L'Hospitalet se sale, compadre

El grupo Rosa Rosario, los reyes de La Torrassa, anuncia disco nuevo: 'En la casa'

’Rosa Rosario’ interpreta un fragmento de su nuevo tema ’En la Casa’, para EL PERIÓDICO. / FERRAN NADEU

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OLGA MERINO / BARCELONA

Si Barcelona fuera Nueva York -es un poner-, tal vez L’Hospitalet sería el sur del Bronx, el distrito donde nació la cultura del hip-hop en los primeros años 70 con unas fiestuquis de padre y señor mío. Saraos donde el rap era el aullido de la calle, el vehículo para canalizar el malestar de los barrios pobres. Sangre latina y negra apiñada en el gueto. Resiste o revienta, "We doin it nigga, We doin it", como canta el dúo M.O.P. Las rimas que escribe Rosa Rosario, los reyes de La Torrassa, se entienden bastante mejor.

La cita es con ellos, con los chavales que componen el trío -Chaca, Mr. Pegh y DJ Rona- y con su productor musical, Dive Dibosso, en una vieja nave industrial del barrio, un inmenso taller que al parecer se conocía en tiempos como la fábrica de crack. Circunda la nave el típico paisaje de extrarradio: la vía del tren, muros de hormigón decorados con grafitis, la luz amarilla de algún foco solitario y el edificio del tanatorio, donde los vecinos ni se quejan ni molestan.

La habitación donde ensaya el grupo bulle de expectación en la tarde del miércoles porque acaba de llegar el máster con el disco que Rosa Rosario se dispone a lanzar el próximo 19 de febrero con el sello Mad 91. Un segundo trabajo discográfico titulado 'En la casa' para celebrar que el trío lleva una década 'in da house'; o sea, en la pomada. “¡Hospitalet se sale, compadre! Aquí no preguntes / porque nadie sabe”, dice la canción que da nombre al álbum.

Preside la salita un póster del combate en que Mohamed Ali tumbó a su archirrival Joe Frazier con un nocaut en el 14º asalto. Un combate dramático, celebrado en Manila en 1975, que a buen seguro ha escogido Chaca (Isaac Real) como decoración, porque es boxeador profesional y de los buenos, con varios títulos en su haber. Un tipo duro, carismático y guapetón el Chaca. Se toma un batido de proteínas mientras dura la charla.

Rosa Rosario ha tardado seis años en grabar un elepé desde el anterior, pero todo tiene una explicación: los tres chicos que lo componen no son un producto de márketing ni de la operación triunfo de turno, sino gente de verdad, de la que debe ganarse las lentejas de alguna 'motherfucking' manera. Chaca, vecino de La Torrassa, lo hace con sus combates y como entrenador personal en los gimnasios DiR; Mr. Pegh, del barrio de Sant Josep, en una fábrica; y DJ Rona (José Morera), de Collblanc, está de momento “en el alambre”. ¿Que por qué Rosa Rosario? Porque así se llaman las madres que los parieron, dos Rosarios y una Rosa cuyos nombres llevan tatuados.

PELEAS Y MADRUGONES

Por eso, porque son auténticos, transportan a sus canciones la realidad que han mamado en el barrio: las peleas de bandas, los madrugones de los currantes para llegar a fin de mes, las quedadas en la plaza, los 50 kilos para un piso… “De nuestros amigos, muchos están en la calle, otros en la cárcel y otros tantos en el cementerio”, explica Chaca sobre el entorno que los vio crecer en un tiempo, por fortuna superado, en que el caballo hacía estragos en la generación precedente, la de sus hermanos mayores. A pesar de los pesares, de ahí no los mueven: 'barrio power' a tope. Se conocieron en la primera adolescencia pintando grafitis en los trenes.

El trío rapero  vuelca en sus rimas la realidad que ha mamado en el barrio

Mientras hablamos de esto y de lo otro, de cómo ha cambiado la zona y de los bolos que se avecinan, Mr. Pegh abre la nevera y agasaja a la visitas con un Actimel caducado. Nos reímos bastante con la anécdota, pero declinamos la invitación no por la fecha del envase (13 de diciembre), sino porque la hora viene siendo más de cañas que de yogures.

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Ya es casi de noche, y DJ Rona, el hombre de los platos y el scratching, se ofrece a acercarnos hasta la boca del metro en su coche, un taxi de segunda mano todavía con el culo amarillo: ha pintado las puertas con un espray negro, pero no le llegan los monises para que el chapista le afine el trabajo.

Chavales auténticos como la vida misma, como las rimas que mezclan.