautivó al público con su documental En construcción, que llegó a calificarse en su momento como la versión urbana y arravalera (sí, con uve) de Nanuk, el esquimal. La cámara sencillamente acompañaba a varios vecinos paradigmáticos del Chino barcelonés, con la piqueta que trasformaba el barrio como decorado de fondo. De la gentrificación por aquí apenas se hablaba entonces. Los protagonistas de aquella joya cinematográfica asistían impotentes a la mutación de aquel espacio del centro de la ciudad, pero el motor del proceso de cambio era el urbanismo municipal, no el turismo. Eso vino después. Es por eso que un documental de Laura Álvarez, aún inédito porque está pendiente de su ruta de festivales y estreno, podría haberse titulado oportunamente En destrucción, ser así una crónica mimética de aquella de Guerín del 2001, corregida y aumentada, pero la directora ha decidido, y no está nada mal, bautizar su trabajo tras la cámara como City for sale. Le hace justicia a lo que cuenta. Durante dos años ha seguido los sinsabores de varios vecinos de Ciutat Vella acorralados por el (parafraseando a Eisenhowercomplejo turístico inmobiliario de Barcelona. En el caso de Jordi Papell, uno de los protagonistas, lo de acorralado es totalmente real y literal, como se verá más tarde.

Jordi es el epítome del todo vale de esta ciudad. El 'mobbing' no pudo con él y ahora su piso está en la cuarta planta de un hotel

Álvarez vive en Gràcia y fue allí donde germinó en ella la decisión de retratar de algún modo lo que está sucediendo en esta ciudad. Podía haber elegido Gràcia como telón de fondo, y con motivos de peso, con lo que le gusta a los grandes invesores extranjeros el barrio, que lo promocionan después por ahí en ferias internacionales como el Village o el SoHo barcelonés, pero prefirió Ciutat Vella porque es la primera línea del frente y el lugar en mente de todo turista prototípico. Fue así como a partir de febrero del 2016 comenzó a seguir primero con la cámara en su sinvivir cotidiano a Carolina, afincada desde hacía 12 años en el barrio de Sant Pere y cuando la conocíó sobrepasada por las molestias, y al antes citado Jordi, un caso inaudito. Es un septuagenario que comenzó a vivir en su piso cuando tenía solo un año de edad. Con la turistificación de la ciudad fue testigo y víctima de algo fuera de lo común en un barrio donde lo común ya roza a veces lo paranormal. El dueño de la finca comenzó a echar a los inquilinos. Uno a uno. Él resistió. Vive de alquiler, pero tiene un contrato de renta antigua. El caso es que el dueño convirtió la finca en un hotel. Jordi entra por el vestíbulo, saluda a los recepcionistas, sube en el ascensor con el resto de turistas, pero cuando llega a la cuarta planta una de las puertas no es una habitación más, sino su piso, nada pequeño, por cierto. De ahí saldrían fácilmente seis habitaciones. Para llegar a ser la versión local de Carl Fredricksen, el abuelte de UpJordi tuvo que pasar el calvario de unas obras insufribles, en la frontera del mobbing.

En el documental no hay más relato que las voces de los vecinos. Como dice Álvarez, el abecé del debate turístico ya se lo saben los barceloneses de pe a pa como los niños de antaño la lista de los reyes godos. City for sale, en cierto modo, permitirá al espectador sentirse durante una hora y media como un gentrificado. Es una experiencia por momentos perturbadora. La cámara, por ejemplo, sigue a Montse desde el portal de su casa hasta el mostrador de una carnicería de la Boqueria. Va con carrito. Es como seguir al niño de El resplandor en su triciclo por los pasillos del hotel Overlook. “Cuando pongo los pies en la calle me desmorono. Es como si estuviera en lugares que yo siempre había evitado. No me gustaba Lloret, ni Salou, ni Platja d’Aro, y ahora esto es como una playa”, piensa en voz alta Montse.

Montse: No me gusta Lloret, ni Salou ni Platja d'Aro, y ahora esto va y se parece a una playa"

Cuando Israel, entre la guerra de los Seis Días, la del Yom Kipur y la del Líbano, se hartó de conquistar tierras árabes, en los mercadillos turísticos de Jerusalén se vendían una provocadoras camisetas: Visita Israel antes que Israel te visite a ti. Un poco eso es lo que le ha ocurrido a Montse y el resto de protagonistas de City for sale. Algunos, como Carolina, se han rendido y se han mudado a barrios como el Guinardó. Otros, como Jordi, están peleones y hasta dispuestos a emplear las sucias armas de sus adversarios. Lo dice en broma, pero como en caso de que muera el contrato de alquiler lo podrá heredar su esposa, está pensando en casarse ahora con una joven de 18 años. Al dueño del hotel le daría un síncope.

