PATRIMONIO HISTÓRICO

Viaje al Gran Metro de 1924

Transports Metropolitans de Barcelona rememora los 50 años de la llegada del metro a Horta con un divertido recorrido nocturno con un antiguo convoy restaurado

Los pasajeros disfrazados de época, en un vagón de 1924 del Gran Metro.  / FERRAN SENDRA

Los pasajeros disfrazados de época, en un vagón de 1924 del Gran Metro. 
TMB rememora los 50 años de la llegada del metro a Horta con un divertido recorrido nocturno con un antiguo convoy restaurado.
La llegada del convoy de 1924 a la estación de la Sagrada Família para conmemorar los 50 años de la llegada del metro a Horta.
Recorrido nocturno en vagones del año 1924 con motivo de los 50 años de la llegada del metro a Horta. 

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Cristina Savall
Cristina Savall

Periodista

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Desde hace una década es tradición que, como mínimo, una madrugada al año, los tres vagones que se conservan del Gran Metro de Barcelona de 1924 salgan de las cocheras para revivir sus tiempos de gloria y pasear por los túneles de la L-2 con unos 300 pasajeros totalmente entregados a los felices años 20, disfrazados con gorras al estilo Jay Gatsby, trajes chaqueta con solapas estrechas y pantalones cortados sobre los tobillos y no demasiado holgados; mujeres con collares largos de perlas blancas, sombreros tipo cloché, medias de rejilla, tocados de plumas y jefes de estación con el uniforme azul de gala y la gorra de plato roja.

El singular recorrido, que comienza a medianoche cuando se han cerrado las puertas del metro, tuvo lugar la madrugada de este jueves para conmerar los 50 años de la llegada del metro a Horta aunque, por problemas técnicos de ajuste con las vías, el antiguo convoi solo puede circular por la L-2, por lo que no llega a la estación festejada que pertenece a la L-5.

RESUCITAN LAS CANCELADORAS

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Las máquinas validadoras de los billetes de la estación de la Sagrada Família dejaron de funcionar tres horas para resucitar a los revisores con canceladoras de las que perforan un pequeño agujero en un tícket impreso para la ocasión como los de antaño. Los invitados a esta experiencia, la mayoría locos por la historia de los transportes públicos, descendieron al anden con la cámara de sus teléfonos móviles a punto para captar la llegada del viejo ferrocarril subterráneo color grana y negro con filigranas de oro.

Un ruido estremecedor anunció su cercana presencia. Aplausos, abrazos y flashes. Un fuerte bocinazo indicó que ya se puede subir. Y comienza un viaje de ida y vuelta hacia la Pau en un vehículo sin velocímetro (no existían en esa época) pero que, según los cálculos de los ingenieros, alcanza los 35, máximo 40, kilómetros por hora.

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