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el debate de la gentrificación comercial

La Generalitat sopesa indultar al Mesón del Café

La Conselleria de Economia analiza cómo excluir de la subasta la finca del número 16 de Llibreteria

Carles Cols

Antonio, el dueño del Mesón del Café, en su local.

Antonio, el dueño del Mesón del Café, en su local. / JOAN CORTADELLAS

Decenas de decesos comerciales de tiendas que hacían reconocible esta ciudad y centenares de dolorosos casos de gentrificación en los barrios más turistificados parece, por fin, que han hecho mella en quien debía. La Generalitat busca fórmulas jurídicas para retirar de la subasta de inmuebles del próximo 5 de julio la finca del número 16 de la calle de la Llibreteria, más conocida por el establecimiento que desde 1909 ocupa la planta baja, el Mesón del Café, un faro para los vecinos que aún quedan en la zona. Se da por hecho que esa fórmula jurídica no será difícil de encontrar. Más incierto es lo que vendrá después. El edificio forma parte de las herencias intestadas que habitualmente recibe la Generalitat. Lo razonable sería que se reuniera la Junta de Herencias, una mesa que agrupa a varias administraciones, y que en ella, esta vez sí, el Ayuntamiento de Barcelona levantara la mano y pidiera negociar un precio de compra del inmueble fuera de la subasta.

El pasado 31 de mayo,  el enojo por la subasta de Llibreteria, 16, salió a la calle. A las puertas del bar se pronunciaron quienes creen que la venta del edificio al mejor postor no hará más que agravar la depauperación social de aquella calle y su entorno. El precio de salida de la subasta es (o era, según si la Generalitat soluciona el proceso administrativo) realmente tentador, 810.520 euros por un edificio de cinco pisos. Todos con inquilinos, cierto, con contratos indefinidos, pero en una ciudad como Barcelona esto nunca es garantía suficiente.

La polémica subasta se coló en el debate de investidura de Torra y este, ya 'president', fue a tomarse un café al bar para conocer el caso de primera mano

Aquel fue un jueves de carreras en los despachos políticos. A la vista de que los vecinos iban a reclamar la paralización de la subasta, el ayuntamiento se sumó a la demanda. Lo hizo dando a conocer una carta que el concejal de Vivienda, Josep Maria Montaner, había remitido a la Conselleria d’Economia. La respuesta de la administración autonómica fue inmediata. Reveló que en la reunión de la Junta de Herencias ningún representante del ayuntamiento movió un dedo para evitar la puja. Podían y no lo hicieron. La polémica no fue a mayores. Ahí se quedó. Pero el caso ya estaba sobre la mesa y, según el diario Arafue un café el que propició un cambio de rumbo. Se lo tomó allí el president Quim Torra, no por casualidad. Fue expresamente desde su despacho para interesarse por este caso, pues no en vano hasta se habló de ello durante el pleno del Parlament que lo invistió como presidente de la Generalitat. La casualidad quiso que aquel mismo día se celebrara en Barcelona una manifestación de inquilinos hartos de las subidas de los alquileres, de modo que desde el atril de la Cámara catalana se discutió brevemente sobre ello. Los diputados de Catalunya en Comú le reprocharon a Esquerra que presuma de política sociales y a la  par subaste pisos con inquilinos dentro. En cierto modo, la respuesta  a aquella acusación ha llegado ahora, con la decisión de sacar de la subasta aquella finca de Llibreteria. Los servicios jurídicos del departamento de Economia estan explorando qué motivos argüir para justificar esta medida.

La cita del 5 de julio

El resto de la subasta seguirá su curso. No es nada extraño. Es frecuente que la Generalitat reciba en herencia fincas cuyos dueños mueren sin testamento y sin herederos conocidos. En estos casos, el problema aparece cuando la aceptación de esos bienes inmuebles por parte de la Administración entraña algún gasto, por deudas pendientes o por la razón que sea. Entonces, la solución prevista en la ley es la subasta. Con la suma así obtenida se salda la deuda y el resto se destina a políticas sociales. Antes de excluir a Llibreteria, 16, de la lista de piezas a subasta, el cálculo de la Generalitat era que el próximo 5 de julio iba a obtener unos 2,5 millones de euros.