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'BOOM' DE OTRA MANERA DE EMPRENDER

Ellas son las jefas del cooperativismo

Las mujeres lideran la eclosión de la economía social que vive Barcelona

Tres grupos de mujeres con perfiles muy distintos explican por qué apostaron por esta horizontal forma de asociarse

Helena López

De precarias a jefas, estas son las propietarias de la escuela Aberdeen

De precarias a jefas, estas son las propietarias de la escuela Aberdeen / ELISENDA PONS

Álvaro Porro asumió el comisionado de Economía Social del Ayuntamiento de Barcelona con el objetivo de hacer de la capital catalana "una ciudad en la que fuera fácil hacer economía social", misión en el que trabajaba antes de saltar a la arena política. Pese a que el 100% de las cooperativas sondeadas para este reportaje aseguran que, de fácil, no tiene nada, lo cierto es que la ciudad -y Catalunya- no había invertido jamás tantos recursos en intentarlo. Estrategia que no nace del capricho ni de la iluminación, sino para intentar dar respuesta a una demanda ciudadana creciente -sí, el origen está en la gente- de establecer unas relaciones laborales distintas, más justas y democráticas. Una reivindicación con un notable tinte femenino (y muchas veces feminista). Son las mujeres las que más apuestan por este otro tipo de emprendimiento de carácter más humano, como una brecha, además, para intentar revertir roles.

"Otra economía se abre paso en la ciudad de Barcelona", como sentencian Anna Fernàndez Ivan Miró en la primera página de su libro 'L'economia social i solidària a Barcelona'. Publicado hace justo un año, hablan ya de "miles de iniciativas en el trabajo, en el consumo, en el ahorro y en los cuidados personales y del entorno". Y ese miles no es una forma de hablar: contabilizan 4.718 estrictamente en la capital catalana.

Momento de expansión

La apuesta del consistorio barcelonés por ese tipo de economía se materializa en la nueva línea de trabajo (y de ayudas) específica en Barcelona Activa, además de la apertura el próximo año del vivero de cooperativas municipal El Far, que trabajará en red con Còopolis, el ateneo cooperativo recientemente inaugurado en la ciudad, en este caso en Can Batlló, en Sants, distrito de referencia para el cooperativismo en la ciudad. "Estas ganas de hacer economía de otra manera a las que queremos responder ofreciendo todos los recursos necesarios son más acentuadas entre las mujeres. De los 123 proyectos cooperativos asesorados este año por Barcelona Activa, 87, un 70%, están liderados por mujeres", destaca Porro.

Desde el Ateneu Cooperatiu del Barcelonès Nord -en la red de ateneos cooperativos impulsada por la Generalitat- confirman la tendencia. De las cuatro cooperativas que se ha ayudado a nacer en el último año en Santa Coloma desde Grameimpuls (en lenguaje barcelocéntrico, su Santa Coloma Activa), el 80% de las personas ocupadas en ellas eran mujeres.

Redes comunitarias como pilar

Como señalan Elba Mansilla, Joana G. Grenzner y Sílvia Alberich en el estudio ‘Femení plural, les dones a l’economia cooperativa’, "el modelo solidario cooperativista y la economía feminista confluyen plenamente en el hecho de situar la ayuda mutua y la redes comunitarias como un pilar fundamental sobre el que se sostienen".

Coinciden en ambas instituciones en que muy probablemente se trate de un cambio cultural y generacional. Además del creciente sentimiento de la necesidad de una nueva manera de generar actividad económica, las mujeres encuentran en la fórmula cooperativa la una estructura organizativa económica que puede favorecer su desarrollo profesional en igualdad de condiciones. 

A continuación, tres cooperativas muy distintas, impulsadas por mujeres de perfiles muy distintos, pero con la apuesta por poner la vida en el centro como denominador común.

Jessica Rosquellas y Andrea Díaz, socias en la cooperativa Espai Nats / ricard cugat

"La maternidad te empodera. Te hierven las ideas"

Andrea Díaz trabajó en Vinçon 16 años, hasta que cerró, en verano del 2015, momento en el que acaba de tener a su hijo pequeño. "Después de haber estado trabajando con horario de tienda durante toda la infancia de mi hija mayor, que tiene 16, vi que no quería eso también con mi hijo pequeño", señala Díaz, en cuyo núcleo familiar son cinco personas, con el hijo de su pareja. Su actual socia, Jessica Rosquellas, comparte con Díaz edad, 41, y situación vital. Tres hijos, el menor de los cuales también de tres años y haberse quedado sin trabajo: el cóctel letal entre reforma laboral y crisis económica acabó en un macro ERE en la empresa en la que trabajaba.

Ambas son de Vallcarca, donde coincidían en el grupo de crianza del CAP. "Hablábamos siempre de la necesidad de espacios para las familias, donde poder ir con los niños, y que estuvieran cómodos ellos y nosotras", cuenta Rosquellas, quien también es asesora de lactancia.

Fruto de esas reflexiones en el grupo de crianza -que sonarán de algo a toda madre reciente- y de sus situaciones personales, decidieron liarse la manta a la cabeza. "La maternidad te empodera. Te hierven las ideas. Nos dimos cuenta de que no queríamos volver a trabajar para alguien y que, por qué no intentar hacer algo que nos gustara y que nos permitiera, además, conciliar", señalan. Y así lo hicieron. Buscaron un espacio en el que dar respuesta a esas necesidades. Y de paso autoocuparse, dándose impulso con el dinero de la indemnización que ambas tenían de sus trabajos (despidos) anteriores. 

