06 abr 2020

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EN BCN Y OTROS MUNICIPIOS

Macrooperación de los Mossos contra la droga en la Mina

Redada con cifras récord: 1.300 agentes, 71 registros en 14 municipios y 83 detenidos

Guillem Sànchez

Furgonetas de los Mossos d’Esquadra en La Mina, esta madrugada. / GUILLEM SÁNCHEZ

Furgonetas de los Mossos d’Esquadra en La Mina, esta madrugada.
La redada antidroga en el barrio de La Mina se ha saldado con varias detenciones

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Los Mossos d’Esquadra han activado de madrugada una macrorredada contra dos grupos de traficantes, con centro de operaciones en el barrio de la Mina (Barcelona), que habían coordinado una malla de pequeños camellos de marihuanacocaína heroína distribuidos por 14 municipios catalanes.

Un dispositivo mastodóntico que ha irrumpido en 71 domicilios para sorprender acostadas a 83 personas, que se han despertado con una tromba policial que entraba sin llamar. Jamás se habían realizado tantos registros simultáneos.

El 15 de noviembre de 2013 hubo otra macrooperación antidroga en la Mina, destacada por el entonces 'conseller'  de Interior, Ramon Espadaler, como la más grande desplegada por motivos de salud pública.

Aquella contó con más de 300 policías y, cuando el vecindario despertó, se desencadenaron enfrentamientos entre familiares de los detenidos, los Mossos y los periodistas gráficos que acudieron a cubrir la redada. La de hoy ha tejido una red de 1.300 mossos que han trabajado contrarreloj porque sabían que el desembarco policial podía levantar un polvorín. Cuando asomaban los primeros rayos de luz, el operativo ya estaba recogiendo para poner rumbo al complejo Egara, sede de los Mossos. Por eso también ha arrancado más pronto, a las cuatro de la mañana. No ha habido ningún disturbio.

El actual conseller de Interior, Jordi Jané, ha defendido el éxito del operativo porque las entradas han permitido recoger “pruebas” que atestiguan el mercadeo de drogas en la mayoría de pisos. Algunos de estos no eran residencias, eran espacios que servían únicamente para el trapicheo. Se han decomisado bolsas de sustancias estupefacientes, 60.000 euros y algunas pistolas y escopetas.

UN AÑO INVESTIGANDO

La red lanzada sobre estos pequeños traficantes se diseñó hace un año. Entonces dos equipos de investigación, el de Badalona y el de Sant Martí, en Barcelona, pusieron en común sus avances y descubrieron que la actividad criminal de sus sospechosos se entrelazaba. La operación 'Picapedra' y la 'Titan' se fundieron en una sola.

La suma de las pesquisas arrojó un mapa de residencias de camellos que viven en Barcelona, Badalona, Barberà del Vallès, Sant Adrià del Besòs, El Prat, L'Hospitalet, Igualada, la Llagosta, Tarragona, Palau Solità, Ripollet, Sant Boi, Vacarisses y Viladecans.

Los lideraban dos grupos criminales organizados afincados en la Mina, la diana principal del operativo de los Mossos. Precisamente sobre uno de estos dos clanes ya recayó el golpe del 2013.

"LA MINA YA NO ES LA MINA"

La batida ha sido a oscuras. Cuando ya no quedaba ningún rastro policial logotipado, el tío de una chica de 18 años arrestada, apoyado contra una pared soleada, clavaba la mirada a todos los coches de ·"secretas" que circulaban por su calle. “¿Se creen que no los reconocemos? Ni la Mina es ya la Mina ni los secretas son ya secretas”, maldecía.

“Antes te acuchillaban o te metían un tiro por nada”, asegura. Pero ahora la cosa “está tranquila”, el vecindario se ha pacificado y el menudeo “lo hacen en casa, sin molestar”, asegura. La competencia por los trabajos poco cualificados se ha recrudecido tras los flujos de “la inmigración”. Por eso la venta minorista de marihuana o cocaína “se ha convertido en una salida”, añade, mientras le resta gravedad al asunto.

Jané ha hecho todo lo contrario y ha señalado a estos traficantes modestos como los proveedores de los consumidores más jóvenes. “Hacen mucho daño”, ha asegurado.

El dispositivo, que ha unido casi todos los grupos especiales de los Mossos –GEI, Brimo, canina, medios aéreos o antidisturbios, entre otros–, se ha activado para aliviar la presión vecinal de la zona, acentuada tras un homicidio cometido en el barrio del Besòs hace dos semanas por dos hombres investigados en esta trama.

Además, ha explicado el 'conseller', se ha mandado un "mensaje directo" a todos los pequeños camellos que se habían convencido de que la policía tenía tareas más importantes que perseguir el menudeo. Hasta hoy.  

LOS VECINOS TENÍAN RAZÓN

Hace dos semanas, el 9 de noviembre, un joven de 31 años murió acuchillado en Sant Adrià de Besòs. Ocurrió tras una protesta vecinal contra pisos ocupados.

La de aquel día fue la quinta manifestación. Estos vecinos, desesperados, acordaron salir cada lunes a las siete y media de la tarde. El recorrido marcaba una parada frente a cada uno de los siete domicilios ocupados. Ante cada puerta abucheo y cacerolada. «No es que no paguen los gastos de la comunidad, es que la destrozan. Revientan la puerta principal, venden las ventanas de aluminio, desguazan motos y bicicletas en la portería, escupen en la pared», contaba uno de ellos a este diario.

La Asociación de Vecinos del Besòs, impulsora de la protesta, remarcaba que además del problema de convivencia generado, estas ocupaciones también servían para traficar con drogas. “Para venderla o para consumirla sin contemplaciones en el rellano”. Así lo denuncian todavía algunas pancartas colgadas en los balcones.

El pasado 9 de noviembre, la cacerolada montada en el número 3 de la calle Berenguer terminó en una trifulca entre manifestantes y dos de estos allanadores, que incluso amenazaron a una anciana “con cortarle el cuello”. Los Mossos mediaron para sofocarlos. Poco después, cuando la protesta ya se disolvía a escasos metros, los ocupas se enzarzaron en una discusión con un cliente del Bar Porras. Le clavaron un cuchillo y lo persiguieron hasta que cayó al suelo, para rematarlo. Era padre de un niño de 7 años y marido de una mujer embarazada.   

En la operación de esta madrugada, uno de los 71 domicilios registrados ha sido el que ocupaban los dos detenidos por este crimen.

Aunque esta casa “ya estaba vacía”, tal como aclara el camarero del bar Porras, 15 días después de que se consumara la tragedia se ha demostrado que los vecinos del Besòs tenían razón. En este piso ocupado se traficaba con drogas.