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COMISIÓN MUNICIPAL

El tranvía por la Diagonal queda visto para sentencia

ERC condiciona su apoyo a la conexión de las líneas a que la gestión del servicio "no caiga en manos privadas"

El gobierno aspira a iniciar en este mandato un tramo de 1,6 kilómetros entre Glòries y Verdaguer por 75 millones

Carlos Márquez Daniel

La linea de tranvía T6 que pasa por la rambla de la Mina.

La linea de tranvía T6 que pasa por la rambla de la Mina. / JOSEP GARCIA

Por fin algo de ‘real politik’ en la comisión municipal que estudia la conexión del tranvía. Este jueves se celebraba la última sesión, que versaba sobre la influencia del ferrocarril urbano en el área metropolitana. Pero ese ha sido más bien un asunto secundario, porque se notan y se mascan los nervios ante la pregunta final que en algún momento deberán responder los 41 concejales del pleno: ¿quieren ustedes que el Trambesòs y el Trambaix queden unidos por el trazado técnicamente más viable? El resultado sigue siendo una incógnita.

Nunca como hoy se había recordado tanto en esta comisión la gafada consulta sobre la reforma de la Diagonal que Jordi Hereu impulsó en el 2010. Porque en el fondo esto no es solo una reforma urbanística acompañada de un proyecto de movilidad. Es también supervivencia política ante una de las transformaciones que más debate ha generado en Barcelona en los últimos 10 años. Solo Glòries y los carriles bici le disputan ese trofeo. Por eso la reunión ha sido tensa, siempre dentro de un orden, porque en el fondo nadie quiere cargar con las culpas pero todos querrán blandir el éxito. Ya sea porque finalmente se despliega la línea de bus D30, como quieren PP y PDeCAT, o porque se conecta el tranvía por la Diagonal, como defienden Barcelona en Comú y el PSC. En tierra de nadie, la CUP, Ciutadans y, sobre todo, ERC, representada por un Jordi Coronas que se ha puesto bien en el papel de despechado ante el advenimiento de tan trascendente decisión.

Quizás Ada Colau haya conseguido su objetivo de poner nerviosa a Esquerra. La alcaldesa decía el martes que el debate ya no da más de sí e instaba a la oposición, señalando por encima de todos a los independentistas, a mojarse de una vez. Prometía incluso, en un alarde de optimismo, que antes de que termine el mandato, en junio del 2019, se podría acometer un primer tramo de la conexión, entre Glòries y el paseo de Sant Joan. Colau sabe que ERC nunca ha dicho que no al tranvía. Incluso pidieron que el estudio informativo elaborado por la Autoridad del Transporte Metropolitano (ATM) incluyera la carísima y poco viable opción de soterrar el ferrocarril urbano. La alcaldesa es consciente de que los cinco votos que controla Alfred Bosch, a no ser que mucho cambien las cosas, son los únicos que pueden desbloquear la propuesta.

Ataque de risa

Es una jugada arriesgada, pues condicionas una apuesta muy personal al plácet de un tercero. Aunque eso es lo que tienen las promesas electorales, que tú las lanzas y luego la aritmética ya dirá hasta dónde puedes cumplir. Coronas, visiblemente molesto por el pase envenenado de Colau, se ha preguntado cómo es posible que lleven dos años y medios con la canción. "Hace dos días me cogió un ataque de risa al escuchar que si votamos a favor tendremos el tramo hecho hasta Verdaguer antes de un año y medio. Es absolutamente falso que dependa de ERC". Técnicamente tiene toda la razón del mundo. Pero estadísticamente, olisqueado el sentir del resto de bancadas, es la fuerza con mayor probabilidad de romper el candado.

Ante la ausencia de la CUP (sus concejales estaban en la Ciutat de la Justicia apoyando a la edila Maria Rovira), ERC ha explotado en su lugar el argumento de la gestión, que ahora, en los dos tramos en funcionamiento desde el 2004, está en manos privadas, con un porcentaje simbólico de TMB. Ha reclamado a la concejala de Movilidad, Mercedes Vidal, "renegociar las condiciones económicas con las empresas" y ha avanzado: "Si los beneficios públicos tienen que caer en manos privadas, la respuesta es no". Llamativo que salga con esta tesis cuando una sesión anterior de la comisión se destinó de manera íntegra al modelo de organización. "Hagan los deberes y traigan toda esta información antes de tomar la decisión", ha resumido. 

Ahí pareció quedar bastante claro que el rescate antes del 2032, cuando vence la concesión, está más que descartado. A no ser que se paguen cerca de 400 millones de euros para romper el contrato firmado en los tiempos socialistas de principios de siglo. La idea es que el tranvía por la Diagonal se ceda a las compañías que operan los dos extremos y que a partir de ese año, todo el servicio, de principio a fin, pase a ser controlado por TMB

Socialistas traicionados

El socialista Daniel Mòdol ha asegurado sentirse "traicionado" por la promesa de Colau de acometer un primer pedazo de tranvía. "Creerse ese calendario es insultar a nuestra inteligencia. Si tiene que hablar con tan poco conocimiento de causa, mejor que se calle". El concejal, arquitecto y urbanista antes que político, ha dudado de que la alcaldesa quiera realmente el tranvía. También le ha pedido un favor: "No nos haga sentir ridículos a los que creemos que este proyecto de ciudad es una cosa seria". 

Sin novedad en PP y PDeCAT, que se mantienen en su plan de probar el bus D30 que vaya de punta a punta de la Diagonal. "Pongámosla en marcha y veamos qué pasa", ha instado la exconvergente Francina Vila. "Creemos que antes hay que terminar la L-9 de metro", ha añadido el conservador Javier MullerasKoldo Blanco (Ciutadans) ha expresado "dudas legítimas" y ha insistido en la tesis presentada el primer día: esto no es una prioridad. 

En cuanto al primer tram planteado por el gobierno de Colau, conectar el Trambesòs de la plaza Glòries hasta Verdaguer implicaría crear tres nuevas paradas para realizar un trayecto que se haría en siete minutos y conectaría con la L2 de Metro en Monumental y la L4 y la L5 en Verdaguer, además de una docena de líneas de bus. Las nuevas estaciones se ubicarían entre las calles de Padilla y Lepant -en la zona de la Monumental-; Sicília y Nàpols; y entre Bailèn y Girona -Verdaguer-, y comportarían que el Trambesòs ganara 18.300 usuarios diarios. Esta sería la primera fase de conexión entre el Trambaix y el Trambesòs, y afectaría a cerca de 1,6 kilómetros, que requerirían un coste de 75 millones de euros, 44 de ellos para la infraestructura tranviaria y 31 para la urbanización.

Ahora solo falta que los grupos municipales suban o bajen su pulgar. Podría ser la semana que viene, en la última sesión de la comisión, la de conclusiones.