Carolina desembala las cajas tras la mudanza y deja atrás 12 años en el barrio de Sant Pere / CITY FOR SALE

El caso es que el documental germinó en el 2015, creció tímidamente en a partir del 2016 y en el 2017 sucedió algo que cambio su rumbo, puso un pie en la sección industria del Festival DocsBarcelona, un espacio concebido para dar impulso a ideas y proyectos como el de City for sale. “Pasó así de ser algo muy punki a un proyecto más ambicioso”, recuerda Álvarez. Cayó en brazos de Bausan Films, ya saben, Balseros y unas cuantas perlas más. Este 2018 tuvo una segunda alegría. Quería montar el material rodado comme il faut, con un tratamiento de color adecuado, el sonido y sus efectos como se merece el público, etcétera, o sea, dinero. Abrió una cuenta de micromecenazgo, de las breve, solo 30 días, con el propósito de reunir un mínimo de 4.000 euros. En tres semanas ya tenía el doble, señal inequívoca de que el sobreturismo que padece la ciudad es un tema que importa. Que la próxima edición del DocsBarcelona incluyera City for sale cerraría un círculo perfecto.

La directora es joven en términos turísticos. No vivió el tránsito de la Barcelona 'torística' a la turística

Laura Álvarez es joven. Como mínimo en términos turísticos, porque no tiene recuerdos claros de cuando esta ciudad era torística, es decir, que a lo sumo la visitaban los extranjeros para ir a la Monumental y regresar el mismo día al hotel de la costa. Los 90 aún fueron un poco así. El tránsito del torismo al turismo fue veloz, tanto que pilló a contrapié a los políticos (nada nuevo bajo el sol), pero también, y esto ya fue más anormal, a todos aquellos partisanos de la creatividad que siempre aparecen en Barcelona cuando son indispensables. La fecha clave aquí a tener en cuenta es el 2014. Hay un antes y un después.

Madame Homs...

En marzo de aquel año ocurrió algo que ha caído en el olvido. Turisme de Barcelona, ya saben, esa sociedad mixta más chula que un ocho cuando se propone algo, organizó un debate en el CCCB para debatir los límites de la capacidad turística de Barcelona. Los allí reunidos, todos del gremio, sostenían que aún quedaba margen, que 27 millones de visitas al año no eran nada. La osadía fue que, para amimar el debate, proyectaron un documental de difícil acceso, El síndrome de Venecia, un relato descorazonador sobre la gentrificación brutal que sufría el centro de la capital del Véneto. Como en City for sale, no faltaba el seguimiento cámara en mano de una mudanza. “Barcelona nunca llegará a esto”, vaticinó en aquella reunión la concejala del sector, Mercè HomsMadame Homs, tarotista y vidente…, que mal se habría ganado la vida en una feria ambulante.

Fue a partir del 2014 cuando los partisanos de la resistencia más creativa comenzaron a actuar. Tal vez tarde, pero siempre bien

Lo sorprendente es que en Venecia las protestas ciudadanas eran por aquellas fechas de fama mundial de tan originales que alcanzaban a ser (funerales con góndolas negras por la muerte de la Serenísima, por ejemplo) y, mientras, en Barcelona la respuesta ante lo que ya era evidente, el súbito sobreturismo, era muy mansa. City for sale, visto de este modo, forma parte de ese despertar acaecido a partir del 2014, que cronológicamente arrancó con una conferencia canónica de Marina Garcés en el CCCB, continuó con un primer documental de aproximación al problema, Bye bye Barcelona, de Eduardo Chibás, prosiguió en el 2015 con una obra de teatro de Marc Caellas de título inequívoco, Guiris go home, y alcanzó su edad de oro con el advenimiento de plataformas vecinales como las que se juntan bajo el paraguas de la Asamblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS). City for sale, título también inequívoco, es un nuevo escalón, tres años de paciente trabajo tras la cámara y ahora a la espera de festival y fecha de estreno.