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a pie de calle

Una fuente digna de la bailaora

Edwin Winkels

Pues sí, ha mejorado, y mucho, el rincón que Barcelona le dedica a Carmen Amaya. Y no lo han reformado -las obras acabaron este mes- porque comienza esta noche en el Coliseum el festival de flamenco que lleva el nombre de la bailaora barcelonesa, la habitante más ilustre de las chabolas del Somorrostro. Casi nunca fue un lugar muy agradable para descubrir, esta oscura placeta de Brugada, un cul de sac apestoso e inhóspito en la Barceloneta, indigno para tener ahí un recuerdo de Carmen Amaya, una fuente con un frontal con cinco niños que parecen angelitos, dos tocando la guitarra, los otros tres bailando en la típica postura flamenca, obra del escultor Rafael Solanic Balius.

La fuente la inauguró la propia bailaora el 16 de febrero de 1959, justo al lado del Somorrostro. Pero con el paso del tiempo, el olvido y la degradación se apropiaron del lugar, sobre todo desde que se construyó el posolímpico paseo Marítim, que en realidad fue un muro de tres metros de altura que, de golpe, se intercaló entre esta parte de la Barceloneta y la playa. La propia Amaya no lo vio; ya había muerto mucho antes, enferma, en octubre de 1963.

Una calle sin pisos

3 Nada indicaba que esa fuente fue erigida en honor de la mítica bailaora, La Capitana en sus primeros años. La placeta, invadida por los coches de un taller ya desaparecido, ni siquiera llevaba su nombre, sino el de Joan Brugada, un buen hombre que regaló con su muerte en 1908 todos sus bienes a la ciudad para construir escuelas. Carmen Amaya solo tiene desde 1993 una calle al lado del cementerio de Poblenou, una calle que antes se llamaba Camino detrás del Cementerio Viejo; es una calle sin casas ni pisos, una calle con solo un número, el 2 del colegio Vila Olímpica. Enfrente, solo está el muro del camposanto, donde ella ni siquiera está enterrada; Carmen descansa para siempre en su pequeño paraíso de Begur.

Pero su fuente, al menos, ya es digna de mención y visita. En el 2003, formaba parte de un concurso del Foment de les Arts Decoratives (FAD) para recuperar rincones públicos, aunque no ha sido ninguna de las tres ideas ganadoras la que se ha aplicado para aligerar este espacio, abrirlo un poco más al mar, eliminando el viejo muro, colocando una rampa para mejorar la accesibilidad y, menos mal, inscribiendo su nombre a gran tamaño al lado de la fuente, para que todo el mundo sepa por qué esos angelitos bailan allí.

Poco más queda de las huellas de la hija de El Chino en Barcelona. Dicen los del Tablao de Carmen, que organiza el festival, que su Patio Cordobés, en el Poble Espanyol, está justo donde ella bailó en 1929 ante el rey Alfonso XIII. Para respirar algo del espíritu de la bailaora hay que ir al viejo «triángulo de oro» del flamenco, en Drassanes, donde permanece en la calle Montserrat, desde 1902, El Cangrejo Flamenco, aunque el adjetivo jondo se cayó hace tiempo del nombre del local.

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