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REPASO A LOS HÁBITOS DE TRANSPORTE CIUDADANOS

Pros y contras de moverse por Barcelona en los diferentes medios de transporte

El coche es el más cómodo y el más caro, e ir a pie, lo más económico pero lleno de tropezones

Carlos Márquez Daniel

Barceloneses, desplazándose a su manera por la ciudad. 

Barceloneses, desplazándose a su manera por la ciudad.  / RICARD CUGAT

Hay muchas maneras, cada vez más, de moverse por la ciudad de Barcelona. Y cada una de ellas tiene sus pros y sus contras. Hay muchos factores que afectan en la elección, desde la renta hasta la forma física, pasando por la prisa que uno tenga o la voluntad de primar la comodidad sobre las penurias.

El coche 

Moverse en automóvil por la capital catalana es una cuestión de extremos. Ofrece el mayor confort posible pero también el gasto es el más disparado (no solo por la gasolina, también por el precio de la zona azul y los aparcamientos), así como el tiempo invertido en los desplazamientos. En la ciudad están censados 580.000 turismos (dato del 2016), 10.000 más que el año anterior pero casi 40.000 menos que una década atrás. No está previsto vetar los coches en la ciudad ni crear un peaje urbano, pero sí quedarán expulsados a partir del 2020 los más contaminantes.

La moto 

La moto ha sido históricamente el vehículo más rápido de la capital catalana. Pero también el más expuesto a los accidentes. El 84,4% de los heridos graves en accidentes de tráfico en el 2017 iban en una motocicleta o en un ciclomotor, y el 41,3% de los vehículos implicados en siniestros en ese mismo año también eran motos, cuando estas solo suponen el 29,6% del parque total de vehículos matriculados en Barcelona. La moto es también la opción más eficaz para ir de puerta a puerta, puesto que todavía se puede aparcar en muchas aceras, pero por el contrario, es el medio más aparatoso durante el crudo invierno y el duro verano.

La bici 

Los ciclistas urbanos son cada vez más numerosos. Tienen a su favor que cada vez disponen de más carriles bici y de una mejor conectividad entre los corredores ciclistas. Quedaron atrás los tiempos en los que el vial se terminaba sin que el usuario supiera qué camino debía seguir para poder pedalear con seguridad. De momento pueden usar las acera, pero eso tiene fecha de caducidad (seguramente, en el próximo mandato). El hecho de poder circular por los pasillos reservados al viandante ha generado una década de encontronazos dialécticos todavía sin resolver. En su contra juega la pendiente para llegar a según qué barrios de montaña y los constantes robos. También la contaminación, que no es buena cuando uno tiene los pulmones a pleno rendimiento durante el pedaleo. Los usuarios del Bicing se han estabilizado en poco más de 100.000 abonados. El sistema está pendiente de un cambio de contrato, con mayor apuesta por las máquinas eléctricas. 

Transporte público

Barcelona dispone de una red de metro envidiable, a pesar de que tiene pendiente terminar el tramo central de la L9. La cosa empeora cuando uno quiere seguir por el subterráneo con destino al área metropolitana. Ahí hay mucho por perforar todavía. Es rápido y eficaz (si no se coincide con alguna de las muchas huelgas fruto del conflicto entre empresa y sindicatos de TMB). Tan buena acogida tiene, que en el 2017 marcó su récord histórico de validaciones, superando los 390 millones de billetes picados. En su contra -aplica también para el bus-, el precio de la tarjeta más utilizada, la T-10, que ya supera los 10 euros tras dos años de congelación de tarifas. En cuanto al transporte público de superficie, el principal problema es la velocidad comercial, con una media que no supera los 12 kilómetros por hora. Se está terminando de desplegar la red ortogonal de autobuses -28 líneas verticales, horizontales y diagonales-, pero a pesar de que se incrementa la frecuencia de paso, no se está ganando apenas rapidez. Por último, el tranvía, que no hace más que crecer y que une nueve municipios del área metropolitana. Se ha quedado sin unión por la Diagonal (veremos en el próximo mandato) y su velocidad está muy por encima del bus con 17 kilómetros por hora.

'Apps' de movilidad compartida

Cada vez son más las empresas que despliegan sus motos en Barcelona para que los usuarios dispongan de ellas a través del móvil. Por el momento son cinco con más de 2.000 máquinas en la calle. El sistema es cómodo -están por todas partes- y fácil de usar, pero tiene el inconveniente del precio, aunque no resulta tan elevado si uno piensa que paga por una moto para él solo y no por un billete en un bus rebosante de gente. De momento pueden usar la vía pública sin problemas, pero el consistorio prepara una normativa para regular su funcionamiento

Vehículos de movilidad personal

Lo último en llegar y lo que más actualizaciones brinda a los usuarios. Aquí se incluyen los patinetes eléctricos, cada vez más habituales en nuestras calles. A su favor, la rapidez y agilidad a la hora de moverse por la ciudad. También entre los pros, que el coste queda amortiguado por lo que uno se ahorra a lo largo del tiempo. Contras: no recomendable en los días lluviosos (sobre todo lo modelos de rueda más pequeña) y el peso de estas máquinas cuando uno quiere cargar con ellas a todas partes. 

A pie

Andar. Fue, al fin y al cabo, el primer medio de transporte jamás inventado, y sigue siendo mayoritario en los desplazamientos dentro de la ciudad (46% del total). Tiene el problema de que es una práctica llena de tropezones (bicis, motos en las aceras, terrazas y carteles publicitarios) pero tiene la virtud de la salud y de poder disfrutar de la ciudad sin prisa pero sin pausa. Sobra decir que es la opción más económica. Se hace camino al andar. Y también se hace Barcelona. 

Temas: Motos Bicicletas

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