13 ago 2020

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a pie de calle

El tren alumbró y mató al puente

Edwin Winkels

Casi ni hace falta preguntar a las mujeres y hombres de cierta edad que cruzan a unos 10 metros de altura las vías de tren entre la Sagrera y la Verneda cuántas veces en su vida pisaron el Pont del Treball Digne, aunque es mejor nombrarlo por el nombre, en castellano y más corto, con el que prácticamente todo el mundo en estos barrios lo conoce: el Puente del Trabajo. Lo de Digne lo añadieron hace bien poco, en el 2008, a petición de los sindicatos. E incluso los vecinos catalanoparlantes lo llaman casi siempre por su nombre en castellano. Si desde 1921 fue el Puente del Trabajo, pues siempre lo será, aunque a partir de ahora solo en la memoria. Porque también todos esos transeúntes se quedan un momento mirando, desde un puente nuevo, 100 metros más al norte, cómo la piqueta está acabando con ese recuerdo, con poco más de 90 años de historia.

¿Y esa respuesta a la pregunta, de cuántas veces lo cruzaron? «Uff, ni recuerdo ya». Dos veces al día, cada día. Algunos cuatro, o más. A pie. El Puente del Trabajo siempre fue más de peatones que de vehículos, pese a tener cuatro carriles. Tenía las aceras bastante amplias, más anchas que el nuevo puente que han colocado ahora en su lugar. Y una barandilla relativamente baja, de poco más de un metro, que permitía apoyarse en ella y ver los trenes pasar y el paisaje transformarse, sobre todo hacia el sur, hacia el centro de la ciudad, donde primero, en 1987, se erigió un puente competidor, el de Calatrava a la altura de Bac de Roda, y después comenzó a verse por el horizonte la torre Agbar. Ahora, la zona lleva ya años en transformación, lo que también ha acabado con los restos romanos que se hallaron justo debajo del Pont del Treball Digne.

Fueron los trenes los que provocaron el nacimiento de este puente, y son los trenes los que lo han matado. Cuando a principios del siglo pasado se comenzaba a ampliar la red ferroviaria desde Barcelona hacia el norte, con nuevas estaciones como las del Clot, Sant Andreu y la Sagrera, y se acumulaban demasiadas vías para hacer pasos a nivel, había que construir puentes para salvar no solo esas vías, sino también las aguas del viejo Rec Comtal. En realidad, esta entrada del tren desde el norte fue como una inmensa riera mixta de agua y vías férreas, acompañadas hasta hace apenas 30 años por la interminable hilera de chabolas de la Perona. Allá, entre la ronda de Sant Martí y la vía del tren, vivían en 1980 aún 380 familias con una media de ocho hijos por matrimonio.

Barrio muy popular

3 El Puente del Trabajo se construyó en 1921 para facilitar a los trabajadores pasar de sus pisos en un lado a las grandes fábricas al otro, de Sant Andreu a Sant Martí, o al revés. Ahora, los nuevos trenes de Alta Velocidad, han obligado a finiquitar el histórico puente entre barrios obreros, un puente muy acorde sobre todo con los pisos de la Verneda, los altos bloques del Grupo Juan Antonio Parera, construidos en 1956 por la Obra Sindical del Hogar. Ahí, además de 1637 viviendas se construyeron en los bajos más de 200 locales comerciales, lo que aun ahora sigue dando una imagen muy dinámica y popular al barrio. Es impresionante, sobre todo, el número de bares y restaurantes. En el otro lado, entorno a la calle de la Sagrera, ya queda poco de otros tiempos. Hay una mezcla de bloques nuevos y provisionalidad, con fábricas y casas abandonadas a la espera de la nueva estación.