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radiografía inquietante

¿Por qué 10 anfitriones de Airbnb en Barcelona ganan 84.500 euros al día?

DataHippo abre en canal la web de la plataforma y ofrece una visión descarnada de la autodenominada economía colaborativa

Carles Cols

¿Por qué 10 anfitriones de Airbnb en Barcelona ganan 84.500 euros al día?

El mayor anfitrión de apartamentos turísticos de Barcelona tiene una cartera de 204 pisos. Como cifra, aturde más la de cuánto puede ganar al día en caso de que logre tenerlos todos simultáneamente alquilados, nada extraño en temporada alta: 37.721 euros. Al día, sí. Lo de llamarle anfitrión es porque así define Airbnb a quienes utilizan su plataforma para alquilar sus pisos. En los almibarados anuncios de esta empresa autodenominada colaborativa son gentes hospitalarias, campechanas, que no dejan que te vayas de Barcelona sin que antes aprendas a untar bien el pan con tomate. Pues eso, que el capitán general de los anfitriones de Barcelona tiene 204 pisos. ¿Se pasará la semana untando pan?

El podio de Airbnb en Barcelona lo ostenta un anunciante con 204 pisos, 37.721 euros de ganacias al día

Más cifras. Los 10 mayores anfitriones barceloneses de Airbnb suman 996 pisos. Están así en disposición de ganar 84.574 euros al día, más de medio millón a la semana,  2,5 millones al mes. Por cierto, esos 84.574 euros al día ya son más que los 72.000 euros al año que Airbinb pagó en impuesto de sociedades en el 2017 en toda España, porque el domicilio de la firma está en Irlanda. Los datos son una gentileza de DataHippo, un equipo humano con un oficio bien curioso. Cogen una web como la de Airbnb, o la de otras plataformas similares, como Homeway, HouseTrip o Only-Apartments, y le dan la vuelta como a un calcetín, la muestran como no quisieran esas empresas que fuera vista. En su jerga, la escrapean, arañan todos los datos que allí se almacenan y los sirven desnudos, sin maquillajes. DataHippo es como un filtro de Instagram. Dramatic reality, podría llamarse (y que se puede consultar en este enlace).

Fuente: DataHippo

Según las cuentas de DataHippo, en una jornada de lleno absoluto (hipótesis extrema, de acuerdo) los dueños de apartamentos turísticos con licencia de Barcelona se repartirían 1.575.778 euros. Forman parte de un club, la de quienes en su momento fueron a tramitar (ni siquiera solicitar, porque el proceso era automático) una licencia. No eran caras. Solo 230 euros en papeleo. Pasados menos de 10 años, se calcula que su precio en el mercado es de unos 80.000 euros. La inversión inicial se multiplicó por 347. El 30 de abril del 2014 fue la última fecha en la que el Ayuntamiento de Barcelona tramitó licencias. Se había desatado el equivalente urbano de la fiebre del oro. El río se había salido de madre. Cuenta A., un anfitrión, que él era uno de los que aquel día estaba en la cola antes de que cerraran definitivamente la ventanilla. “Delante de mí había un tipo que llegó para tramitar 25 licencias de golpe”. Pagó, pues, 5.750 euros en impresos. Y encantado. Pasados cuatro años, valen 460.000 euros. Tiene 25 minas de oro en la ciudad y las arcas municipales no obtienen ningún ingreso directo por ello. Pagará el IBI, por supuesto, pero ese no es un impuesto vinculado a la actividad turística. Pagará, tal vez, la tasa correspondiente por cada visitante que aloja, aunque la mayoría de anfitriones no lo hacen. Saldará sus deudas con Hacienda, claro. Pero la cuestión es que de un negocio mayúsculo como este, el ayuntamiento solo recibe las quejas vecinales. ¿A quién o a qué hay que atribuir la arquitectura de tal sinsentido? A un imprudente debate parlamentario que tuvo lugar en el Parlament de Catalunya a finales del 2011. Agárrense, que vienen curvas.