"En la Vila de Gràcia hay mucha oferta de este tipo, pero en Vallcarca, nada. Ni en el Putxet, donde finalmente hemos abierto", apunta Díaz, en el flamante local del Espai Nats el espacio familiar creado por Díaz y Rosquellas que ha subido la persiana esta semana.

Con ese empoderamiento se apuntaron a un curso para mujeres emprendedoras de Barcelona Activa, donde, además de advertirlas sobre las dificultades de emprender, las animaron a estudiar la opción de conformarse cooperativa. "Nos dijeron -concluyen- que dejáramos atrás el prejuicio de las cooperativas son para cuatro agricultores que quieren vender juntos su cosecha (con todo el respeto para los agricultores)".

Pallarès, Mora y Melià, socias fundadoras de La Tremenda /RICARD CUGAT

"La forma y el fondo deben ir de mano"

Que lo de la importancia de los cuidados y poner a la persona en el centro no es una romántica cuestión teórica tanto del feminismo como del cooperativismo, en La Tremenda queda claro desde el minuto uno, con la ternura con la que se saludan cuando se encuentran. Algo poco, por no decir nada, común en un lugar de trabajo convencional. La Tremenda es, no lo duden, una cooperativa feminista y sus socias no solo se lo creen, sino que actúan en consecuencia (todo lo que pueden, al menos, ya que viven y trabajan en el mundo en el que viven y trabajan). 

Llegó un día en el que Mireia Mora, Aída Pallarès y Anna Melià, con trayectorias profesionales y vitales muy distintas, aunque todas relacionadas con la comunicación cultural, decidieron que por qué no. Quizá siguiendo aquellos versos de Vicent Andrés Estellés de "hi haurà un dia que no podrem més i llavors ho podrem tot" parieron, hace pocos meses, La Tremenda, agencia de comunicación cultural cooperativa. Las tres, jóvenes, pero no recién salidas de la facultad, cargaban ya con una mochila repleta de "excesos, precariedad y machismo". "Teníamos claro por dónde no queríamos seguir pasando", señala Mora, educadora social que, tras una década trabajando con jóvenes dio un giro a su carrera y a su vida -esto va de también de proyectos de vida- con un máster de gestión cultural.

Pallarès, quien acaba de publicar el libro con el título de moda -'El carrer és nostre'-, empezó trabajando de guionista, pero tuvo siempre claro que lo suyo era el periodismo. Especialista en cultura, en seguida vio que La Tremenda podía ser una proyecto de vida. "Por el qué y por el cómo", señala. El cómo es la fórmula de cooperativa. Horizontal. "La forma y el fondo deben ir de la mano. Entendemos que la cultura es un derecho y no un privilegio", termina Mora.

Entre su cartera de clientes -entre los que sobre sale la Administración local, muy sensible a la hora de priorizar las empresas cooperativas- destacan también las mujeres, igual que entre sus colaboradoras. "Cuando tenemos que contratar a alguien para alguna campaña, somos tres y no llegamos a todo, si tenemos a dos candidatos, priorizamos a la mujer. Vamos a contrarrestar la balanza", concluyen sin dudarlo.

Las socias fundadores de la academia Aberdeen, en Santa Coloma. /ELISENDA PONS

"El amo se fue y nos quedamos la escuela nosotras"

Isabel Gras Matthews y Clara Navarra Fontbona tienen (solo) 24 y 25 años y, desde principio de este curso, una academia de inglés. Cooperativa, eso sí. Y feminista, junto a otras dos socias, también mujeres y también menores de 30 años. La historia de Aberdeen, como se llama esta particular escuela de idiomas, en el 33 de la céntrica avenida de Francesc Macià, a dos pasos del ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, es, cuanto menos curiosa. En la práctica, llevaba años funcionando -y bien- de forma asamblearia. "El propietario aparecía poco por aquí, y las trabajadoras llevábamos la escuela entre nosotras, con asambleas todas las semanas para decidirlo prácticamente todo", cuentan las jóvenes, quienes pese a su juventud llevaban cuatro y seis años dando clases de inglés en ella.

Al principio del curso pasado, en una reunión ordinaria con el entonces propietario, las trabajadoras le plantearon la necesidad de introducir cambios en el negocio y de mejorar sus entonces precarias condiciones de trabajo. "Él nos dijo que si queríamos, que lo hiciéramos, pero que lo hiciéramos nosotras. Que la academia era toda nuestra, que él se retiraba", señalan las jóvenes.

Y, pese a su corta edad, cuatro de las trabajadoras se plantearon que por qué no. Lo primero que hicieron fue ir al Col·lectiu Ronda a preguntar si sería posible, donde les dijeron que posible, era. Y, después de meses de papeleo con al ayuda y orientación de Grameimpuls, empresa pública de promoción económica del Ayuntamiento de Santa Coloma, este curso se han constituido ya de forma legal como cooperativa, asumiendo el traspaso de la escuela de idiomas, en la que enseñan tanto a niños como a adultos.

La laboral no es la única relación entre iguales en la escuela Aberdeen. Esos principios de horizontalidad y justicia de la filosofía cooperativista los transmiten también a sus alumnos -a los que han explicado su nueva forma legal- mediante un aprendizaje activo que basan en proyectos creativos y clases dinámicas, aplicadas a la vida real. 

"Nuestra intención es arraigarnos al tejido asociativo de la ciudad, participando en las actividades populares. El curso pasado ya participamos en la Feria de Economía Social y Solidaria", señalan.

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