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Los carteristas se ceban en el metro, hoteles, restaurantes y tiendas

El apogeo turístico de la ciudad la convierte en un caladero ideal para ladrones

La presión de Mossos y Urbana ha forzado a los hurtadores a abandonar el espacio público

Guillem Sànchez

Un carterista entra en una cafetería de Barcelona, se sienta tras un cliente, simula rebuscar en su chaqueta pero en realidad le roba la cartera a la víctima que está a su espalda. 

Mancheros, mimosinas, claveleras, papeleros, ronaldinhos, maperas, cojocarus, iphoneros, búlgaras, relojeros, flyeros… Barcelona está llena de pícaros que salen cada día a ‘trabajar’, que no flaquean en la tarea de imaginar nuevas fórmulas para enredar a turistas y barceloneses (aunque los primeros son su objetivo prioritario) y quedarse con su cartera.

Se reparten la ciudad según la modalidad que dominen y esperan el tiempo que haga falta para activar la trampa en el momento adecuado. Se pasean por las terrazas de las cafeterías barriendo con la mirada los móviles que han dejado sobre la mesa. Se hacen pasar por 'botones' del hotel para llevarse una maleta. Se cuelan en el 'buffet libre' para birlar mochilas abandonadas en las mesas de desayuno. Se maquillan para colarse en tiendas de ropa y meterle mano al bolso de las clientas. Aprovechan de cualquier aglomeración en el metro para deslizar una mano hasta el bolsillo trasero de un pantalón. O, como muestra el vídeo de EL PERIÓDICO, se sientan en una cafetería y simulan rebuscar en su chaqueta cuando en realidad lo hacen en la del comensal que está tras ellos. 

TURISTAS, IMÁN DE CACOS 

Los hurtos representan el 65% de los delitos que se cometen en la capital catalana. Se distinguen de los robos violentos porque sustraen los objetos sin que su dueño se percate de ello. Y aunque el sofoco que pueda invadir a la víctima al descubrir que se ha quedado sin la cartera es difícil de digerir, lo cierto es que los carteristas "no tienen un gran impacto en la sensación de inseguridad" de los habitantes de la ciudad, mantiene el nuevo comisario de los Mossos d'Esquadra en Barcelona, Joan Portals.
 

El pasado año, se produjeron casi 5.000 hurtos más que en el 2015. Este 2017, las denuncias demuestran que la actividad de los ladrones ha seguido creciendo, en paralelo a un turismo que también ha aumentado en un 9,2%. 

LADRONES BAJO TECHO 

La presión policial que ejercen Mossos y Guardia Urbana sobre los ladrones ha dado "sus frutos", explica el comisario Portals. Lo demuestra el fenómeno que acaban de constatar. Por primera vez, los hurtos que se llevan a cabo dentro de hoteles, tiendas de ropa, restaurantes y en el Metro son más –en suma– que los que se producen en la vía pública. Los cometidos en espacios al aire libre actualmente suponen el 40% del total. El 60% restante se dividen, sobre todo, entre las instalaciones de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), un 27%, y el interior de establecimientos comerciales, un 23%. Se trata de un desplazamiento motivado por el trabajo de los agentes de paisano, que han logrado que los carteristas cada vez tengan más miedo de actuar a la intemperie. 

"Hemos encontrado ladrones que incluso habían pagado una entrada que vale 20 euros para mezclarse con los turistas de la casa Batlló", explica el sargento Jordi Almendros, el jefe del Grupo de Delincuencia Urbana del distrito del Eixample. 

CARTERISTAS QUE SABEN DE LEYES 

Los hurtos de objetos que no superan los 400 euros de valor estimado se consideran delitos leves en el Código Penal y se castigan con una multa económica. Cuando se acumulan tres sentencias, el juez puede dictar una condena de entre 1 y 3 años de cárcel. Por eso la estrategia más efectiva es cazarlos ‘in fraganti’ y aportar pruebas sólidas en cada juicio. Tanto Mossos como Urbana tienen grupos de agentes de paisano dedicados a una misión -perseguir carteristas sin que estos lo noten-, que según Almendros, hace aflorar "el verdadero instinto policial". 

Antes de que llegue la fecha de un juicio que podría sentenciarlos a una pena de cárcel, lo más probable es que los carteristas se muden a otra ciudad. Conocen bien la ley y ni roban cosas demasiado caras, ni utilizan jamás la violencia, ni se exponen a seguir trabajando en Barcelona cuando saben que eso les puede costar la libertad. Para combatirlos mientras no llega un juicio que asuste lo bastante, la policía estrecha las colaboraciones con la fiscalía para que esta solicite órdenes de alejamiento contra los multireincidentes. Se trata de una opción que se ha revelado eficaz sobre todo para sacarlos del Metro. Ya se han dictado 140 en los últimos años.  

Los Mossos mantienen reuniones para trabajar la prevención con comerciantes, TMB y con los cónsules de los países que más turismo aportan. Pero el mejor consejo, según Portals, es que las víctimas potenciales "mantengan cierta tensión" incluso en vacaciones. Barcelona "es una ciudad segura" pero los carteristas no perdonan los descuidos. 

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