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LO QUE LA VIDA NOS CUENTA

Un espacio para pensar

Joan Barril

La ciudad no son solo sus fachadas. Para conocerla hay que entrar dentro. Dentro de los barrios, de las calles estrechas, de los escaparates desconocidos. Entre las dos calles de Sant Pere hay una calle perpendicular que los une. Se trata de la calle de Mònec, un lugar donde no pasaría ni el más pequeño de los camiones de bomberos. El barrio de Sant Pere se está animando. Los sacos con cascotes indican una reforma de los antiguos locales y una especialización creciente. En Mònec 17 me sorprendo entrando en una sala de exposiciones, nada que ver con las pinturas bienpensantes de la calle de Petritxol. En Mònec hay una galería llamada Anaglifos, Art Factory que en realidad es un ateneo. De sus paredes cuelgan cuadros inquietantes y en su interior salas y más salas donde se entremezclan el teatro, la conversación o la fotografía. Al frente de ese pequeño tesoro de cultura se encuentra Pep Duran, un hombre de cabeza perfecta y barba de náufrago que me presenta a los artistas de la exposición Propter Nuptias, dos artistas que bajo el seudónimo de Miroir Noir esconden a Rai Escalé y a Milos Koptak. Abstenerse aquellos que aspiran a contraer matrimonio en breve. Pero déjense llevar por esas imágenes que dicen mucho más de lo que se ve.

Propter Nuptias  es una reflexión sobre la institución matrimonial. «El matrimonio es una gran institución. Sobre todo si te gusta vivir en una institución», decía Groucho Marx. Y en esas paredes llenas de motivos nupciales se ven las parejas cadavéricas después que la institución se haya derruido. Nietzsche advertía que «la edad de casarse llega mucho antes que la edad de amarse». En esos retratos se intuye la verdadera naturaleza de la silueta humana cuando decide compartirse con otra silueta humana. En esas miradas huecas hay que buscar un paso para entrar en los pensamientos de los modelos. En realidad esos ojos nos miran y nos impiden la fuga. Podría parecer que Anaglifos y su partner pictórico Eat Meat han abierto en la calle de Mònec una especie de pasaje del terror que acongoja a los visitantes. Una lectura humilde debería hacernos pensar en la decrepitud de nuestra vida y en la fragilidad de los sentimientos. Recuerdo que un día el fotógrafo Català-Roca me dijo el motivo por el que los novios llevaban un traje negro y las novias iban de blanco. Simplemente, porque la fotografía en color no existía, y los marrones del novio o los beiges de la novia se habían convertido en blanco y negro para siempre.

En Propter Nuptias no se puede levantar una copa de cava al grito de «¡Vivan los novios!» Los novios de Miroir Noir no están muertos, pero nos buscan para depositar en nuestro interior las dudas del arte. Ante esas obras no busquen la perfección del trazo, sino la pregunta de nuestra propia vida. Entre la mirada de la pared y la nuestra hay un espacio de duda: ¿Realmente seré así? ¿Qué se ha hecho de aquellas flores? Lo decía con su pluma de berbiquí un misógino como Oscar Wilde: «La mejor base para un matrimonio feliz es la mutua incomprensión».

Salgo a la calle de Mònec y la vida me acoge. Compro una naranja en un paqui y me siento en un banco. Cuando llego a la mitad la tiro a la papelera y me voy caminando entre campanadas catedralicias. Es mediodía y la soledad es una fiesta.