Hace siete años, CiU y PP desregularon el sector sin apenas debate parlamentario. Fue el 'The land rush' del turismo local

De eso hace ahora siete años. Las manecillas de la política catalana avanzan tan deprisa que parecerá mentira, pero hace siete años CiU y el PP eran aún un matrimonio de conveniencia en el Parlament. En la ley ómnibus que acompañaba a los presupuestos de aquella legislatura, el conseller Francesc Xavier Mena introdujo varias modificaciones en la ley de turismo. Una hacía referencia a los pisos turísticos. Simplificó el proceso hasta convertirlo en algo tan simple como el manual de instrucciones de un botijo. Solo tiene una. Nunca chupes el pitorro. Con los apartamentos turísticos era lo mismo. Bastaba con que el dueño comunicara al ayuntamiento de turno que su piso pasaba a ser turístico. Releído el diario de sesiones de aquella jornada, merece la pena otorgar a Joan Puigcercós, entonces dirigente de Esquerra, el premio Casandra. Lo avisó. “Una excesiva desregularización comporta riesgos a la larga”. Dijo no comprender, y con razón, como una porción del pastel de las competencias de viviendas pasaban así, sin más, al área de turismo. Dijo más. Se preguntó, por ejemplo, cómo la Administración podría a partir de entonces realizar inspecciones en un establecimiento turístico como los nuevos apartamentos turísticos si en el fondo no dejaba de ser una vivienda particular. “¿Necesitaremos la orden de un juez?”.

A su manera, aquel 2011, el Parlament, de forma algo aturullada, dio el pistoletazo de salida de algo así como el The Land Rush de 1889 en Oklahoma, la conquista literalmente a la carrera de tierras. Tres años más tarde, aquel 30 de abril del 2014 citado, el Ayuntamiento de Barcelona bajó la ventanilla.

Será casualidad o un caso para Iker Jiménez, pero los dueños de cinco o más pisos turísticos son 666

El paisaje a fecha de hoy es el que ofrece DataHippo. La lectura de los datos a veces depara sorpresas que erizan el vello. El número de anfitriones con cinco o más pisos en propiedad es, lo que son las cosas, 666. A lo mejor celebran con velas negras los aniversarios de aquella ley ómnibus. A lo mejor tienen hasta un lema. Más rico que ayer, menos que mañana. Sus licencias no tienen fecha de caducidad. No pagan ningún canon por ellas. Pennies from heaven es su canción. Es más, el Ayuntamiento de Barcelona, con motivos y con la ley en la mano, ha emprendido una cruzada contra los apartamentos ilegales, contra los que no tienen licencia. Parecerá una cierta contradicción, pero el colauismo trabaja en beneficio también de los grandes propietarios de pisos turísticos de Barcelona, los supuestos anfitriones.

Los carteles repartidos por la la 'community manager' de Airbnb, en febrero del 2015. / CARLOS MONTAÑÉS

Lo de supuestos merece un par de aclaraciones. Primero. DataHippo toma como referencia el código de cada anunciante como punto de partida. Es así como descubre que bajo un mismo código hay, por ejemplo, alguien que gestiona 204 pisos. Puede que correspondan en realidad a varios propietarios agrupados en una única sociedad. Pero eso no los convierte en verdaderos anfitriones. Conviene recordar algo que tal vez pasó inadvertido el 24 de febrero del 2015. Aquel día se celebró una audiencia pública municipal para debatir sobre el turismo y sus daños colaterales. Estaban invitados los partidarios y los detractores de la cosa. La mayoría de los segundos se quedaron en la calle por falta de espacio. Los primeros llegaron antes. Mientras hacían cola (hay testigos de ello), llegó una ejecutiva con una gran bolsa en la mano repleta de pancartas. Era la ‘community manager’ de Airbnb. “Soy anfitrión”, decían los carteles. Fue una audiencia caótica. Inútil, se dijo entonces. En realidad, vista con perspectiva, fue la teatralización de las gráficas de DataHippo.

Temas: Airbnb Turismo

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