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BARCELONEANDO

La primera mujer con estatua en Barcelona

La pintora Pepita Teixidor fue hace 100 años la primera fémina ni santa ni reina en tener un monumento en la ciudad; solo 13 más la han seguido

Natàlia Farré

La estatua de Pepita Teixidor en el parque de la Ciutadella.

La estatua de Pepita Teixidor en el parque de la Ciutadella. / ALBERT BERTRAN

Descartando santas, reinas, alegorías y demás, en Barcelona hay 14 monumentos dedicados a mujeres, y aun así no todos son personajes reales, la cifra incluye, por ejemplo, a la Violetera y a la Colometa. Pero no están, en modo mármol, ni Raquel Meller ni Mercè Rodoreda. De hombres hay como poco 168. Vamos, que la paridad en cuestiones monumentales no existe. Lo cuenta y lo denuncia María Isabel Gascón, una de las historiadoras del Grup d’Història de les Dones, entidad que se dedica, como su nombre indica, a rescatar la no historia o la historia silenciada del género femenino. Que la hay.

En Barcelona hay como poco 168 hombres en modo mármol, por solo 14 mujeres

La cifra estatuaria viene a cuento de un centenario: el 14 de octubre de 1917 se inauguró el primer monumento en Barcelona dedicado a una mujer con nombres y apellidos, además de oficio. Eso, una mujer que no lucía corona ni hacia milagros ni representaba la fortuna, la industria o la agricultura. Y tampoco llevaba paraguas. La celebración se hizo por todo lo alto, con presencia del consistorio, alcalde accidental, Lluís Duran Ventosa, incluido; y de toda la intelectualidad de la ciudad. Hombres y mujeres. No en vano, el personaje era muy querido y reconocido en su época. Y no era otro que Pepita Teixidor. Pintora. 

Oposición familiar

Quizá su nombre no diga mucho actualmente pero su obra colgó junto a la de Ramon Casas y la de Santiago Rusiñol en la Exposición Universal de París de 1900. Y sus piezas eran muy buscadas por la burguesía de la época. También por la realeza, la reina María Cristina y la infanta María Teresa le compraron acuarelas. Lo suyo eran las flores pintadas sin ninguna sofisticación, pero con mucho virtuosismo: "Sus rosas huelen y sus cardos pinchan", afirmaba el mismísimo Alexandre de Riquer en una crítica en enero de 1908. A ellas se dedicó pese a la oposición familiar. Su padre, un industrial con posibles que cuando el patrimonio se lo permitió se dedicó a su pasión: la pintura, y su hermano Modest, artista reconocido, querían que dejara las flores, género poco valorado, y se dedicara al retrato o al paisaje, mucho más apreciados y mejor pagados. Pero ella siguió a lo suyo. Y así llenó de pétalos y espinas muchos comedores acomodados. Pero no los museos

Su familia quería que dejara las flores, género poco valorado, y se dedicara al retrato o al paisaje, más apreciados y mejor pagados

Su obra está en manos privadas. No hay forma de disfrutarla. La ha habido durante los últimos años, del 2014 al 2017, con la exposición organizada por el Grup d’Història de les Dones que itineró por todos los distritos de Barcelona. Punto. El MNAC tiene tres piezas pero están en las reservas. No hay más. Dos de las obras del Palau Nacional, 'Flors bosquetanes' y 'Fulls de ginesta', las compró la Junta de Museus. La tercera la donó su hermano junto con el retrato que Casas hizo de la pintora. Todo ocurrió tras la muerte prematura de Teixidor, el 8 de febrero de 1914, y la llamada a homenajearla que Carme Karr hizo desde 'Feminal', la revista que dirigía.  

164 firmas de renombre

La propuesta de honrarla tuvo éxito y se materializó en la idea de monumento. Se encargó a Manuel Fuxà y para pagarlo hubo tómbola de las grandes en la Sala Parés en octubre de 1916. Hermen Anglada Camarasa, Laureà Barrau, Ramon Casas, Mas i Fontdevila, los hermanos Masriera, Eliseu Meifrèn, Joaquim Mir, Ismael Smith, Joan Cardona, Lluïsa Vidal y así hasta llegar a 164 firmas de renombre aportaron obra. "Los boletos se vendieron a 15 pesetas y en la lista de suscriptores estaba la familia real al completo", explica Gascón.

La ceremonia de inauguración, el 14 de octubre de 1917, también fue de altura. La comitiva, presidida por la poeta Dolors Monserdá y el artista Apel·les Mestres, salió del desaparecido Palau de Belles Arts escoltada por la Guardia Urbana con uniformes de media gala. El destino fue el parque de la Ciutadella, donde se erigió y se erige el monumento ahora en restauración.

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