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SEGURIDAD VIAL

¿Sobran coches en Barcelona?

La ciudad tiene dos años para conseguir reducir un 21% los desplazamientos en vehículo privado

El bus ortogonal, los nuevos carriles bici y un urbanismo más peatonal, claves para cambiar el modelo

Carlos Márquez Daniel

Una calle de Barcelona colapsada por el tráfico automovilístico.

Una calle de Barcelona colapsada por el tráfico automovilístico. / FERRAN NADEU

Barcelona tiene un montón de planes. Metropolitanos, de acción municipal, presupuestarios, sociales, de promoción del deporte, de guarderías... También tiene uno destinado a marcar el rumbo de la movilidad para los próximos años. Se aprobó en el 2013 y abarca un lustro entero. Ahora, a medio camino, es buen momento para comprobar hasta qué punto la ciudad va en la buena dirección para cumplir uno de los objetivos más ambiciosos: reducir el 21% los desplazamientos en vehículo privado por la ciudad.

Primero hay que responder a la pregunta de si en la capital catalana sobran coches. No hay unanimidad, ni entre los expertos ni entre los políticos. Xavier Trias solía decir durante su mandato que la cuestión no es si hay de más o de menos, sino el tipo de vehículo. Decía que no sobran, y que en todo caso, los que ya hay deberían ser más ecológicos. Suscribe este argumento Lluís Puerto, mánager técnico de la Fundació RACC. "La movilidad privada no llega al 18%, así que el reto está en lograr un parque de vehículos más limpio. Tenemos un porcentaje de desplazamientos en coche propio muy inferior a muchas ciudades europeas".

SALUD PÚBLICA

Adrià Gomila, director de Movilidad del ayuntamiento, considera que por motivos "de salud pública está claro que hay que reducir el número de desplazamientos en vehículo privado", y cita el plan de nuevos carriles bici impulsado por el gobierno de Ada Colau y la extensión de la red ortogonal de autobuses, que ya tiene en funcionamiento 16 de las 28 líneas previstas. Según los expertos, si Barcelona cumpliera los valores mínimos de contaminación, se podrían salvar cada año unas 1.500 vidas en la ciudad. 

Las cifras recogidas en el anuario de movilidad invitan a pensar que el plan no podrá cumplirse. Se redactó en un momento en el que la circulación, gracias y por culpa de la crisis, registraba los números más bajos de la década. Invitaba a pensar que aquello se podía mantener, pero con la leve recuperación económica, el tráfico ha vuelto a crecer. La previsión, al margen de ese 21% de reducción de desplazamientos en vehículo privado, es que, entre el 2011 y el 2018, el transporte público crezca un 3,5%; la bici un 67%, y los movimientos a pie un 10%. Esa es la meta, pero entre el 2011 y el 2014, el transporte público cayó un 3,1%, los desplazamientos en coche o moto descendieron un 2,6% y los que van a pie fueron un 0,1% menos. Mucho tendrá que esprintar la ciudad para alcanzar ese hito. 

Apuesta por la red ortogonal de bus -invento de la era socialista puesto en marcha en tiempos de CiU- e instalación de 200 kilómetros de carriles bici que arrebatarán espacio al vehículo privado. Con la vista puesta en esa meta de intentar reducir los desplazamientos en coche y moto habría que añadir, en caso de prosperar, que parece complicado, la unión del tranvía por la Diagonal, así como la reforma de Glòries y cualquier otra transformación urbanística destinada a cambiar la morfología de Barcelona, una ciudad, por ahora, ideada para los coches.