09 ago 2020

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La bachillera mallorquina

Roser Amills publica 'La bachillera', su segunda novela en menos de un año, centrada en una refugiada de la revolución francesa en Mallorca

RAMÓN DE ESPAÑA / BARCELONA

Roser Amills, en un patio de la librería La Central.

Roser Amills, en un patio de la librería La Central. / FERRAN NADEU

Todo el mundo conoce a Roser Amills, o esa es la impresión que sacas cada vez que su nombre aparece en una conversación y todos aseguran habérsela cruzado alguna vez, haber leído alguno de sus más de veinte libros publicados, haberla visto por la tele u oído por la radio, haber leído alguno de los miles de artículos que ha publicado en la prensa desde que abandonó su Algaida natal para instalarse en Barcelona o, por lo menos, haber disfrutado de esas fotos suyas que cuelga en las redes sociales y que, bajo el título de 'amillswc', constituyen un peculiar 'work in progress' sobre sí misma, consistente en fotografiarse en bragas (o con el culo al aire, que es muy mono, por cierto) en los baños de algún bar, restaurante u hotel.

A veces, esta inofensiva muestra de exhibicionismo creativo le ha causado algunas críticas -y no me refiero a las burradas que los fans más primarios cuelgan a veces en Facebook-, como las de 'Directe.cat', diario independentista dado al cotilleo patriótico que últimamente recurría al trasero de Amills para tomarla con su novio, mi viejo amigo Víctor Amela, porque le consideraban un catalán de conveniencia y no les parecía nada bien que hubiera ganado el Ramon Llull. Teniendo en cuenta que, previamente, ya habían lanzado el bulo de que Félix de Azúa se había exiliado a Madrid huyendo de un lío de faldas, parece evidente que la catadura moral de 'Directe.cat' deja mucho que desear. Félix ni se dio por aludido, pero Roser les envió un comentario educadísimo que todavía les hacía parecer peores de lo que eran: ¡bien por ella!

COSECHA DEL 74

Lo dicho: todo el mundo conoce a Roser Amills, mallorquina de la cosecha del 74, y a casi todos les cae bien porque es una persona encantadora que cuando dice que se alegra de verte, resulta hasta verosímil. Por eso, supongo, la librería La Central de la calle Mallorca registró el pasado miércoles un lleno hasta la bandera para celebrar la aparición de su nueva novela, 'La bachillera', que llega menos de un año después de la anterior, 'El ecuador de Ulises', que giraba en torno a la época, a finales de los cincuenta, en que Errol Flynn amarró su yate en la bahía de Palma y, como no podía ser de otra forma, dado el gusto por los excesos del actor, se hizo notar. El tema había rondado previamente por la cabeza de otros autores baleares, como José Carlos Llop Eduardo Jordá, quien publicó en 1987 un librito al respecto, 'El cielo de septiembre', con unas estupendas ilustraciones de nuestro común amigo Pere Joan. Pero la novela de Roser iba más al fondo del asunto. 

En esta ciudad cuesta lo suyo encontrar a alguien que nunca se haya cruzado con Roser o, por lo menos, no hay oído hablar de ella

Nuestra amiga tenía, además, el 'look' ideal para hablar de Errol Flynn. Cada vez que la veo pienso que parece, al mismo tiempo, un personaje de dibujos animados y una modelo de lencería sadomaso de los años 50, de aquellas cuyas fotos se vendían en la trastienda de determinadas librerías. O sea, una síntesis muy lograda de Betty Boop y Bettie Page. Ahora, sin cambiar un ápice su presencia física, ha pasado de Errol Flynn a Leonor, de los turistas alcoholizados de Hollywood a los refugiados de la revolución francesa renuentes a la guillotina y del siglo XX al XVIII. 

DEFENSORA DE LA PROMISCUIDAD

Seguimos en ese punto de vista tan balear del que recibe visitas en vez de hacerlas -no me extrañaría que la autora elucubrase algún día sobre la presencia de George Sand y Frederic Chopin en las islas, como ya hizo hace años el difunto Jaime Camino en su película 'Un invierno en Mallorca', dignísima obra enriquecida por la aparición de Román Gubern vestido de cura-, pero el foco está puesto en el contraste entre la tal Leonor, de probable origen judío e intensas preocupaciones intelectuales, y la sociedad, atrasada y cerril, que la acoge de mala manera y no tarda en rebautizarla como 'la Bachillera' de manera despectiva, ya que, según comentó la propia Roser durante la presentación, en aquella época y entorno, una mujer que leía libros estaba muy mal vista, se daba por hecho que se metía donde no la llamaban y se la tildaba sarcásticamente de bachillera porque sonaba mejor que puta, que era la palabra que a todos los rústicos les rondaba por la cabeza. Evidentemente, los intentos de la pobre Leonor por desasnar a las niñas de la localidad y ayudarlas a pensar por su cuenta no la convertirán en un personaje especialmente querido en la Mallorca de la época.

Para animar a los que la conocen por sus libros sobre sexo y sus fotos en la red, Roser aseguró que 'La bachillera' rebosa pasión y que ella, personalmente, es una firme defensora de la promiscuidad. Y lo dijo como lo dice siempre todo, con una sonrisa de palmo y medio y la habitual expresión de yo-he-venido-a-este-mundo-a-llevarme-bien-con-la-gente.

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