Resultados del estudio independiente encargado desde el consistorio

Un informe de la UB plantea doblar los festivos con comercio

El ayuntamiento dejará que el sector decida pero rechaza establecer zonas turísticas

Descarta abrir todos los domingos para no perjudicar a las tiendas de proximidad

En Cucurulla 3 Zapatería concurrida, en Barna Centre, por la mañana.

En Cucurulla 3 Zapatería concurrida, en Barna Centre, por la mañana. / ALBERT BERTRAN

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PATRICIA CASTÁN
BARCELONA

muchos meses de debate y de toma y daca entre las asociaciones de comercio de las zonas más turísticas de Barcelona -partidarias de ampliar horarios de venta- y los ejes de barrio aglutinados en la Fundació Barcelona Comerç -contrarios a abrir más- parecían a punto de tocar a su fin con el esperado estudio de impacto económico que debía esclarecer qué conviene más a la capital catalana. Pero el denso informe elaborado de forma independiente por expertos en Economía de la Universitat de Barcelona (UB), a petición del ayuntamiento, da algunas recetas sobre cómo debe evolucionar el comercio en la ciudad, sin que de momento nadie se atreva a prescribirlas formalmente. La conclusión más relevante es que un «aumento medio» del número de domingos y festivos con tiendas abiertas, cifrado entre 8 y 10 (a sumar a los 8 actuales) tendría efectos positivos en la facturación y ocupación del sector en la capital catalana, siempre y cuando se hicieran en fechas estratégicas, con especial llegada de visitantes.

«Parece razonable acercar de manera progresiva a Barcelona a otras ciudades como Londres, París o Nueva York para potenciar al máximo su atractivo como ciudad de compras», se destaca en el documento.

VIABLE / La teniente de alcalde responsable de  Economía, Empresa y Ocupación, Sònia Recasens, dejó claro ayer que aunque el dato demuestra la viabilidad de dilatar la semana comercial, «es una herramienta» para que sea el sector quien decida. Y el acercamiento no se prevé rápido, a tenor de que las recomendaciones se quedan cortas para algunos y solo son válidas con muchas precauciones para otros. El ayuntamiento insiste en la teoría del consenso y solo llevará adelante la ampliación si las dos partes acercan posiciones.

En lo que sí movió ficha ayer Recasens fue en descartar la conveniencia de crear zonas específicas de apertura, en base a su afluencia turística. Su razonamiento es lógico: si Barcelona está tratando de descentralizar el fenómeno turístico y llevarlo a todos los distritos, no tiene sentido que solo las tiendas del centro estiren sus jornadas. De igual modo, instó a racionalizar las horas de apertura de esos festivos, según la estacionalidad. A su juicio, tendría poco sentido abrir un domingo por la mañana, cuando el turista está en la playa o aún descansa.

El pormenorizado informe del Laboratorio de Transferencia Económica Aplicada de la UB, cuyo equipo  ha dirigido Jordi Suriñach, ha centrado de hecho el informe en el incremento de aperturas a escala de toda la ciudad. Metodológicamente, carecían de datos de partida para comparar y delimitar zonas turísticas según facturación y superficie, adujeron. Centrados en ver cómo afectaría al comercio minorista un modelo más liberal, establecieron distintas opciones para tratar de predecir su evolución. Por un lado se distinguen el comercio de proximidad (tradicional) y el de no proximidad (medio y grande, omnipresente en el centro de la ciudad); por otro se considera la tendencia económica general, así como los supuestos de abrir un número moderado de festivos (de 2 a 4), medio (de 8 a 10) y elevado (de 22 a 50), entre otros condicionantes.

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HÁBITOS // Estudios publicados en otros países y entrevistas sectoriales han permitido, explicó Suriñach, prever aumentos o descensos de facturación y ocupación. El equipo concluye que el resultado más equilibrado lo sugiere una apertura media, donde Barcelona abriría hasta 10 festivos más al año, con un saldo de hasta 98 millones de euros más de facturación de 419 empleos más, sin perjuicio para el comercio tradicional. Esto se debe que en este escenario aumentarían las ventas y no se llegarían a modificar los hábitos de los barceloneses sobre variar sus zonas y días de compra, sino que la delimitación de los festivos se pactaría en función de grandes ferias, citas deportivas o desembarcos turísticos estivales.

Curiosamente, si la opción prosperase, la cifra sería cercana a los 16 máximos fijados por el Gobierno en un decreto ley del 2012 y que Generalitat y ayuntamiento rechazan por invasión de competencias.