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MESA REDONDA EN EL MACBA

Vade retro, Venecia

Un demoledor documental sobre la agonía de la 'Serenissima' abre un debate sobre los límites de la capacidad turística máxima de BCN

Carles Cols

Turismo de Barcelona y la Asociación Catalana de Profesionales del Turismo (SCT) no saben aún muy bien cómo ni cuándo pero organizarán un debate en el que el ponente principal será un carterista de la ciudad. Con pasamontañas, con antifaz, a cara descubierta…. Ya se verá. Paciencia, aún no hay fecha para ese cara a cara entre hoteleros, restauradores y comerciantes y el pillo que le birla la cartera a los clientes. De momento, anteayer se celebró en el auditorio del Macba un no menos chocante cinefórum.  La crema del sector turístico barcelonés se reunió para visionar El síndrome de Venecia, de Andreas Pichler, documental sobre los estertores de la capital del Véneto, bellísima urbe si no fuera porque en sus calles hay más forasteros que nativos. Venecia es insufrible. La población ha caído por debajo de la de 1438.

Hubo en la sala lo que deberían considerarse grititos de espanto cuando los enormes cruceros entraban en el plano y empequeñecían los edificios cercanos a la plaza de San Marco. Risas nerviosas cuando un veneciano se lamentaba, «aquí la temporada turística dura 13 meses». En resumen, la clásica sesión de cine de terror. Pero cuando se abrieron las luces, la realidad pareció un lugar seguro, sin monstruos.

A los organizadores hay que reconocerles sus bemoles. Vamos, que cuando los veganos quedan para ver la tele no buscan en la parrilla el programa de Arguiñano. Quedó claro que el sector turístico barcelonés no se asusta como un avestruz y que tampoco se deja impresionar.

Gabriel Jené, presidente de la asociación Barcelona Shopping Line, y Eduard Torres, dueño del Hotel Duquesa de Cardona, abrieron fuego contra quienes sostengan que Barcelona será la próxima Venecia. De hecho, hubo unanimidad general en ello. Lo dejó también claro la concejala de Ciutat Vella, Mercè Homs. Algo vehemente, dijo: «Barcelona nunca llegará a esto». Su opinión era importante porque en realidad el trasunto de Venecia, si de comparaciones se trata, es sobre todo la Barcelona vieja, la Rambla de los 100 millones, el Gòtic y poco más. Homs, así, presumió de que «en Ciutat Vella viven 104.000 personas». No dijo, sin embargo, que en 1970 eran 177.000, según los anuarios estadísticos.

¿Cuántos turistas más?

Los primeros minutos de debate transcurrieron con una unanimidad inquietante si lo que esperaba el público era una buena noche pugilística. Pero poco a poco evolucionó a mejor. Jené y Homs intercambiaron golpes a cuenta de la ley de horarios comerciales, un disparate, según el representante del gremio, porque los turistas apenas pueden ir de compras los domingos.

Aquello no estaba mal para entretener el hambre, pero se apartaba del tema que había servido en bandeja el documental. Afortunadamente el moderador y director de explotación del Grupo Husa, Robert Torregrosa, resituó la vagoneta en los rieles cuando, por ejemplo, utilizó una expresión más propia de la ingeniería para explicar cuál es el reto de la ciudad: «¿Cuál es la capacidad de carga de Barcelona?». Si de un puente se tratara, la solución suele consistir en situar sobre él unos camiones. ¿Pero cómo se calcula la capacidad turística máxima de una urbe con encanto? Venecia no lo supo hacer.

Poco a poco, a veces entre líneas, los peligros de los excesos salieron a relucir y el debate así se enriqueció.  El gerente del Macba, Joan Abellà, invitó a tomar la Boqueria como termómetro de si algo va mal. Por un momento pareció que así lo consideraba. Es cliente, pero parece que solo de las pescaderías, pues la mayor parte de aquella joya comercial ha degenerado en una suerte de jugolandia. Lo de Abellà es un síntoma.

También fue interesante la aportación del estrellado restaurador Jordi Herrera, que abrió una veda de reflexión muy interesante. «Tenemos que ser como somos, no como los turistas esperan que seamos». Fue toda una proclamación en favor de la autenticidad y, en su caso particular, de la cocina local frente al fast food. Homs le aplaudió la idea. De hecho, todos. Pero nadie encaraba la pregunta clave: ¿dónde está el techo del éxito?

Tal vez la respuesta estuviera oculta en un gráfico que se proyectó durante unos segundos. En él se exponía que un 25% de los turistas que visitan Barcelona han repetido tres o más veces este viaje. Es una fidelidad que merece ser agradecida. La cuestión es qué pasará si el 52% que afirma que esta es su primera vez en la ciudad decide repetir, no una, sino más veces.

Queda por consignar aquí que los ponentes dedicaron unos minutos a tratar de exageración periodística el reportaje que el 23 de febrero publicó este diario y que exponía similitudes entre Barcelona y Venecia. El tiempo dirá.