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INSTITUCIÓN ESTRATÉGICA

La Agencia del Medicamento, mucho más que una mina de oro

Organismos económicos y científicos catalanes confiaban en el impulso de la institución

Los hospitales podían haber ganado capacidad para experimentar nuevos fármacos con sanos y enfermos

Àngels Gallardo

La Torre Glòries, iluminada.

La Torre Glòries, iluminada. / JOAN PUIG

La melancolía es mala compañera, pero este lunes resulta un sentimiento inevitable para un buen número de científicos, farmacólogos, universitarios, empresarios y hoteleros de Barcelona que creyeron que la calidad de la candidatura de esta ciudad para acoger a la Agencia Europea del Medicamento (AEM) era un elemento con peso suficiente como para que la torre Glòries fuera la inminente sede del organismo.

La AEM era el pulmón energético que, creían, les llegaba en el momento adecuado, en pleno desfallecimiento: unos, los científicos vinculados a hospitales y universidades públicos, por la falta de presupuesto para el 2018 y la ausencia de expectativas de crecimiento en que los mantiene la intervención de la Generalitat, otros porque la concesión de la agencia iba a ser el punto de inflexión que cerrara la huida empresarial de Catalunya.

Casi un millar de técnicos de alta cualificación, los empleados directos de la AEM, iban a instalarse en Barcelona, con sus 600 hijos y sus parejas, a los que la Generalitat se comprometía a buscar, respectivamente, una escuela internacional de adecuado nivel y un trabajo confortable y bien remunerado. Con ellos irían llegando cerca de 4.000 empleados más, vinculados a las cerca de 1.500 empresas de tecnología diagnóstica y farmacológica que, era esperable, se instalarían en Barcelona, lo más cerca posible de la torre Glòries.

Para 500 millones

La industria farmacéutica, como sucedió en Londres, actual ubicación de la AEM, hubiera instalado sus sedes centrales en la capital catalana, dada su continua dependencia del organismo que regula y autoriza los nuevos medicamentos que diseñan, y que aspiran a incorporar a la farmacopea que consumen los 500 millones de ciudadanos de la Unión Europea.

Los hospitales hubieran incrementado los estudios de fármacos con sanos y enfermos

Los hospitales públicos hubieran multiplicado la recepción de ofertas de estudio por parte de los laboratorios farmacéuticos que se proponen introducir una nueva molécula en el mercado. La primera fase de esos experimentos se realiza con personas sanas que voluntariamente prueban el futuro fármaco. Para hacerlo, deben existir hospitales con áreas específicas para el ingreso de personas sanas, unos servicios -ahora solo lo tiene el Hospital de Sant Pau- que sin duda se hubieran multiplicado en la ciudad.

En sus fases finales, esas investigaciones se realizan con enfermos, a los que se propone participar en el ensayo de una sustancia cuyos efectos son desconocidos. El médico responsable de dichos enfermos se responsabiliza del estudio y es remunerado por ello desde el laboratorio.

Los centros sanitarios cualificados situados en las inmediaciones de los laboratorios -los de Barcelona en este caso- hubieran recibido muchos de esos encargos -que casi siempre se desarrollan en hospitales de varios países de forma simultánea-, al igual que las universidades catalanas. La AEM, posteriormente, una vez la industria ha concluido su estudio, reparte entre los países miembros de la UE las evaluaciones definitivas de los futuros fármacos.  

La AEM barcelonesa hubiera recibido una media de 400 visitantes diarios, de procedencia internacional. Esas personas hubieran pernoctado y cenado en la ciudad. La torre Glòries, el emblemático edificio que ejerció de atractivo anzuelo, ya que a diferencia del resto de candidaturas era la única sede ya construida, ha quedado tan desamparada como el resto de entidades que confiaron en la llegada de la AEM.

La torre, en alquiler

El grupo Merlín Properties, actual propietario de la torre Glòries, vuelve a poner en alquiler este martes el emblemático edificio. Hasta ayer, mantuvo el compromiso establecido con el Ayuntamiento de Barcelona hace un año de mantener el inmueble sin alquilar, a disposición del proyecto de la Agencia Europea del Medicamento (AEM), hasta que se produjera la elección en Bruselas. De resultar vencedores, la AEM hubiera empezado a pagar el alquiler de la torre. Merlín, entretanto, ha invertido 15 millones de euros en reformar el edificio, informa Max. J. Botías.

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