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CAMBIO DE USO EN UN CÉNTRICO EDIFICIO

La antigua sede de Banca Catalana renacerá en primavera como hotel

El establecimiento abrirá a la ciudad su espectacular entresuelo, con grandes vigas, y una terraza de 330º

En la reforma del edificio del paseo de Gràcia, una joya racionalista, se invertirán 10 millones de euros

XABIER BARRENA
BARCELONA

No hace tanto, cuando las tiendas de lujo eran escasas y exclusivamente cercanas al Turó Park, el paseo de Gràcia era el lugar donde había que estar para el poder financiero. Hasta los 90, las grandes corporaciones bancarias tenían allí su sede. Eran edificios severos y rotundos que buscaban cierto neoclasicismo en el lenguaje, lo más parecido a un ministerio de la época. En 1968, sin embargo, abrió sus puertas un edificio que revolucionó esa idea de banco-monolito. La sede de Banca Catalana, ese sueño de cierta burguesía catalanista que acabó como acabó, se convirtió en una bocanada de aire fresco, una apuesta por lo tecnológico. Se trata de una pequeña joya que hasta ahora, traspasada ya la entidad que le dio nombre y casi en desuso el edificio de oficinas, renacerá en la próxima primavera como hotel tras la reforma que han proyectado los arquitectos Ramon Andreu y Núria Canyelles. Ello permitirá abrir a la ciudad dos espacios singulares de la construcción. El entresuelo y la cubierta.

El edificio que firmaron los arquitectos Josep Maria Fargas y Enric Tous esta diseñado, en planta, sobre un módulo de 83,3 centímetros. Como si fuera papel pautado con cuadrados de esa longitud, los arquitectos fueron disponiendo el programa propio del banco. ¿Por qué 83,3 centímetros? Es la tercera parte de 2,5 metros. La altura libre entre suelo y techo en cada piso. Todo estudiado.

De la lógica sucesión de pilares dispuestos en las plantas superiores, siempre encajadas en el esquema modular, aparecen solo tres en la planta baja. Uno de ellos, originalmente pintado de rojo, simbolizaba el pal de paller que debía representar Banca Catalana para el país. ¿Cómo es eso posible?

Planta entresuelo

El peso que sustentan los pilares de las nueve plantas superiores se descarga en el entresuelo sobre unas grandes vigas encaballadas. Estas, a su vez, redistribuyen de nuevo a los exiguos pilares en planta baja. Este entresuelo con las grandes vigas encaballadas fue utilizado como almacén. En primavera, cuando el nuevo hotel abra sus puertas, será un bar espectacular.

Uno de los problemas con los que se ha topado el despacho de Andreu y Canyelles es que la característica fachada del edificio no es practicable. Es decir, no tiene ventanas. Algo imprescindible para que el edificio pueda tener un uso de hotel o, si se hubiera querido, de vivienda.

La solución ha venido, señala Ramon Andreu, «de la propia estructura en malla». Los arquitectos han creado una segunda fachada, transparente. Y obviamente practicable. Esta segunda fachada se distancia de la que da a la calle los preceptivos 83,3 centímetros del módulo. Ese era el espacio que los muy tecnológicos Tous y Fargas habían dejado para que corriera una cortina de aire que refrigeraba el edificio. Ahora por ese espacio, que en el fondo permite ventilar las habitaciones, también pasará aire, pero de manera natural, el que entrará por la planta de cubierta y saldrá por la planta baja a través de una chapa microperforada. Esta pared transparente permitirá que, desde la habitación, se vea la fachada a la calle, pero desde el otro lado, es decir, el reverso, como si fuera una escultura.

Justamente a nivel de calle, las novedades de la reforma serán dos. Se avanzará la fachada de cristal, la que hoy ocupa una entidad bancaria, y se demolerá el feo escalón que da a la acera.

La otra golosina que el edificio mostrará al gran público es su planta cubierta. Si habitualmente las terrazas del Eixample son espacios residuales más o menos adecentados, aquí la ortogonalidad racionalista, vía su forma cuadrada, permitirá un espacio limpio sin obstáculos, con una vista de 330º, que permite ver desde el hotel Vela hasta la Sagrada Família.

El edificio es propiedad desde los 90 de la patrimonial Parje, que es la que promueve el hotel. Actualmente, esta empresa ya opera el hotel Rally, de la Rambla, y el restaurante anexo, La Poma.

Ocho meses de obras

El coste de la reforma, que la unión temporal de empresas Copisa-Gerin empezará en breve y se prevé que dure unos ocho meses, es de 10 millones de euros.El establecimiento hotelero contará con 124 habitaciones. EL interiorismo corre a cargo de los mismos arquitectos y del diseñador Ángel Verdú.

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